Los votos de la decencia

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elecciones del 24-M de 2015

No es fácil, lo sé. Para muchos, para la gran mayoría, casi nunca lo es. El camino siempre está lleno de recodos, de imprevistos, de baches que lo dificultan. Decía Emilio Lledó al periodista Juan Cruz en El País horas después de conocer que le habían concedido el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades: “Ojalá este domingo regrese la decencia”. Quizás sólo se trata de eso. De tratar de que florezca la decencia tras un largo camino plagado de malas hierbas.

Ni siquiera sabemos si estas palabras del viejo profesor serán posibles. Es más, en muchas ocasiones, bien conocemos por otras veces que ahora tampoco lo serán. Al menos, no del todo. Pero lo que si sabemos ya es que el paso del tiempo y las políticas crueles han hecho que lo que parecía imposible acabara llegando, acabara golpeando siempre del mismo lado.

Lo acaba de reconocer la OCDE en un informe oficial al señalar que la sima que se ha abierto entre los que más tienen y los que menos en los años de la crisis solo ha hecho que crecer y crecer, y que ese caldo es el que alimenta su insaciable voracidad. Lo dicen ahora, lo reconocen, sí, pero muchos de vosotros, de nosotros, ya lo sabíamos hace mucho tiempo. Lo habíamos leído en otros muchos informes, en otras muchas tragedias personales.

Ya sé que a la necesaria vuelta al bien común poco contribuyen los personalismos, la mediocridad, la mezquindad, la ruindad humana de la que han hecho gala, también ahora, muchos de los candidatos y partidos que piden nuestro apoyo. Demasiado ruido, demasiado hablar de ellos mismos, demasiada letra gruesa, demasiada podredumbre flotando sobre la arena pantanosa, demasiada destrucción, demasiado pugilato. Todo eso, lo sé también, lo sabemos todos, complica si cabe más la decisión. Lo hace todo más difícil, más si no eres un fan de los que pululan por ahí aplaudiendo enfervorecidos frases huecas, llenando plazas, si no militas, si no tienes carnet, si solo eres un ciudadano que busca el sendero que abre camino. Lo hemos visto y sufrido otra vez en una campaña llena de todo lo peor de las campañas de otras veces, en muchas ocasiones zafia, y en donde se ha hecho difícil buscar briznas de esperanza a las que agarrarse.

No votar es, recuérdalo por si alguien te lo echa en cara, un derecho. Tu derecho. Otra forma de expresar hartazgo, asco, impotencia, rabia, cabreo, indiferencia. De hecho es lo que muchos de ellos quieren que hagas porque así se sentirán más libres. “Si no votas, no protestes”, te dirán cínicamente después.

Pero si, a pesar de todo y de tanto, piensas que merece la pena esforzarse otra vez y tu problema es tratar de decidir qué hacer, ten en cuenta que, pase lo que pase, suceda lo que suceda, las cosas no van a ser nada fáciles al día siguiente, aunque entre todos logremos, paletada a paletada, arrinconar un poco a quienes nos trajeron hasta aquí. Hay demasiada podredumbre acumulada y harán falta litros de lejía para limpiar la pocilga que muchos de ellos han convertido nuestra casa, viviendo, ellos sí, por encima de nuestras posibilidades.

Y, recuérdalo también, tampoco merece la pena crearse falsas esperanzas. Desconfía de quien te promete un mundo feliz, de quien quiere hacer el camino sin ti, de quien no está dispuesto a escuchar, de quien sólo pide tu voto un día y te olvida el resto. Tras las lágrimas y sonrisas de la noche del 24-M, amanecerá el lunes y, si estás parado, el lunes seguirás parado; si eres emigrante sin asistencia sanitaria, el lunes seguirás igual: no la tendrás; si tienes dificultades para pagar las tasas de la universidad, nadie lo va a hacer este año por ti; si eres madre y te han echado de tu casa con tus hijos pequeños porque vieron la oportunidad de seguir haciendo negocio con tu esfuerzo, tampoco vas a poder volver a ella así como así; si te asquea oírles contar billetes, gastarse tu dinero en lujosos hoteles de cinco estrellas, y luego debes aguantar que se rían de ti diciéndote que “eso es lo normal”… Todo eso, recuérdalo, no cambiará de un día para otro. Harán falta muchos otros días.

Las cosas no cambian así como así y algunos, pase lo que pase, seguirán intentándolo, seguirán buscando cómo blindar sus privilegios y su descaro les llevará a intentar robarte el futuro a nada que te descuides. Es su forma de ser y de estar. Lo sabíamos bien, y ahora, en estos interminables días de eslóganes y promesas llenas de nada, lo hemos podido ver y comprobar una vez más.

Ya sé que sucedió otras veces. Que sientes, como lo sentimos muchos, traicionada tu confianza. Que algunos de los que te dijeron que no lo harían, pronto lo olvidaron y acabaron haciendo justo lo contrario nada más tener tu voto en su red insaciable e insensible al sufrimiento de otros. Pero, quizás y precisamente por eso, si a la hora de elegir a quiénes quieres para tu ciudad o para tu comunidad autónoma aún te quedan algunas dudas sin resolver, bueno sería recordar las palabras de Emilio Lledó: “Ojalá este domingo regrese la decencia”. Esto, seguro, no es la solución de todos los problemas, pero seguramente sí es el mejor de los principios para volver a creer.

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