Assassin’s Creed, vive la Révolution!

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Ya he hablado unas cuantas veces de lo que pienso de los videojuegos, de sus limitaciones y méritos, y creo que sería interesante hablar de la última entrega de una de las sagas más famosas del mundo, producida por Ubisoft, y que todo el mundo conoce: Assassin’s Creed.

Desde que era un chiquillo, hablando de películas a todas horas, y de lo trascendental que es el cine y todo eso, para que algunos de mis amigos me avisaran, siempre muy serios, de que los videojuegos también son arte y que además son el arte del futuro, estoy metido en este debate muchas veces desagradecido y siempre absurdo, consistente en comparar ambos soportes narrativos, como si fueran en algún caso comparables o rivales. Si son rivales, es en captar la atención de las masas y en competir por beneficios económicos, y si son comparables, solamente en lo superficial de las formas visuales y sonoras. Nada más. Pero sí creo que el mundo audiovisual le debe mucho a las creaciones más importantes de los videojuegos, y que es muy estimulante, y casi necesario, defenderlas y analizarlas como se merecen.

Un gran título como por ejemplo The Last Of Us (Naughty Dog, 2013) o como Assassin’s Creed II (Ubisoft, 2009) tiene detrás a un enorme grupo de profesionales (diseñadores, guionistas, investigadores, artistas de voces y de movimiento, técnicos de sonido soberbio, fotógrafos…) que durante años, y con formidables financiaciones, levantan un proyecto que bien puede ser un fracaso y que, por su misma naturaleza comercial, muchas veces ven su labor ninguneada o incomprendida. El admirable trabajo de escenografía de un nivel de acción en un juego de gran categoría, las texturas, iluminaciones, colores, casi nunca será valorado en su justa medida porque, en la vorágine de la peripecia o aventura, todo eso es secundario. Pero la saga Assassin’s Creed creo yo que tiene incluso bastante más.

Surgida en 2007, con un primer título bastante mecánico aunque con grandes aciertos, era hija inconfesa de Prince of Persia (cuya renovación también dependió de Ubisoft) y de esa fascinación por el movimiento del guerrero y por grandes y complejos escenarios. Controlábamos al misterioso e impenetrable Altaïr, y viajábamos entre Acre,arno_assasins_creed Damasco y Jerusalén para conocer el enfrentamiento nuclear de la saga: la lucha entre la libertad total que defienden los llamados asesinos y el aherrojamiento y la oscuridad de los templarios que dominan el viejo mundo. Ya desde ese momento, la ambigüedad moral se adueña de esta saga, que, por mucha ficción que sea, promulga la violencia cómo única aunque controvertida y dolorosa forma de derrocar los tiranos y los fanáticos.

El gran salto de calidad narrativa, profundidad conceptual, de la segunda parte, es innegable. De la oscuridad que significó la expansión de la cristiandad en el siglo XII, pasamos a la oscuridad de la corrupción y la ascensión de los Borgia en el Renacimiento italiano, y controlando al inolvidable Ezio Auditore, viajaremos entre Florencia, Venecia, Toscana y Roma, con un sistema mucho más elaborado y con una ambientación sensacional, que nos hará sentir un viaje en el tiempo como pocas veces hemos podido experimentar en cualquier medio audiovisual. Unido todo esto al soberbio perfeccionamiento de movimientos, inteligencia artificial y erudición histórica, la apasionante trilogía de Ezio (que continuaría con el Brotherhood, centrado en la ciudad de Roma, y el Revelations, en Constantinopla), erigía a los asesinos casi como vengadores ocultos de una sociedad enferma (vengativa, injusta, totalitaria), únicos guardianes de la soberanía y la libertad del pueblo, y defensores del arte. Eso sí, con un precio, el de manchar su conciencia con la muerte de muchos hombres y mujeres dispuestos a cualquier cosa para retener su poder y someter a todo y a todos.

Nada baladí, en unos tiempos en los que el fin justifica los medios y ningún acto tiene consecuencias, ni globales ni personales.

A Ezio Auditore le siguió Connor en el que probablemente es el peor juego de toda la serie, el Assassin’s Creed III, ubicado en la época de la Independencia de los Estados Unidos, y con un guion atroz y una jugabilidad desastrosa, que impedían el verdadero disfrute de un juego que debía haber resultado fascinante.

Poco importó, porque Ubisoft echó el resto en el cuarto título de la saga, el Black Flag, probablemente el más completo juego de aventuras piratas jamás realizado, con el protagonismo de un Edward Kenway a la altura de Ezio Auditore. Con un sistema de juego de navegación marítima sencillo pero tremendamente eficaz, con batallas marinas espectaculares y una ambientación sobresaliente, el espíritu subversivo y de infinita aventura de la saga permanecía intacto, y llegó a unas cotas difícilmente superables.

Y ahora llega el Unity, ambientado en los tiempos de la Revolución Francesa, que promete un sistema todavía más espectacular de juego y combate, y que en teoría tendrá una ambientación y un guion a la altura. Ya veremos, pero me parece tremendamente significativo que los responsables de esta franquicia indaguen en las épocas más trascendentales de la civilización en cuanto a lucha contra la tiranía y sublimación de la libertad absoluta. De la Revolución Francesa, aunque imperfecta y finalmente beneficiosa únicamente para la burguesía incipiente, dependió el futuro de toda Europa, y por ende, del mundo. Así como de la Independencia norteamericana y de los logros técnicos y humanos del Renacimiento. No son más que videojuegos para entretener y evadirte del mundo real, pero también del mundo real, y te ayudan a aprender historia y a vivir épocas en las que la humanidad se ha jugado mucho y lo ha perdido todo.

Si en la situación actual, tan necesitada de guillotinas y de levantar la conciencia para detener un mundo que se encamina hacia el foso, Ubisoft decide contar su versión de la Revolución Francesa, no creo que sea una coincidencia. Si el cine no es capaz de hacer despertar ya al público, quizá otras formas de arte o de expresión sí puedan hacerlo, al mismo tiempo que fascinan y entretienen. Ya veremos lo que da de sí el Unity, y ya veremos si, dando mucho, nos acercamos un poquito más a la revolución, por muchas cabezas que caigan.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

1 comentario

  • Responder noviembre 13, 2014

    Ramón Álvarez

    A mí me gustó mucho el ‘Assasins Creed III’. Empieza regular con el protagonismo de Haythan Kenway, pero en cuanto el protagonismo pasa al hijo, Connor, me parece brutal. Por lo demás muy de acuerdo, una de mis sagas consoleras favoritas.

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