The Fappening: voyeurismo masivo

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“La mujer es objeto de deseo”. Esta frase la hemos escuchado todos. Nótese la palabra ‘objeto’. Objeto curvilíneo. Objeto famoso. Objeto. Objeto… El año 2014 será recordado por la mayor filtración de fotos privadas de varias famosas de Hollywood. Pero, sobre todo, por las de Jennifer Lawrence. ¿Somos conscientes de la repercusión mediática del llamado “The Fappening” o “Celebgate”?

Una vez que los archivos se hacen virales es imposible detenerlos. Es el maldito internet. Pero si existen ‘hackers’ tan buenos, debería existir una gran contraparte que los pueda rastrear y ajusticiar. No son simplemente ciberdelincuentes; son ‘voyeurs’ que ejercen un gran daño moral. The Fappening es una evidencia de la violencia de género; es una clara demostración de que vivimos en una sociedad dominada por falos egocéntricos capaces de ‘hackear’ cuentas de iCloud.

¿La solución? Hay que dejar de considerar a las mujeres víctimas pasivas de la dominación masculina. Como dijo Berta Hiriart, “las mujeres no somos corderitas inermes, es necesario cambiar la autoimagen, porque es degradante y además es falsa”. Hay que aceptar que la relación hombre-mujer es fundamentalmente de poder. La sociedad, no solo es falocéntrica, sino incluso falocrática o, como diría Derrida, falogocéntrica. Y hay que cambiarla. Y más ahora que tenemos más medios para ejecutar simulaciones de Watergates. Por eso necesitamos una mayor conciencia sobre el problema de vivir en una sociedad desigual; más que nunca, necesitamos a los feministas. Sí, los ‘geeks’ también lo pueden ser.

Y por favor, no utilicemos la falacia de que se hubiera evitado la violación de la privacidad si no se hubieran tomado en principio esas fotos y no las hubieran subido a la nube. Ese no es el problema. Dropbox, Google Drive y cualquier otro servicio de almacenamiento de archivos en la nube no ofrecen una total seguridad del contenido. Es ingenuo pensarlo. El quid son ellos, los misóginos que no tienen escrúpulos y no escatiman en humillar y avergonzar a las mujeres.

¿Somos realmente civilizados en la sociedad digital? ¿Tendremos que volver a usar Polaroids y mandar fotos por correo ordinario?

2 comentarios

  • Responder octubre 5, 2014

    Nova6K0

    Sinceramente veo parte de hipocresía en el tema del Celebgate:

    – Primero si no fuesen tan famosas ni las autoridades, ni el FBI harían nada.

    – Segundo, es curioso que ahora nos llevemos las manos a la cabeza y pongamos el grito en el cielo, precisamente por eso, porque son famosas. Cuando la NSA entre otras, lleva espiando a la gente, en general hace años (y puedo asegurar que si alguien tiene todas las fotos del Celebgate, son los analistas de dicha agencia).

    – Tercero. El sexo vende, la imagen de la mujer vende y del hombre también. Y sinceramente para cambiar esto, entre otras cosas habría que cambiar el papel de la mujer en el cine o en la TV. Mismo en España, por ejemplo, hay muy buenas actrices, pero sinceramente otras están para como se dice, vulgarmente, “lucir palmito” y lo mismo en Hollywood o Bollywood. Y ojo, los hombres lo mismo. Parecido en el mundo de las modelos, y eso que aquí su cuerpo es su herramienta, por decirlo así. Luego tampoco ayuda el uso de artificios en las fotos, para que una chica que es guapa de por sí, lo parezca más. Esto hace que las chicas más jovenes busquen una belleza perfecta que no existe. Porque lo peor no es ver a una modelo adulta con dos kilos de photoshop sino a una joven de catorce o quince años con los mismos retoques (por ejemplo sin espinillas, cosa anti nátura)

    – Cuarto. Está claro, que en general, ignoramos el tema de la privacidad y la seguridad. Aquí hay tres culpables. Primero Apple, por su desastre de servicio, segundo los hackers que usaron esas debilidades de seguridad, para robar o engañar a las estrellas y tercero las propias estrellas, ya que al parecer, había contraseñas de risa.

    Salu2

  • Responder marzo 10, 2015

    Alejandro Martin

    El morbo y el voyeurismo es imposible de detener en las sociedades reprimidas, represoras o pudorosas en mayor o menor medida. Sólo las culturas sin estas variables son capaces de no tener ningún individuo que considere el desnudo de alguien que no conoce como algo atractivo; y una sociedad compuesta por personas sin interés en conseguir esas imágenes o llegar a protagonizarlas.

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