El síndrome del mayordomo

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…………A mucha gente Gallardón no le parecía una amenaza, con su aspecto de contable ceniciento de entreguerras. Siempre titubeante en las entrevistas, nervioso como una lagartija y con una voz imposible de modular, de eterno adolescente envejecido. El pringado de la clase. Buenas formas, buenos modales, buenas caras. Un tipo simpático con la prensa, el mayordomo perfecto; atento, servil, discreto. Una joya, oiga. Hubiera sido un gran chófer si no hubiera pertenecido a una buena familia que ya tenía quien condujera el coche.
…………En su lugar, como hijo de “un amigo entrañable” de Franco, según Blas Piñar, heredó el poder en democracia. Y actuó como cabía esperar. Podía haber sido Presidente del Gobierno, pero le faltaron redaños. Comportamientos y pareceres también heredados; al fin y al cabo, su padre ya practicaba un doble juego de ambigüedad ideológica con el dictador. ¿Por qué iba él a ser distinto? El síndrome del mayordomo estaba servido.
…………El problema es que el común de los mortales no estamos acostumbrados a tener mayordomo y confundimos el servilismo con la buena disposición. Por desgracia, otros tantos confunden la educación con la moderación y la velocidad con el tocino. No en vano, unos cuantos loaban la contención del futuro ministro mientras Esperanza Aguirre, antónima de “mayordomo”, señora de la casa y de lo que se tercie, abroncaba en público a Gallardón. Y él contestaba a las provocaciones con discretas notas con membrete, seguramente encabezadas con un “muy señora mía” y temblándole el pulso al sugerir que no lo descalificara en público, que lo hiciera en privado, que él se dejaría azotar de buen grado. Aguerrida contra Gallardo.
…………Por aquel entonces, Rajoy miraba los toros desde la barrera. Medía el tiempo en hilillos de plastilina y perdía las elecciones con indiferencia británica. Esperanza siempre le había tocado las narices, tan díscola y renuente, con su media sonrisilla y su altivez teñida de cercanía y desparpajo. Pero Gallardón le daba miedo. Ese tipo caía bien a todo el mundo. Habría ganado todas las elecciones que él había perdido, eso seguro. Mariano lo sabía, pero también sabía cómo vencerlo; de la misma manera que vencía el resto de obstáculos: esperando. Alberto era un pusilánime, una persona inteligente pero carente de iniciativa. No se rebelaría contra él y él ya estaba arriba; tenía ventaja. Sería una guerra de esperas y silencios, una guerra de formales notas con membrete, de muy señores míos y de conjuras secretas.
…………La espera favoreció a Rajoy y, sin aspavientos, continuó con su plan para anular a Gallardón; lo nombró Ministro de Justicia. Un cargo importante, el cargo oportuno para un buen mayordomo, para tenerlo contento y controlado. Luego él ya haría el resto, porque Mariano no ignoraba un viejo refrán clasista: “Ni pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió”. En el momento en que tuviera una mínima parcela de poder, no dudaría en aprovecharla. Y así, aquellos que confundieron el servilismo con la buena disposición y la educación con la moderación abrirían bien los ojos. Los abrirían como platos.
…………Rajoy es el maestro de la espera y Gallardón ya había esperado demasiado. Ha pasado lo que tenía que pasar: se le ha desatado el ultraderechista solapado y ha empezado a vomitar moral católica hasta inundar la calle Génova. El vómito ideológico ha bajado en riada hasta la Plaza de Colón, donde miles de acólitos se bañan con regocijo a la sombra de la bandera. “Sí a la vida” y chorradas por el estilo. Eslóganes perversos, mantras cínicos. “No hay mayor progresismo que defender la vida”. Ni mayor procacidad que decir semejantes idioteces como quien está por encima del bien y del mal.
…………Esto es lo que pasa cuando la religión interfiere en el Estado, que las leyes se tiñen de mandamiento. Hasta el punto de condenar a la vida a un feto con deformidades o discapacidades inhumanas. Inhumanas porque serán voluntad de Dios, digo yo. O también porque será muy piadoso obligar a una mujer a tener un hijo fruto de una violación. Será lo que sea, pero no es humano. Debe de responder a valores más altos, valores a los que muchos no podemos aspirar, valores a los que sólo se llega mediante años de servilismo y sometimiento, oración, flagelación y paciencia. Los mansos heredarán la tierra. Los mayordomos, el paraíso.

Nacho Carratalá

Periodista de formación, incansable aspirante a escritor, inventor de la verdad absoluta y de la mentira relativa. Juntaletras vocacional, al fin y al cabo.

15 comentarios

  • Responder enero 9, 2014

    Daniel Robles

    Después de leer su artículo colijo que usted está a favor de la pena de muerte o al menos eso se desprende al llamar chorrada a “sí a la vida” ¿me equivoco?
    A veces la pasión nos obnubila y nos lleva por derroteros confusos y hasta contradictorios. Atentamente, D. Robles

    • Responder enero 14, 2014

      esberto

      A mi en cambio me birla usted una irarrisa, muy leve esos si, porque ya uno está acostumbrado a esos que dicen defender la vida con la lengua del odio, la vida claro que no es una chorrada, es la expresión dicha desde falso sentimiento lo que es una chorrada, por decirlo de una manera menos desagradable.
      Si cuando uno lee desde la predisposición a encontrar errores para desguazar en lugar de intentar entender el contenido, suele ocurrir que un memo escribe una chorrada al estilo de su comentario, algo que después refrenda con los siguientes, cuando ya le habíamos entendido.

