De la teoría del valor de las cosas

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…………Valorar las cosas en su justa medida para poder asignarles un precio ha sido siempre un dilema para los economistas. Desde tiempos ancestrales viene existiendo la idea del justiprecio, esto es, el precio justo que se ha de pagar por un bien sin que el comerciante obtenga un beneficio injustificado. Creedme si os digo que esta noción que ahora se considera desfasada ha traído de cabeza a economistas de todas las épocas.
…………La respuesta capitalista a este dilema sobre la justicia intrínseca del intercambio es tan abrumadoramente primitiva que no deja indiferente a nadie. Me explicaré. En el modelo capitalista, la justicia de un intercambio es completamente irrelevante. El modo de poder ignorar completamente este dilema ético de primer orden es afirmar que el valor de las cosas no es mesurable ni tiene ningún tipo de objetivación sino, más bien, que el valor es una proyección del sujeto sobre la cosa; por eso el valor es subjetivo y de ahí surge esta famosa frase: “Las cosas valen lo que uno está dispuesto a pagar por ellas”.
…………Bueno, salta a la vista que este sistema tiene graves y poderosas lagunas que generan preocupantes bolsas de especulación. Si, por ejemplo, se lleva agua al Sáhara y se le ofrece a un precio exorbitado a los habitantes de esa árida tierra, dado que la necesitan para sobrevivir y es muy escasa, pagarán cualquier cosa que se les pida por ella. Por supuesto, llevar agua al Sáhara tiene unos costes muy elevados, pero el beneficio que supone vender agua al sediento es simplemente desorbitado.
…………En este caso, el empresario se ha convertido en un especulador perverso, puesto que obtiene unos beneficios desmesurados gracias a las necesidades de la gente. Pero, entonces, ¿por qué esta teoría del valor? Pues porque no solo es mucho más sencilla de asumir que las alternativas, sino que además favorece a los mercaderes. Por supuesto, esto no ocurriría en un sistema de mercado perfecto, pues, atraídos por los enormes beneficios, más empresarios se dedicarían al mismo negocio compitiendo entre sí y bajando los precios, pero, como siempre, los mercados perfectos ni existen ni se les espera, así que esta teoría del valor de las cosas, que sí funciona en unas condiciones perfectas, se convierte en una herramienta para obtener beneficios desmesurados.
…………Pero esta no es la única teoría del valor que existe; es la hegemónica, cierto, pero existen otras. La teoría del valor de Marx intenta buscar la objetividad en el valor de las cosas mediante los costes de producción, es decir, el valor de algo depende de lo que costó producirlo, desde el salario del trabajador hasta la energía de la fábrica, incluyendo las herramientas y útiles que se gastan en la producción. Es cierto que esta teoría del valor es bastante más farragosa y mecánica que la teoría del valor subjetivo. Sin embargo, incluso con esos inconvenientes, resulta muy preferible a una teoría en la que, no sólo el valor de las cosas es fluctuante en el tiempo, sino que también es fluctuante de individuo a individuo y, además, es fácilmente explotable por parte del mercader para obtener unos beneficios desmedidos.
…………Por supuesto, la teoría marxista tiene algunas incongruencias, como el razonamiento circular (en parte) o la inexistencia de valor de las cosas naturales. No obstante, aun siendo una teoría incompleta y laxa, intenta ser objetiva y acercar la economía al mundo de la ciencia, de lo objetivable; y es que no se puede pretender creer que la economía es una ciencia en la que los valores de las cosas son subjetivos. No, lo siento; por ahí no paso. En una ciencia seria, los valores de las cosas no pueden estar cambiando constantemente al albur de la irracionalidad humana.
…………Como no me gustaría dejar esta exposición sin plantear ninguna alternativa, voy a ofrecer una idea para que cada cual piense sobre ella.
…………La medida básica que podemos utilizar para calcular el valor de los bienes producidos deberá ser algo universal y medible que se utilice en todos los procesos productivos por igual y no sea manipulable. Dadas estas restricciones, la unidad de medida básica para objetivar todo proceso productivo no puede ser otra que la energía, es decir, el julio. Es medible, universal y todos los procesos requieren de él. El problema del valor de los bienes naturales desaparece, pues estos pueden ser producidos con energía y tendrían un valor similar al valor de su equivalente producido por el hombre. Las fábricas calculan cuánta energía consumen y se puede calcular un coste total de producción en julios, incluso se puede calcular el coste energético que supone para el trabajador realizar una labor y pagarle en consecuencia (aunque en este punto creo que sí se abre el camino a la subjetividad). Además, en el contexto actual de crisis energética, ayudaría a acabar con la falsa idea de que la energía es infinita. Por supuesto, para lograr esta objetivación del valor de las cosas con precisión científica es preciso que todos los costes energéticos de todos los productos sean obligatoriamente públicos, para lo cual sería necesaria la intervención del Estado y varios estudios. Pero, una vez logrado esto, tendremos una medida objetiva sólida e intercambiable de cuánto ha costado producir algo, y de ahí es fácil estimar cuánto pagar por el producto.

9 comentarios

  • Responder octubre 13, 2012

    fernando sanchez

    Aqui tengo que hacer unas aclaraciones: 1) la teoria del valor actual podemos describirla como subjetiva del lado de la demanda y objetiva desde la oferta. 2) La teoria del valor-trabajo no es de Marx es de Smith, desarrollada despues por Ricardo, lo que si es cierto es que es casi la unica teoría económica que aun la usa.

