Ilusión de libertad

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…………Vivimos en un mundo extraño donde una gran cantidad de individuos viven con auténtica preocupación por lo que hacen en sus catres el resto de sus congéneres. Y, sin embargo, a la vez es un mundo, este nuestro —y por “nuestro” entiendo más o menos blanquito, occidental y de tradición judeocristiana, que es el que conozco y en el que me reconozco como ser que vive y habla—, que se proclama adalid de la libertad y dice vivir obsesionado con salvaguardar el libre mercado, hijo primogénito y predilecto de doña Libertad. Pero si una empieza a mirar con cuidado, resulta que de libre mercado…, una mierda, y que de libertad así, en grande y genérico —en plan superderecho humano de primera generación poderoso e inalienable— menos todavía. En cuanto al libre mercado, según la teoría clásica, y hasta donde yo recuerdo, el Estado debería limitarse a asegurar que funcione de verdad la libre competencia para que todos estos seres económicos que dicen que somos partamos de una misma situación. Ahora miremos, por ejemplo, las empresas de telefonía y rían amargamente conmigo: juas, juas, juas. Ahora miremos, por poner otro ejemplo, el mercado de la energía en general y lloren conmigo al tiempo que recuerdan su factura de la luz y la de veces que han cambiado de compañía intentando beneficiarse con su  competición de precio para terminar pagando las mimas cantidades desorbitadas: bua, bua, buaaa. Y yo no entiendo mucho de economía, pero lo que anda fraguándose con las energías renovables y concretamente con la solar… huele a medida muy fea, muy poco respetuosa con la libre competencia y muy, muy intervencionista.
…………Claro, que, si esa, la libertad de mercado, es la gran base con la que se sustenta nuestro justísimo sistema y se la pasan por el arco del triunfo, ¿cómo vamos a pretender que los Estados velen por la libertad de pensamiento, la libertad sexual, la libertad de conciencia, de opinión o prensa, o el libre acceso a la educación? ¿Estamos locos o qué? Pero es que, para poder tener libertad real, habría que reivindicar la igualdad de oportunidades, que todo el mundo tuviera de facto el mismo acceso a los recursos para poder elegir. Y eso si hablamos sólo en el terreno de lo material, porque me pregunto cómo se podría hacer en el terreno de lo simbólico, que es lo que verdaderamente y de forma más taimada acaba actuando siempre sobre lo material. Antes de que me acusen de paranoica y tal, pongamos algún ejemplo: ¿tiene de verdad una persona libertad sexual y de autorrealización en España?, y diríamos: “¡Sí! ¡Sí! Hasta se pueden casar los homosexuales y todo. Y yo tengo amigos gais que se dan besos por la calle”. De acuerdo, parece que hay libertad de derecho porque los homosexuales pueden casarse, andar por la calle sin que les apedreen y besarse “y todo” —en fin, habría tela que cortar, pero lo dejamos para otro día—. Pero ¿qué pasa, por ejemplo, con las personas transexuales o las personas transgénero? ¿Cuántas de ellas habéis visto trabajando en un banco, en una panadería, en un colegio, etcétera? ¿De verdad es fácil la incorporación al mercado laboral de las personas que eligen libremente no introducirse en un género X o Y? ¿De verdad alguien cree que es factible hacer una entrevista de trabajo en una multinacional teniendo cara de llamarte María y con un DNI donde dice que te llamas Pedro, o llamándote María pero llevando barba a propósito? ¿Y qué pasa con todas las personas que no consiguen introducirse en el fascista —sí, sin tapujos lo digo— mercado laboral? ¿No quedan en situación de exclusión social —vaya término, por cierto— sin poder pagarse sus necesidades mínimas?
…………En casos como este opera, sin duda, lo simbólico sobre la libertad, porque la sociedad también es coercitiva y normativa. Desde ciertas cabezas pensantes,  sobre todo las cabezas religiosas, las cabezas de chorlito y las cabezas que gritan la divinización de “lo natural” cuando quieren decir “tradicional”, se imponen códigos morales y reglas que las leyes escritas no se atreverían a dejar patentes, o que incluso relegan a las segundas a mero papel mojado. Pongo otro ejemplo: ¿tiene de verdad una persona asalariada la posibilidad en este país de mandar a la mierda su puesto de trabajo si sus condiciones son malas, o si se pasan por el forro sus derechos? Bien, según el código, la tiene, pero la realidad es muy otra: miedo al paro y a la exclusión social, a no poder pagar tu casa y quedarte en la calle, a tener que emigrar y, por si fuera poco, incluso a que tu familia piense que ha sido una tremenda irresponsabilidad.
…………Así que dejémonos de bellas falacias; en el mundo de cada día, el que vivimos como individuos, la libertad no existe.  Además, ocurre que esas cabezas de las que hablábamos antes votan y son votadas, y en ocasiones —muchas más de las que deberían—, tienen la capacidad de redactar leyes, así que sacan la guadaña y empiezan a dejar escritas y con obligatoriedad formal los recortes sociales que podrían hacer posible la igualdad, e incluso crean normas para limitar las libertades: los autodenominados “liberales” recortando libertades; el mundo al revés. En el caso de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, está siendo sangrante: la anunciada reforma de la ley del aborto, la limitación de la posibilidad de gestionar solo a mujeres casadas y estériles la reproducción asistida, excluyendo así a mujeres solteras y lesbianas fértiles, etcétera.
…………No me considero comunista, ni socialista ni liberal. De hecho, no sé muy bien qué me considero más allá de feminista. Pero sí creo en la buena intención absurda e ingenua de quienes crearon las teorías que sustentan los modelos políticos clásicos. Y creo que un sistema verdaderamente liberal, que partiera de cero, sin privilegios de nadie y en igualdad de condiciones, quizá sea una bella idea, pero es igual o más utópica que el comunismo y que la anarquía. Pero, efectivamente, son creaciones de la modernidad, de la época de los grandes modelos sistémicos, y ha quedado claro que esos modelos no funcionan, por muchos parches que se les ponga: no es suficiente con retocarlos.
…………Así que basta con esta ilusión de libertad absoluta, de sensación de omnipotencia individual falsa y sobrevalorada, aliñada y afianzada con el entretenimiento de consumo exportado del “país de las oportunidades”, que hemos reproducido aquí a imagen y semejanza con nuestra caspa propia.  Seamos conscientes, al menos, de la mentira en la que vivimos, porque no se puede reiniciar ningún sistema si no vemos el origen del problema, y el nuestro es seguir creyéndonos individuos que deciden cuando no somos más que un numerito de una rueda rota que ya ni siquiera gira. Dejemos de ser esa clase obrera, en fin, que asume el discurso de quien oprime y que se siente clase privilegiada porque tiene un apartamento en Benidorm.

2 comentarios

  • Responder agosto 23, 2013

    M

    Das por hecho que en España vivimos en un liberalismo. Y nada más lejos… hay un intervencionismo brutal. Que nadie diga PP por favor, esos son liberales para lo que les conviene.

  • Responder agosto 25, 2013

    Estitxu Espejo-S.

    Buenas tardes.
    No he dicho que vivamos en un “liberalismo”. He dicho que vivimos en una sociedad que se autodenomina “liberal” y hago precisamente crítica de que eso no es cierto.
    Es decir, he escrito justo lo contrario. Y, por cierto, no he hablado de partido alguno.

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