La crisis del Día de la Marmota

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…………He pasado un fin de semana estupendo y ahora me toca hablar de política. Se jorobó la felicidad. Si es que, en este país, la política desmotiva, crea gente descreída, provoca desgana, desasosiego y todo lo que se os ocurra que comience por ‘des’ y que tenga que ver con el hastío. Por eso funcionó el 15-M, porque las personas necesitaban aire fresco y ánimo. Pero qué poco dura la alegría, qué fácil es cargarse la ilusión a ritmo de bofetada policial y desmantelamiento de un Estado del bienestar en el que, valga la redundancia, nunca llegamos a “estar”.
…………Yo no sé ustedes, pero es que tengo el alma, si es que me queda o si es que alguna vez tuve, más abajo aún que la línea seis del metro de Madrid. Las noticias sobre los escándalos de corrupción se agolpan con tanta rapidez que una ya no sabe si Bárcenas firma con el pseudónimo de Amy Martin o si el hijo de Pujol tiene un despacho el Génova y anda repartiendo sobres. La sanidad se va al carajo, la educación, ídem, el paro roza los seis millones de personas… Es que las desgracias son tantas y tan seguidas que la ciudadanía está noqueada. Nos han zurrado tanto que ya no podemos pensar con claridad. Personalmente, me siento en una nebulosa de desgracias, abrumada con la sobreinformación de malas noticias. Y yo me pregunto si esto no ha venido siendo así desde que tengo conciencia política.
…………Nací en el año 81, concebida, si echamos cuentas, en las cercanías temporales del golpe de Estado. Me consta que mis padres estuvieron en la calle peleando por la democracia desde bien jóvenes. Me consta que la primera vez que “la izquierda” —las comillas se las podemos poner ahora, que ya les conocemos el plumero— ganó las elecciones, mis padres brindaron con champán. ¡Cuánto lo lamentan ahora! Sé que tuvieron ilusión, que creyeron en el cambio de sistema político y que se desencantaron con el paso de la realidad sobre ello. Ellos han vivido varias crisis económicas y, como reza el mantra de esa generación, “ninguna como esta”. He aquí el apocalipsis, parecen decirnos.
…………Pero es que resulta que, cuando yo empecé a leer el periódico y a salir del cascarón, ya los Celtas Cortos cantaban: “Si en España el aumento del paro ya va por el tercer millón, y si el campo se va a la mierda y el poder huele a corrupción…”. Las primeras referencias sobre noticias políticas que me vienen a la memoria son el GAL, Rumasa, la cola del INEM, la palabra ‘crisis’, Roldán, el asesinato de Miguel Ángel Blanco, los fondos reservados, Hormaechea… Cuando salí de la facultad y empecé a trabajar, ya se empezaba a hablar de la mía como “la generación precaria” o “la generación perdida”, y eso que andábamos en las supuestas vacas gordas. La gente que había nacido unos cinco años antes, los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados), eran la primera generación que había accedido de forma masiva a la facultad y que hablaba idiomas. Su incorporación al mercado laboral coincidió con las prejubilaciones también generalizadas en las empresas de la nueva España de la Unión Europea, con el ladrillo en plena orgía y con los fondos de cohesión a pleno pulmón. Y así, coparon los puestos de responsabilidad formando un tapón para los que veníamos detrás. Sin embargo, incluso entonces, el desempleo patrio en los famosos momentos del déficit cero era abrumadoramente mayor que en el resto de Europa. Mi generación y las posteriores estamos, en términos generales, igual de preparados o más que aquella, pero rara es la persona de entre veintiocho y treinta y dos que haya cobrado en su historia laboral más de mil euros al mes, independientemente de su grado de formación o experiencia. ¿Cómo no estar desilusionados?
…………En esta edad deberíamos estar teniendo hijos y con la vida más o menos establecida, pero estamos emigrando, intentando cotizar algo entre beca y beca y escuchando todo el día que tenemos que trabajar de lo que sea. Hemos abierto los ojos al mundo de la política con la corrupción en una democracia joven ya violentada, pero se nos pide que trabajemos con ilusión, que dejemos a nuestras familias y nuestros amigos por un ‘minijob’ de seiscientos euros, que nos convirtamos en mano de obra barata nómada y que demos las gracias por tener trabajo a cualquier precio; pero también que reclamemos a nuestros dirigentes y que nos echemos a la calle. Eso sí, nada de romper farolas. Bastante bien lo estamos haciendo. Bastante asamblearia, demócrata, preparada, pacífica y civilizada está siendo nuestra lucha.
…………Yo me preguntaba, al empezar estas líneas, si en realidad la crisis no empezó mucho antes de 2009, porque yo la recuerdo eternamente planeando sobre mi cabeza. Las crisis dan miedo, el apocalipsis asusta, y la gente asustada es siempre más fácil de manejar. Yo no estoy asustada, pero tampoco me quedan fuerzas, ni ilusión; se me estén pasando las ganas de pintar flores en las pancartas de Sol y, más bien, me apetece romper farolas e incluso alguna que otra crisma. Sin embargo, como he sido muy bien educada en democracia, volveré a la asamblea de mi barrio, volveré a la calle el día 23 de febrero, o los días que hagan falta, a chillar a nadie y a deambular esquivando porras y pelotas de goma. Una y otra vez. Sin esperanza ni ilusión, la verdad, pero resistiéndome a la resignación.

