Acerca de ‘Arma letal’ y lo reaccionario

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…………Quienes me leen con regularidad saben que uno de mis temas predilectos es deconstruir el cine norteamericano, sus valores y tradición, que tantas cosas terribles nos han dado. Sin embargo soy capaz también de maravillarme con las joyas cinematográficas que todos los años produce una industria enorme y fagocitadora de prácticamente la totalidad del mercado internacional. Lo bueno, lo mejor, del cine norteamericano es siempre admirable, profundo y digno de ser recordado. Lo peor, me temo, está entre lo más deleznable, narrativamente, y abyecto, moralmente, que un espectador distraído pueda degustar, para su desgracia.
…………Volveré a afirmar, por mucho que algunos cegatos no quieran verlo, que el llamado “cine clásico” americano no es más que “cine académico”, producto de un sistema de estudios con miles de empleados en nómina y que realizaban películas en cadena, trayendo de paso a su seno a los mejores talentos europeos, que se fugaron de la Europa de entreguerras, y solo muy pocos de ellos fueron capaces de imprimir una fuerte personalidad en su obra. Tras el desmantelamiento del sistema de estudios, convertidos estos en máquinas tragaperras controladas por inversores millonarios y sin escrúpulos, el cine de autor se largó a otras latitudes de la geografía americana, y sus grandes producciones, con escasas excepciones, están destinadas al público adolescente más primario.
…………Pero existió una generación de directores extraordinaria, comandada por Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, George Lucas y otros luminarias, que le dio la oportunidad a ese cine de reivindicarse en los años setenta. De hecho, el actual cine de autor, de categoría artística, que surge en ese país procede y existe porque primero existieron ellos, y de ahí parte gran parte de lo más notable que hemos podido ver en los últimos años. Sin embargo, todo se truncó en los fatídicos años ochenta, en los que, por ejemplo, Coppola se negó a hacer otra cosa que hundirse económicamente, mientras construía una carrera legendaria en lo estético, y otros desastres de taquilla reforzaron las posiciones conservadoras de las grandes productoras, proliferando el cine más zafio, pueril e ideológicamente discutible. La tragedia es que, incluso en este país de paletos, muchos vieron esas películas y hoy siguen defendiéndolas como esencia de su aprendizaje cinéfilo. Para llorar.
…………Una de las películas más famosas de ese tiempo, parida durante la nefasta administración Reagan, es Arma letal (Lethal Weapon, 1987), dirigida por un artesano con muchas tablas y buen olfato como era Richard Donner, después convertido en un bufón y un mercenario grotesco, al que sólo le han importado los taquillazos insalubres que han terminado por convertir su trayectoria en bastante menos de lo que podría haber sido. Que un cinéfilo de veinte o treinta años tenga en un pedestal a películas como esta meMel Gibson, Danny Glover parece muy significativo del estado del cine de género y casi de la sociedad en general. La película cuenta cómo un detective ya maduro y chapado a la antigua (encarnado por ese extraordinario actor que siempre ha sido Danny Glover) no tiene más remedio que hacer pareja con un veterano del Vietnam, miembro de las Fuerzas Especiales (es decir, un genocida), que ha perdido a su esposa y que es una bestia parda con tendencias suicidas, al que catalogan como Arma Letal. Juntos se enfrentarán a unos narcotraficantes despiadados, y muy, muy malos, y por supuesto, les vencerán. Nada que objetar hasta aquí. El problema es que casi en cada secuencia se va filtrando un delirio belicista tan absolutamente despreciable, una visión de la vida tan increíblemente conservadora e intolerante, una frivolidad de la violencia y la venganza tan abyectas que es verlo para creerlo. En cada nuevo visionado de esta supuesta gran película de acción uno va descubriendo nuevos detalles que le ponen la carne de gallina.
…………El machote Gibson, que luce una melena agitanada y que no tiene problema en demostrar lo buenorro que está, y lo espléndido que tiene el culo (como en cada película que hace, por otra parte), le pondrá las pilas al impresionable Glover. Hay algo de irreverencia y de subversión en la figura de este policía que pasa de las normas y que está como las maracas, pero queda totalmente desaprovechada en su desarrollo. Hay una secuencia que me parece memorable en este sentido. Un tipo se ha subido a lo alto de un edificio con el firme propósito de tirarse y acabar así con su penosa vida. Gibson sube a convencerle de que no lo haga (mala idea, siendo como es un tipo que cada mañana se pone el cañón de su pistola en la boca y se piensa mucho si apretar el gatillo…), y al final se tiran los dos juntos. Lo que en una buena película podría haber sido una secuencia antológica, aquí es una mentira enorme. Porque no se ve nada. ¿Cómo es posible? Pues lo es. El montaje de la escena te impide ver lo que en verdad está pasando. No lo escatima, lo esconde. Es imposible que Gibson logre esposarse al suicida. Y el hecho de que hayan instalado en la calle un dispositivo hinchable para que no mueran no se ve hasta el último momento. Es decir. Tratan al espectador como si fuera gilipollas. Y muchos espectadores, encantados con ello.
…………Pero más allá de secuencias como esta, casi en cada diálogo o situación hay una defensa acérrima de la familia tradicional como único elemento de estabilidad emocional, una humillación moral hacia los locos y a los homosexuales (Glover intentando apagar las llamas de la ropa de Gibson y este preguntándole si es maricón o algo así), del cuerpo de policía casi como si de unos santos intocables se tratasen, una justificación del empleo discriminado de las armas de fuego o la construcción de una imagen de los Estados Unidos como una tierra maravillosa en la que los héroes proliferan y los malos siempre caen. Todo esto se vio multiplicado en sucesivas entregas de la saga, a cada cual más estúpida, con momentos de acción muy escasos y mal rodados, con humor grueso digno de película española de los setenta. Nada que ver con otras grandes películas de acción de los ochenta como la inolvidable Jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1988) u otras similares a esa obra maestra. Nos han colado un cierto tipo de cine de acción o de género y hemos tragado como borregos. Ahora, casi cualquier película de género es un aburrimiento intolerable.
…………Menos mal que todavía hay buenos directores. El gran George Miller prepara un ‘remake’ de su mítica Mad Max (interpretada originalmente, como el lector bien sabrá, por Mel Gibson), y ya hemos visto el tráiler y nos hemos quedado con muchas ganas de pasarlo en grande con ella, porque quizá vuelva la furia, la sangre y la aventura extremas, las de verdad. Las que provocan una catarsis como sólo el cine puede brindarnos. Quizá con ella se acabe ese puto aburrimiento.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

