Proceso de revelado: el Spanish Dream

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Besamanos

En la foto nada destaca demasiado, si acaso la exagerada sonrisa de la señora a quien llamaremos Azul Eléctrico, por motivos obvios. En primer término, distinguimos a dos señores: a la derecha, un monarca recién coronado con su correspondiente aspecto de monarca; uniforme con galones múltiples y las dos bandas de rigor, la de Míster Simpatía, en azul, y la de Míster Fajín Colorao 2014, naturalmente roja. A la izquierda, un joven súbdito servil recién trajeado con su correspondiente aspecto de joven súbdito servil; traje grande, mangas demasiado largas, barbilla huidiza, papada incipiente, pelazo engominado y patillas con reminiscencias de Bárcenas. La expresión beatífica viene de serie.

El monarca esboza media sonrisa, como si se preguntara: “¿Quién demonios es este?”, mientras que el joven súbdito servil, en plena flexión cervical, parece que vaya a embestir de inmediato. El apretón de manos es sólo apretón del monarca. La mano del súbdito parece un calamar o una sepia pasada, blanda, cartilaginosa, como todo él. Aparentemente inofensivo, pero taimado, sibilino. Fíjense en su dedo índice, excediendo las fronteras de la mano, ascendiendo por la muñeca del monarca, como si quisiera estirarse y colarse bajo su camisa. Primero el dedo, a modo de apéndice explorador, y luego todo él, dejando el traje vacío en el suelo, convertido en un saco, y poseyendo al huésped como una medusa resbaladiza. Un parásito.

Nada del otro mundo. Al fin y al cabo, un acto llamado besamanos parece el caldo de cultivo idóneo para toda suerte de parásitos. Lo curioso de este es que es un parásito sin referencias, al menos en principio —ya veremos—; un parásito hecho a sí mismo. Los medios lo llaman “el pequeño Nicolás”, como si fuera el título de una colección de cuentos infantiles, pero estoy convencido de que él hubiera preferido “Nicolás I, el Grande”. Nadie habla de otra cosa, todos parecen muy sorprendidos de las hazañas de Francisco Nicolás, incluso aquellos altos cargos y gerifaltes varios con los que comparte foto en Facebook. Nadie se explica cómo ha llegado a hacerse pasar por asesor del Gobierno, por agente del CNI o por enlace del Partido Popular con la Casa Real. Tampoco dan crédito a su vida social, su papel en FAES, sus contactos o su presencia en la foto que nos ocupa. De hecho, esto último, como súbditos preocupados que son, les indigna especialmente.

A mí, lo del besamanos me parece lo de menos. Además, desconozco quién va haciendo fotos a todo el mundo. Yo pensaba que solo se retrataría a personajes de relevancia, pero mucho me temo que han optado por “el sistema montaña rusa”, o lo que es lo mismo, hacer una foto a todo el mundo según va pasando y que la compren a la salida, si es que les gusta. Lo grave es que se haya podido desenvolver a tan alto nivel sin levantar sospechas y proponiendo chanchullos en nombre de instituciones públicas. Y es grave, no por Nicolás, sino por los demás, por todos los que no sospecharon, porque nos obliga a pensar al menos dos cosas: la primera es que para ser político sólo hay que actuar como tal, no se necesitan credenciales más allá de los contactos, ni conocimientos más allá de saber hablar como quien los tiene; la segunda es que los chanchullos propuestos en nombre de instituciones públicas deben de estar a la orden del día y deben de ser efectivos, porque a nadie sorprenden y a muchos les parecen dignos de pago.

Esos son los síntomas. La historia es otra, un fidedigno retrato del Spanish Dream. Recordarán que el American Dream consiste en que cualquier persona debería poder ascender en un sistema que premia los méritos y la autorrealización. Nuestro Spanish Dream ha demostrado que un chaval de mi barrio, de La Prospe, hijo de una familia trabajadora de derechas —con todo lo que eso denota— puede llegar a las más altas esferas políticas mediante la mentira, la estafa, el postureo, la coba y el lameculismo selectivo.

Eso nos da pistas de lo bien que lo estamos haciendo.

Nacho Carratalá

Periodista de formación, incansable aspirante a escritor, inventor de la verdad absoluta y de la mentira relativa. Juntaletras vocacional, al fin y al cabo.

2 comentarios

  • […] del fraude; Pablo Iglesias, la novedad oscura; Felipe, el coronado sin corona; y, ¿cómo no?, Nicolás, el fotogénico de […]

  • […] mismo, Nacho Carratalá se ocupa de la figura, y de su artículo cojo el título del mío. Llamado por todos “el pequeño Nicolás”, yo sí creo que merece el […]

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