5 comentarios

  • Responder enero 28, 2013

    Estitxu Espejo-S.

    Y quería aprovechar este artículo para dedicárselo a mis padres, que me educaron en democracia y con ilusión. Porque lucharon por ella, cuando pocos lo hacían, esa generación ha sido la verdaderamente traicionada.

  • Responder enero 29, 2013

    Aure Hormaechea

    Me ha gustado mucho el artículo, pero tengo una duda, después de hablar de los fondos reservados, pones Hormaechea, ¿te refieres a el ex-presidente del Gobierno cántabro Juan Hormaechea? quien fue condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria a una pena de tres años de cárcel por un delito de prevaricación ¿no? fue en el 2002.
    Si no es por éste ya me dirás, que no lo pillo.
    Somos un país maravilloso en manos de impresentables.
    Felicidades por tus artículos.

  • Responder enero 29, 2013

    Estitxu Espejo-S.

    La condena es de 2002, pero el proceso es muuuy anterior. Y tranquila, que no tiene nada que ver con nuestra familia. Ja, ja, ja, ja.
    Me refiero al ex Presidente de Cantabria.
    De la Wikipedia, Juan Hormaechea:
    “(…) Antes de concluir el mandato, en el año 1994 Juan Hormaechea dimitió de su cargo como consecuencia de una sentencia judicial que lo condenó a 6 años de prisión y 14 de inhabilitación, aunque debió permanecer como Presidente en funciones al no encontrar sustituto el Parlamento”.

    Un beso, tía.

  • Responder febrero 7, 2013

    Alonso Posadas

    Cuando el 23-F, yo tenía 19 años y, por alguna razón, me sentí tranquilo. Yo pensaba: “Esto pasará pese a lo feo que pinta”, y lo pensaba en esencia porque (aparte de desear que pasara) no era tiempo ni época para militares con ganas de mandar en todo y a todos en una Europa que caminaba en otra dirección. Lo del 82 con Felipe fue la bomba. Yo estaba en la mili. La ilusión era grande, creíamos en cielos azules, campos verdes, sol, sonrisas, trabajar codo con codo y construir un mundo mejor. Hoy echo vista atrás desde este Alcatraz lleno de mafiosos que se descojonan de la gente de bien y esforzada con la que conviven y creo que la sensación es la misma de un anciano enfermo y con mala suerte, que en los últimos días de su vida contempla cómo su vida ha sido un racimo de esfuerzos poco o nada recompensados y un cúmulo de sinsabores que se agolpan todos juntos para mirarte a la cara, sacarte la lengua y decirte que tu vida ha sido una colección de quimeras inalcanzadas porque, sin tú saberlo, eran incalcanzables salvo que, claro está, te dedicases a robar. Gran tristeza, gran tristeza. Buen artículo, Estitxu; me ha calado pese a que yo ya andaba bastante húmedo con todo esto.

  • Responder julio 13, 2013

    Shy Girl

    Mi historia es muy parecida (somos casi de la misma generación). Por si fuera poco, vivo en una ciudad pequeña, donde el eco del 15M ha sido limitado, por lo que me siento bastante sola; y perdí tres años fundamentales por razones personales, por lo que mi situación, a mi edad, es delicada… Pequeño desahogo en un momento de moral baja…

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