7 comentarios

  • Responder septiembre 1, 2014

    Jorge Moreno

    Coincido plenamente con usted, amigo Massanet, películas como la hoy comentada me hicieron huir del cine americano por mucho tiempo.
    Una reacción extremista la mía, sin duda. Por esta actitud, me perdí filmes de gran calidad, que ahora trato de recuperar. Del chulo Gibson, homófobo y reaccionario, prefiero no opinar para no blasfemar. Muy buen artículo, si señor. Saludos, Jorge Moreno

    • Responder septiembre 2, 2014

      Adrián Massanet

      El cine americano hace cosas deleznables, pero también tiene genuinos artistas en su seno. Es como su sociedad, ambivalente.

      Un abrazo.

      • septiembre 2, 2014

        jorge

        Como cualquier sociedad, de españa solo miseria heredamos. Desgraciados.

  • Responder septiembre 1, 2014

    Raúl

    ¿Qué te pareció la ópera prima del guionista de esta peliculita, ‘Kiss Kiss, Bang Bang’? A mí me sorprendió gratamente.

    • Responder septiembre 2, 2014

      Adrián Massanet

      Pse, divertida sin más. Es un cine hecho para entretener, pero no tiene altura.

  • Responder septiembre 1, 2014

    Miguel

    Menos mal que no soy el único al que esta película le parce sobrevalorada. Me gusta mucho Donner, y del guionista, Shane Black, hay que decir que, para mi gusto, ha dirigido la mejor película de Iron Man con diferencia. Sin embargo aquí, aparte de lo alarmante de la ideología que se deja ver, siempre me ha parecido bastante torpe,sin garra, muy lejos no ya de “Die hard”, como mencionas, sino incluso de sus seculas. Creo que tanto bombo entre muchos cinéfilos viene de que, sencillamente, vieron esta película cuando eran niños y la identifican como una parte de su infancia, algo que ha llevado a elevar a los altares a cintas de los ochenta que no lo merecen. Actitud tan ridícula, por otro lado, como la do los que aún se niegan a admirar el talento y el buen cine de clásicos populares (precisamente por serlo) de la época como “Regreso al futuro”, los Indiana Jones, o la citada cinta que protagonizara Bruce Willis.

  • Responder noviembre 10, 2014

    Estefano

    Lo de siempre, eres un extremista con el cine que no te gusta incapaz de ver lo positivo en películas que te desagradan en su conjunto. Arma Letal está muy lejos de la Jungla de Cristal, pero no tan lejos de sus secuelas como para decir que es basura infecta porque tu ideología es contraria a la del film. Además de que niego la mayor cuando dices que ” en cada diálogo o situación hay una defensa acérrima de la familia tradicional como único elemento de estabilidad emocional” pues lo que le brinda estabilidad al personaje de Mel es la amistad y no, la familia.

    Lo que yo no entiendo de esta película es la surrealista escena final en la que Mel se enfrenta cuerpo a cuerpo con el villano estando rodeados por policías y con la tontería acaban friendo al villano a balazos sin ton ni son. Ahí si veo conservadurismo yankee.

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