Hombres contra mujeres: la guerra continúa

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prostitución y aborto

Dos noticias protagonizadas mayormente por hombres pero cuyas destinatarias —y víctimas— son mujeres. Albert Rivera, el líder ascendente de ese experimento político del laboratorio del centro derecha que es Ciudadanos, dice que, si es presidente, legalizará la prostitución. Entre otras razones, alega Rivera que supondría ingresar “seis mil millones de euros a la Hacienda Pública en tiempo de recortes”. Y que es esta, la prostitución, de hecho, que no derecho, “la tercera actividad económica del país”. Otro, Mariano Rajoy, que ya es presidente, y atendiendo al caleidoscopio de las encuestas electorales, vuelve como amenazante Guadiana a poner en marcha la maquinaria que despoje a las mujeres de su derecho legal a ejercer libremente su maternidad y deroga partes esenciales de la Ley Aído sobre el aborto.

¿Qué tienen en común ambas propuestas? Al menos, tres puntos. Uno, y principal, que ambas atacan, bien que por razones distintas, a los derechos y a la dignidad de las mujeres como género. Un segundo apartado es que las dos son en su génesis básicamente legislaciones hechas, proyectadas, pensadas esencialmente por hombres pero que no van destinadas a los hombres. Al menos, no de forma preferente. Y un tercer elemento y no menor es que en ambas se puede atisbar la utilización espuria de la mercadotecnia electoral para cuestiones y temas que afectan a los derechos fundamentales como justificación implícita, que no explícita, de sus objetivos.

En el aborto es evidente que lo hacen justo ahora, en la antesala de dos citas electorales, para intentar retener el voto más conservador y próximo a la jerarquía católica, y en el caso de la prostitución, porque muy probablemente la medida anunciada cuente con el beneplácito demoscópico de una parte mayoritaria de los hombres.

¿Guerra de hombres contra mujeres? ¿Leyes de hombres contra las mujeres? De momento son, ya digo, solo dos hechos, dos noticias aisladas, que nada parecen tener que ver entre sí pero que muestran una tentación, un camino, una intencionalidad política: la utilización de los derechos de la mujer para rellenar huecos electorales en órganos políticos ocupados mayoritariamente por hombres. ¿Demasiado simple? Puede. Pero, a veces, lo simple no está tan lejano ni reñido con la explicación de la realidad de todos los días. Al fin y al cabo, la historia reciente está llena de gestos como estos. Del gobierno de los hombres contra las mujeres.

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