      • enero 15, 2014

        Daniel Robles

        Disculpe usted, señor Esberto, pero con tantas “chorradas” me he perdido y no sé si alaba o critica mi comentario. Intuyo que es lo segundo, pero no me queda nada claro. Yo no pretendo desguazar nada, solo definir conceptos, que por otra parte ya fueron suficientemente explicados en la contestación del señor Carratalá. Sin otro particular, D. Robles

  • Responder enero 9, 2014

    Nacho Carratalá

    Estimado Sr. Robles:

    Si esa es la conclusión que extrae al leer mi artículo, colija usted, caballero. Por lo pronto, me roba una sonrisa.

    Atentamente, o más.

    Nacho Carratalá

  • Responder enero 9, 2014

    Daniel Robles

    Me alegra haberle robado una sonrisa en un asunto tan grave, pero su frase (“sí a la vida” y chorradas por el estilo)sigue presente, como un testigo incómodo. Atentamente, D. Robles

    • Responder enero 9, 2014

      Nacho Carratalá

      Muy señor mío, que diría aquel:

      Efectivamente, parece que sólo ha sacado una conclusión. Y me parece bien, por aquello de la sonrisa.

      Me reafirmo en mis testigos incómodos y en mis sospechosos habituales. Decir “sí a la vida” es una chorrada, una idiotez y un enunciado absurdo, vano y estéril. Es como decir “no a la muerte”, “sí a lo bueno” y “no a lo malo”.

      Si usted colije —colija, colija— que por considerar que las tautologías y las obviedades son, en efecto, chorradas, soy un acérrimo defensor de la pena de muerte, entonces entiendo lo colejido. Pero dudo mucho que encuentre a mucha gente que le diga “sí a la muerte”, porque la muerte es un fenómeno bastante inconveniente y hasta molesto, salvo para ciertas personas, comúnmente llamadas suicidas. Y, sorpréndase y colija, señor Robles, pero ni siquiera ellos suelen estar a favor de la muerte de todo el mundo, ni en contra de la vida así, en general. Si acaso, de la propia.

      Así pues, habiendo explicado el aspecto más banal y evidente de todo el artículo y pasando de la sonrisa a la carcajada, le hago llegar un afectuoso saludo y doy por zanjada la agradable conversación.

      Por cierto, es verdad que el asunto es grave, así que no lo hagamos crónico. Le cedo gustoso la última palabra.

      Saludos.

      Nacho Carratalá

  • Responder enero 10, 2014

    Daniel Robles

    Señor Carratalá:
    Hace bien en dar por zanjada la ¿agradable? conversación; también yo.
    La respuesta que buscaba la he encontrado en su larga contestación con visos de malestar.Saludos, D.Robles
    P.D.
    Ah,veo que le agrada el verbo colegir, eso me satisface, ampliar el vocabulario es sano y enriquece nuestra cultura.

  • Responder enero 11, 2014

    E.Zapata

    Más que mayordomo, Gallardón da la imagen del “personal asistant” ideal, reflejado en su alter ego Waylon Smithers, el asistente del Sr Burns en “Los Simpson”. Aunque durante años yo lo llamé Clark Kent Gallardón (por lo soso).

  • Responder enero 15, 2014

    Alejandro M

    Desde luego este señor es sólo la evidencia de que lo que es, ha sido y será.

    España siempre fue católica, apostólica y romana de las que no quiere convivir con otras religiones, ni revisar sus creencias. El cristianismo en su versión más colonial, misionera y evagelizadora, imponiendo siempre al Dios verdadero y su infierno verdadero con sus mandamientos obligatorios. Cambiando el nombre de pueblos y ciudades por santos y santas, y una virgen en cada esquina. Nunca un atisbo de duda les retuvo para imponer a los demás, pues nunca hubo un atisbo de humildad.

    Y como en el Orient Express, el mayordomo fue el protagonista.

  • […] deseados se mantuvieron y las enfermedades de transmisión sexual aumentaron. ¿Solucionará esto la penalización del aborto? A estas alturas cabe preguntarse: ¿qué falla? ¿Por qué no tiene éxito regalar condones, […]

  • […] en mis manos decidir cuándo he de ser madre. Si este anteproyecto manchado de cinismo, al que Gallardón se refiere como “progresista”, consigue esquivar las críticas y hacerse ley, el embarazo no […]

  • […] electoral hemos demostrado que lo somos. Y, después de una temporada de silencio, volverán los Gallardón, Wert, Díaz, Mato o Montoro a hacer de las suyas con las espaldas bien cubiertas por los votos. […]

  • […] toman medidas para otros casos que nos resultan al menos sorprendentes. …………Gallardón, referente ético para tantos y tantos españoles desde que anunciara su ley sobre el aborto, pone también en marcha una nueva […]

  • […] esto, y no en otras cosas, parece que ha estado todo el tiempo el dimitido Ministro. Disfrazándose. Lo del empecinamiento entre paternal e ideológico en devolver a las mujeres a la edad de piedra […]

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