    Con respecto a tu idea, es muy ingeniosa me encanta, mas defendiendo la teoría actual, a mi me parece que soluciona todos los problemas que tenía la del valor-trabajo, siendo sencilla, elegante y, sobretodo, muy adecuada a la realidad (la paradoja del agua y los diamantes por ejm), dado que lo que se quiere no es una idea de como fijarlos con justicia, sino teorizar como se fijan en el mercado, algo excelente cuando hasta se puede matematizar sin dificultad.

    • Responder octubre 14, 2012

      John Maynard

      Muchas gracias, te agradezco mucho tus palabras y el valor que transmites sobre mi idea. Lo cierto es que esto es sólo un boceto previo y, para llegar a desarrollar un modelo, todavía hace falta mucho trabajo, pero me sentaré a trabajar en ello y intentaré publicarlo cuando tenga algo más sólido.

  • Responder octubre 13, 2012

    Amador Martos

    Entiendo que el julio, como medida eficiente de la energía, pueda ser de gran utilidad para medir la producción de “productos” físicos y mensurables. Pero ¿cómo es aplicable para medir la producción de “servicios” que descansan básicamente en el trabajo intelectual? Traductores, abogados, gestores, etc.

    • Responder octubre 14, 2012

      John Maynard

      Muy buena pregunta. Yo estuve pensando también en ella y me encontré con un muro irrebasable. Sin embargo, no es muy importante, porque lo cierto es que las estafas y los precios sobreestimados se dan, sobre todo, en productos físicos y medibles.

      Pero lo que observas es cierto. Yo consideraba que podría tratarse como un tipo diferente de bien que no tuviese como referencia el julio; esto daría lugar a un mercado mixto de bienes físicos perfectamente medibles y otros bienes intangibles (el servicio del abogado) que sí son más subjetivables.

      En todo caso, si se buscase medir también los bienes intangibles, lo apropiado sería una retribución basada en el coste en julios de la preparación necesaria para hacer ese trabajo (esto sería la base), más el valor en coste en julios de llevar a cabo ese trabajo concreto. A partir de ahí, tendrías un precio de referencia alrededor del cual fluctuarían los precios concretos de este tipo de servicios.

      Es una buena observación y, como tal, la aprecio.

  • Responder octubre 14, 2012

    fernando sanchez

    ¿y sobre el arte? es incluso mas difícil de valorar que otros servicios porque no son “útiles” en sentido estricto simplemente los valoramos por su belleza estética, algo que guarda poca relacion con la preparación o el esfuerzo que ponemos en hacerlas. Quisiera ver si puedes solucionar la gran falla de la teoría del valor actual, y es: ¿por qué el precio nominal de las cosas fluctúa con respecto a su precio “real”(que es lo que buscas fijar con tu idea)

    • Responder octubre 14, 2012

      John Maynard

      Tienes razón, yo todos estos problemas los veo. Simplemente, mi postulado no los engloba porque se centra en la producción de bienes reales y concretos. Puede intentarse un acercamiento de tipo científico e intentar valorar los costes de los materiales, pero creo que es una mala idea porque el coste es mínimo y el individuo (alguno) tenderá a darle más valor que el del mero coste del tiempo y los materiales del artista.

      Sin embargo, no veo como un problema que el precio se deslinde de los costes de producción en determinados casos. Cada uno puede apreciar una obra de arte como quiera; lo que sí resulta un problema es que no exista información sobre cuánto costo esa obra, cómo se hizo, etc., etc.

      Es decir, no me parece mal que el sector servicios desligue sus precios en servicios subjetivos si se indica cuál es el coste real de esos servicios.

      Por otra parte, creo que es un postulado que sirve para lo que es el núcleo duro de la economía y las necesidades, es decir, es perfectamente válido para los sectores primario y secundario, que son, a la postre, los sectores de los que depende la vida humana: uno puede vivir sin peluquero o sin masajista, pero, desde luego, no puede vivir sin comida, vivienda o ropa.

      Gracias por tu atención.

      • octubre 17, 2012

        Hayek

        Solo para saludar y decirte que tu sistema es ineficiente y por tanto será inaplicable. Los precios y los costes tienen algo en común, la moneda de intercambio que se utiliza como escala para definirlos. Los julios no servirían de este modo. Y si lo que planeas es una economía planificada ya hemos tenido ejemplos históricos de esto y han fracasado. El agua del Sahara se vende a los precios en que los consumidores la comprarían, nadie obliga a nadie a comprar nada.

      • octubre 17, 2012

        John Maynard

        Hola de nuevo. Sin acritud, agradecería que las críticas (que en realidad son bien recibidas) fuesen acompañadas de algún argumento, decir que “este sistema es ineficiente porque yo lo valgo” o “los julios no pueden servir como método de intercambio porque no” es francamente poco constructivo.

        Por otra parte, no sé por qué siempre que menciono esta idea alguien me sale con las economías planificadas. La verdad es que es algo que me han dicho más de una vez y me sorprende; supongo que la forma de plantearlo transluce eso, aunque, en realidad, se trata de temas completamente separados.

  • Responder octubre 14, 2012

    Luis Lloredo

    Propuesta atrevida como pocas. La verdad es que me parece complicadísimo lo que sugieres, pero agradezco leer algo nuevo, interesante y, sobre todo, agradezco la crítica a la teoría del valor subjetivo, una cosa que siempre ma ha parecido aberrante. Por cierto, respecto a la paternidad de la teoría del valor trabajo: si no me equivoco, la idea arranca con Locke, que cambia la definición de la propiedad en términos de mera ocupación a la propiedad como aquello que uno ocupa (o como algo a lo que uno accede) más el trabajo que se vierte en ello. En todo caso, enhorabuena por el artículo.

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