‘Birdman’, creación y destrucción

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Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts

Con motivo del estreno, hace dos años, de Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), dije yo en mi columna que, aunque el cine se encuentra en vergonzosa inferioridad frente a otras artes, aunque a veces tardamos en ver grandes películas, siguen apareciendo hitos del cine. Y ahora llega el gran compadre de Cuarón, el tremebundo Alejandro González Iñárritu, y nos regala otro. Un filme libérrimo y sorprendente, atroz y divertidísimo, que no da tregua ni descanso al espectador y que elude de forma consciente cualquier línea de menor resistencia para convertirse en algo verdaderamente único.

El mexicano Iñárritu irrumpió en el cine mundial con la tremebunda Amores perros (2000), que le dio justa fama internacional y nos dejó a todos conmocionados, malheridos emocional y psicológicamente, y maravillados porque habíamos asistido al nacimiento de un talento excepcional, de esos que aparecen cada demasiados años. Después, confirmó que ese talento no era producto de un azar, se fue a Estados Unidos y filmó la excepcional 21 gramos (2003), en la que volaban tres actores incomparables como Sean Penn, Benicio del Toro y, sobre todo, una alucinante Naomi Watts. Tres años después, dirigió la bella y lírica Babel (2006), y parecía que su estilo tremendista y trágico se había agotado en sí mismo, dejó de trabajar con Guillermo Arriaga y comenzó una búsqueda que pasó por la poco valorada Biutiful (2010) y que ahora encuentra una madurez absoluta y un cambio de rumbo evidente con esta magistral, compulsiva Birdman (2014).

Creo que Iñárritu es uno de los mejores directores de actores de los que hay noticia. Yo no sé muy bien cómo ha logrado tal maestría, pero me parece un hecho irrefutable. La verdad, la catarsis y el clímax que es capaz de sacar de ellos son literalmente asombrosos. En sus manos, excelentes intérpretes dan lo mejor de sí mismos como si fuera fácil, cuando en verdad se adivina un minucioso trabajo detrás y una gran lucha para alcanzar esta perfección. Si Naomi Watts estaba espectacular en 21 gramos y el grupo de actores japoneses en Babel lograba algunas de las secuencias más bellas del cine reciente, el equipo entero de Birdman debería estudiarse como ensamblaje de rostros y ‘casting’, como construcción de réplicas y contrarréplicas, tonos y contratonos, intensidades y vacíos. Y entre todos ellos, sin dejarse eclipsar por los rostros poderosos de Edward Norton, Naomi Watts, Emma Stone, Amy Ryan o Zach Galifianakis, brilla con luz propia y demoledora un Michael Keaton en estado de gracia, quizás en el papel de su vida.

Siempre he pensado que es un gran actor en la sombra, que casi nunca ha tenido la oportunidad de demostrar de lo que es capaz. Aquí él es el corazón y el alma de un relato esquizofrénico sobre un actor de taquillazos, ya en la madurez de su vida, que intenta ganar en prestigio y, sobre todo, en autoestima, produciendo, dirigiendo, escribiendo y protagonizando una representación teatral de Raymond Carver, pero que se enfrentará a multitud de problemas para poder llevarlo a cabo. Con este sencillo punto de partida, Iñárritu reflexiona sobre el arte y la creación, sobre el oficio de actor y sus divismos, sobre la redención y el perdón, sobre verdad, realidad y ficción. El atormentado Riggan Thomson (Keaton), que adolece de una increíble falta de autoestima, escucha en su interior la voz de Birdman, el personaje que le dio la fama (y tiene coña que sea Keaton quien lo interprete, pues dio vida a los dos Batman de Tim Burton), y se sentirá atraído por delirios de grandeza, que son llamadas a la autodestrucción y la infelicidad. Convertido en un despojo de sí mismo, este actor desequilibrado sin salida es uno de los más complejos personajes masculinos de los últimos años.

Iñárritu, con la complicidad del gran Emmanuel Lubezki (posiblemente el operador más completo de la actualidad), filma todas las secuencias con un solo plano, y a veces une varias con un solo corte, en un alarde técnico por el que deberían inventar el premio Oscar a Mejor Steady-Cam del año. Con la sensación de que todo es un fluir del desamparo y los egos, terminamos exhaustos con Birdman, pero agradecidos por asistir al gran cine, de nuevo, después de tanto tiempo sin catarlo.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

5 comentarios

  • Responder enero 23, 2015

    Ramón Álvarez

    A mí antes Iñarritú, con sus cuatro primeras películas, me parecía un pornógrafo barato del dolor humano, un narrador incompetente que montaba el orden de sus películas lanzando unos dados al aire, de recursos tramposos para epatar emocionalmente al espectador. Pero Birdman me ha parecido una genialidad, me ha encantado, por todas las razones que expones. Ahora tengo más ganas, si cabe, de ver ‘The revenant’, con Leonardo Dicaprio y, tachán, Tom Hardy, el mejor y más visceral actor surgido en los últimos años.

  • Responder enero 23, 2015

    Miguel

    Totalmente de acuerdo con esta crítica. Personalmente hasta ahora el cine de Iñárritu no me gustaba nada, no porque contuviese mal cine, sino por esas actitud de ser grande porque trata temas “serios”. Por eso me he visto muy gratamente sorprendido con esta, para mi gusto, estupenda “Birdman”, que no es que sea una cinta humilde precisamente pero que sí logra todo lo que se propone y consigue eso tan difícil de no dejar indiferente a nadie. Ya sea por los actores (grande Keaton) o por la asombrosa labor de fotografía (lo de Lubezki ya no tiene nombre) no pude apartar la vista de la pantalla un segundo.

  • Responder enero 26, 2015

    Pau

    Muy buena crítica. Concuerdo contigo en todo.
    Por cierto, has visto Mr Turner y La sal de la tierra? No te las pierdas, sobretodo la segunda. Que grandes verdades dice Salgado en el documental. Da para reflexionar mucho.
    PD: Si tenéis tiempo y ganas, leed este artículo que os adjunto comparando la fallida The imitation game con la muy interesante Mr Turner. Aquí.

  • […] pero no da la sensación de un trabajo detrás tan importante como el de Michael Keaton en Birdman (Alejandro Glez-Iñárritu, 2014). No hay verdad en su personaje, y lo que es peor, no nos importa. No interesan los desvelos de un […]

  • […] El otro día escribí sobre Alejandro González-Iñárritu y su magistral película Birdman (2014). Y ahora toca hablar de un buen amigo suyo, el famoso Guillermo del Toro, que no es un cineasta que me vuelva loco precisamente, pero que goza de cierto prestigio en el fantástico y el terror, y del que actualmente estamos viendo su serie The Strain, que merece la pena verse aunque sólo sea porque sus vampiros son los hijos de puta más terroríficos que hemos visto en bastante tiempo en una pantalla. […]

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