¿Ética o estética?

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Heather Cameron-McLintock, Emma Cleasby, Richard Dillane, Luciano Dodero, Julie Legrand, Johnny Palmiero

La tecnología nos ha permitido ser exhibidores y espectadores de las calamidades que tienen lugar en otros países, y la viralidad audiovisual ha banalizado la compresión de la realidad que se nos muestra. Cada día asistimos a un espectáculo —a veces surrealista— en el que el sensacionalismo gana a través de la evidencia de lo violento y lo burdo, y se convierte en un entretenimiento más, en algo rutinario.

Susan Sontag expone en su ensayo sobre la postura del espectador ante el dolor ajeno que “en la fotografía de atrocidades, la gente quiere el peso del testimonio sin la mácula del arte, lo cual se iguala a insinceridad o mera estratagema”. El cortometraje One Hundredth of a Second (2006), de la directora Susan Jacobson, cuyo título hace referencia al tiempo que tarda el diafragma de una cámara en cerrarse para captar una imagen, quiere demostrar la falta de ética en el fotoperiodismo de guerra. Un buen disparo en el momento más dramático según el ojo de una fotógrafa, quien sin saberlo asiste como cómplice a la huida de una niña en pleno ataque bélico y a su posterior asesinato.

Las imágenes que muestran lo que ocurre en una guerra son quizá las que tienen un mayor impacto colectivo. El horror, la violencia y la muerte sorprenden a cualquiera con un mínimo de sensibilidad. Una prueba de ello son los premios Pulitzer, World Press Photo o VII Photo Agency a fotógrafos como Ashley Gilbertson y Anja Niedringhaus por sus capturas en Afganistán e Iraq.

Para tomar una fotografía se necesitan tres elementos: el fotógrafo, el objeto y la cámara. Pero hacer fotoperiodismo significa tener que contar una historia a través de imágenes, y hacer fotoperiodismo de guerra trata de contar la historia de las personas involucradas en los conflictos. El resultado en ambos casos debe ser una representación de la realidad, con sus contrastes y matices.

Es cierto que hay que hacer acopio de mucho coraje como periodistas para asistir, cual soldados que sólo tienen cámaras como armas, a las luchas violentas por el poder, para seguir los pasos de Robert Capa y captar el horror de los escenarios bélicos. Pero en determinadas situaciones, quizá más que coraje, lo que se necesita es empatía, civismo y humanidad, aunque eso signifique dejar la cámara a un lado por un momento. Como en esa centésima de segundo que puede cambiarlo todo porque se decide si se toma una foto o se salva una vida.

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