Trece maneras de insultar a una mujer

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Feminismo, machismo

En la carrera del tiempo hasta nuestros días, las mujeres hemos sido esclavas de nuestra condición, relegadas al papel existencial de hija, madre o esposa, concebidas y moldeadas para satisfacer siempre a los demás.  Pero, en esto que se etiqueta como “mundo desarrollado”, ahora es posible perseguir nuestra satisfacción personal; siempre y cuando nos permitamos hacerlo. Y es que, en la batalla contra el machismo, el enemigo más difícil de combatir somos las propias mujeres.

Esta lacra paradójica que es el machismo femenino se arrastra por múltiples canales, muchos de ellos vinculados con el núcleo familiar. Pienso en esas abuelas enganchadas a las costumbres tradicionales, que crecieron “en otros tiempos”, en un pasado al que se mantienen fieles, como si nunca dejasen, realmente, de vivir en él. También en las madres que se escandalizan si su marido se aproxima a la plancha o esbozan una sonrisa complaciente al servirle el plato de comida ellas mismas. Viene cansado, piensan; se lo merece.

Pero, ¿cómo se alimenta el machismo femenino? Si la tradición y el decoro eran el caldo del que bebía la sumisión consentida e interiorizada en el pasado, a día de hoy este discurso machista de las mujeres para las mujeres se manifiesta, camuflado, en expresiones culturales como las revistas femeninas. Cuando era adolescente, publicaciones como Bravo o Superpop causaban furor entre las jóvenes de mi edad. En ellas se incluían textos del tipo: “Descubre a tu príncipe azul”, “Aprende a estar perfecta para él” o “Diez prendas a las que no podrá resistirse”. Contenido aparentemente inocente que soportaba, sin embargo, una peligrosa carga sexista. A día de hoy, las mujeres adultas suelen leen revistas del corazón, tendencias y moda como ¡Hola!, Marie Claire o Cosmopolitan. Y es precisamente esta última la que me ha puesto en pie de guerra.

Con un séquito de seguidoras en todo el mundo, la revista Cosmopolitan cometió el soberano error de publicar en su edición digital mexicana las supuestas claves para tener una relación estable y duradera. Bajo el título “13 tips románticos y dulces para dominarlo” se escondía el mayor insulto que he leído en los últimos tiempos. Un texto de contenido repulsivo basado en la convicción de que una mujer debe dominar a su pareja y, para ello, la primera en ser dominada debe ser ella misma.

Los trece mandamientos de la necedad presentes en la publicación señalan que debemos dejar que él se coma el último bocado aunque tengamos mucha hambre, dar sin esperar nada a cambio, dejarle escoger la película o programa que quiera, (¡atención!) si vivimos juntos, comprar la leche y el papel de baño sin decírselo, hacer una posición o fantasía sexual que quiera probar aunque a nosotras no nos guste tanto como a él, no hacer planes después si nos invita a un evento del trabajo, prepararle el café cada mañana, ayudarle si está ocupado, comprarle la medicina o un par de calcetines, cobijarlo, hacerle un cumplido, sorprenderle y, por último pero no mejor, desviarnos de nuestro camino para ayudar a sus amigos.

Diariamente, la barbarie sale publicada sin que podamos evitarlo. Paco Marhuenda y su “desgrecia” saben a qué me refiero. No obstante, artículos como el de la revista Cosmopolitan traspasan cualquier umbral de ética o dignidad existente. Condenarlos no es sólo una cuestión de feminismo, sino también de sentido común. Porque, para no quedarse con hambre de vivir, no hay mejor manera de ser hombre o mujer que aprovechar siempre hasta el último bocado.

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