Mónica Oltra que estás en los cielos

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Mónica Oltra es hoy una estrella emergente en el desolado firmamento político de la Comunidad Valenciana. Una estrella a la que muchos —periodistas, empresarios…— tratan de acercarse para buscar cobijo bajo su sombra. Su estrella crece y crece ante el asombro de propios y extraños y ya se la compara con esas otras figuras femeninas emergentes como Ada Colau y Manuela Carmena. Por eso, quizá sería bueno empezar a desbrozar, a modo de juego de espejos, parecidos y diferencias. Aquí, solo unas pinceladas.

Lo que queda claro es que Compromís sigue en campaña. Cogidos a la cola de su cometa más esperado, han conseguido un excelente resultado en las elecciones autonómicas y municipales del 24-M, un resultado lo suficientemente bueno como para permitirles seguir movilizados como están y en estado de euforia permanente, pero posiblemente insuficiente para alcanzar la gloria para la que se embarcaron en este viaje: la Presidencia de la Generalitat Valenciana. Eso, posiblemente, tendrá que esperar.

Pero, a la luz de esta realidad incontestable, cabría quizás hacerse algunas preguntas sobre el fenómeno Oltra: ¿dónde está el secreto de esta realidad, de este hiperliderazgo?, ¿es Oltra la Colau o la Carmena valenciana, tal y como algunos, cada vez más, apuntan  e insisten? Esto, ya se sabe, siempre será subjetivo, pero hay datos que pueden hacer pensar que un poco las cosas pueden ir por ahí. Tratar de unir su nombre al de aquellas como referente de los nuevos tiempos para la izquierda social sería y es ya, sin duda, un notable éxito de ‘marketing’ político.

Este hecho viene, en parte, abonado por la realidad del momento. La falta de referentes, la orfandad de liderazgos morales y sociales en los que se ha movido la izquierda social y política de esta tierra, la Comunidad Valenciana, en los últimos cuatro lustros, copados por el poder más absoluto del Partido Popular, puede que sea parte de la explicación. Sobre ese paisaje y sobre ese erial lleva Mónica Oltra construyendo y mimando su imagen, y ahora, posiblemente, empieza a recoger los frutos de aquel trabajo. Y sí, efectivamente, este hambre de referentes puede que inicialmente juegue su favor. No así otros.

Como aquellas, Colau y Carmena, Oltra habla el lenguaje de la gente corriente en sus actos públicos, tiene el punto de descaro suficiente que hace que se le permita formar parte del grupo. Cuando la escuchas, la última vez en el Club Información de Alicante el pasado lunes, donde reventó el aforo, puedes tener la impresión que te habla a ti, de que es, con perdón, una madre acogedora, cercana, que compagina de forma inteligente la comprensión con la reprimenda, que no intenta agasajar más de lo necesario ni prometer imposibles, que tiene claro que hay cosas que no son urgentes, sobre todo aquellas referenciadas a cuestiones identitarias por las que una y otra vez se le interpela, ese alma nacionalista de su propio partido que oportunamente anda guardada en el armario y que ella sabe que debe esconder si no quiere romper el embrujo del que disfruta. Eso, y poner el foco en la lucha contra la emergencia social, son mensajes que amplían el foco y la red de acogida, que de alguna manera la acercan a Colau y Carmena.

Pero hay otros puntos que la alejan y distorsionan esa imagen. A diferencia de aquellas, Colau y Carmena, Oltra tiene un pasado político conocido. Es militante de unas siglas —Iniciativa y Compromís— y tiene tras de sí unas idas y venidas que le han hecho heredera de una larga trayectoria con muchos cadáveres dejados en ese camino, esa parte que sus más próximos y ella misma tratan de ocultar, fruto quizá de ese mal disimulado protagonismo y ambición desmedida que algunos de sus ex compañeros de viaje le achacan. Colau viene de los movimientos sociales y alcanzó su conocimiento público con la PAH y Carmena tiene una edad cuya trayectoria moral, profesional y vital le permite ser parte de un proyecto político planeando por encima de las siglas que lo integran, que la autorizan para remarcar que ella “no es de Podemos”. Nada de eso tiene Oltra. Su conocimiento público está referenciado a su trayectoria reciente en las Cortes Valencianas, a su firmeza en la defensa de principios y derechos, a una excelente y notable campaña de imagen basada en unas cuantas camisetas que la proyectan hacia fuera. Lo trató de explicar el lunes en el Club Información: las camisetas no eran una impostura contra la institución de la que formaba parte, las Cortes Valencianas; eran la manera, la única manera, de hablar cuando no te lo permiten, cuando te retiran la palabra, vino a decir Oltra.

Y hay otro peligro de última hora, la tendencia insana a creerse que es ella la única voz de la izquierda emergente. Algo de eso dejó también entrever en su intervención en el Club Información, una realidad que casa mal con la realidad de los hechos. Puede que ella, Oltra, haya capitalizado como nadie esa denuncia política contra la corrupción, pero negar a otros —Izquierda Unida, sobre todo, y también a una parte del Partido Socialista y a movimientos ciudadanos diversos que han luchado como quijotes contra los molinos populares— esa parte de protagonismo, no sólo no es justo, sino que además puede ser el germen y motivo de serias desavenencias en los tiempos de pactos y necesaria transacción que se adivinan y en un mapa electoral muy fragmentado.

Hay, además, otro punto que puede que también sea una notable diferencia con Carmena y Colau y que podrían terminar confundiéndola. Es el estrellato y el ejército de aduladores que cada vez más la rodean y la reciben allá adonde va. El recibimiento en el Club Información tuvo algo de eso, de exceso, de parodia, de exageración. Eso, si no eres fuerte, puede llevarte por el camino equivocado. De hecho, el extraño —por no calificarlo de otra manera— acto organizado por el periódico Información a modo de homenaje a quien solo ha quedado tercera en una carrera puede que únicamente se entienda así: el intento de algunos de ser reconocidos como uno de los suyos ahora que el viento parece que ha cambiado de dirección.

Aunque no está nada claro, ella, Oltra, dice que lo sabe y que está advertida, que prefiere que le hagan preguntas incómodas, que le recuerden la parte oscura de la realidad a que solo le alfombren el camino. Así se lo hizo ver y agradeció públicamente a Andrés Pedreño, ex rector de la Universidad de Alicante, quien hizo de introductor de la nueva figura y estrella política en el acto celebrado en el Club, cuando este le trasladó algunas cuestiones veladamente incómodas.

En Gary Cooper que estás en los cielos, Pilar Miró nos cuenta la historia de una mujer madura con una trayectoria profesional plagada de éxitos a sus espaldas, que un día descubre que su vida puede que no haya sido tal y como la imaginaba. De eso se trata, de pisar tierra, de saber seguir llevando ahora también la camiseta oportuna, y de no querer ser quien no se es por mucho que quienes ahora te rodean te insistan en que lo eres. De no querer ser Colau o Carmena. De intentar ser, nada más y nada menos, que Mónica Oltra. De que alguien no tenga que decirte un día, más pronto que tarde: “Mónica Oltra que estás en los cielos…”

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