Encantarse (como Cantó)

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…………Toni Cantó se encanta. Bárcenas se encanta. El inepto del INEM que maltrata al parado cincuentón porque se lía con la documentación o porque no entiende el servicio ‘online’ también se encanta. La bestiaja de la ventanilla del centro de salud que el otro día le dijo a un inmigrante a viva voz, para que todos nos enterásemos de lo valiente que era, que esa tarjeta ya no le valía para el tratamiento del VIH, se encanta. Cospedal, en la versión casposo-corrupta de los hermanos Marx y su trabalenguas de “la parte contratante diferida”, se encanta. Zapatero haciendo poemitas sobre la tierra y el viento mientras el país que dirigía se iba pique, se encantaba.
…………Yo no sé mucho de casi nada, así que no sé de dónde viene tanto autoadorarse, pero no puedo evitar que me chirríe que haya tanta gente encantada de haberse conocido mientras su vecino se va a la mierda y no llega a fin de mes, su sobrina emigra por falta de recursos y una de su pueblo que conocía de pequeño se ha suicidado en la sucursal de su banco. Es cierto que no podemos vivir con el ‘mea culpa’ y el látigo judeocristiano azotándonos constantemente, pero un poco de autocrítica quizá no estaría de más. Igual, después de todo, nos venía mejor de lo que creemos aquello del sacramento de la confesión, para que al menos se nos obligara a reflexionar y repasar mentalmente el mal cometido, por acción y por omisión. Aunque los pecados católicos de entonces —y de siempre— no me sirven, porque el mal no está en cuántas veces te masturbas o has dejado de ir a misa.
…………Estoy en una edad en la que mucha de la gente que me rodea empieza a tener hijos. Mira tú, se atreven, bajo condiciones de precariedad, a reproducirse —¡para que digan que los jóvenes no tenemos esperanza!—. Y veo en ellos una obsesión importante por eso que llaman “educar en libertad”. Suena precioso, ¿verdad? Pero a pocas personas he visto educar en igualdad y en empatía. En entender el dolor ajeno. Es rarísimo ver a padres y madres diciendo “no” a sus hijos y sé que a más de uno le va a escandalizar esto que digo. Pero hay que poner límites a los adultos y, por tanto, también a los niños. No todo vale. He visto cómo muchos de estos “educadores en libertad”, con el paso del tiempo, mientras las criaturas crecen, poco a poco, van siendo controlados por sus vástagos, quienes, en pro de esa libertad absoluta para hacer de todo, acaban por convertirse en pequeños tiranos rayanos en la sociopatía que no reconocen el sufrimiento del otro. O lo que es peor: lo entienden y lo ignoran. Esa mal entendida libertad hace que el niño acabe convirtiéndose en el carcelero emocional de sus padres. Y yo, que sé demasiado poco de todo, me pregunto si esa “libertad” no es en realidad la ilusión de ser todopoderosos que nos brinda la ideología del individualismo neoliberal que se nos ha colado en todas las esferas de la vida: somos individuos libres, pero para poder desarrollarnos en la libertad absoluta tenemos que devorar al resto de los individuos. Y allá cada cual con sus amputaciones. Ser bueno se identifica con ser débil y apelar al altruismo con ñoñería.
…………Cuántas veces hemos escuchado cosas como: “Es que el Estado no es mi padre, así que, si te echan del trabajo, te buscas otro y, si no encuentras, el Estado no tiene que darte de comer. ¡La vida es dura!”. O: “Antes de que me pisen, paso yo por encima”. Etcétera. Y cuántas veces hemos visto cómo las personas que sostenían estos discursos se estaban encantando a sí mismas. Se estaban sintiendo fuertes y poderosas. El mal es banal, es cutre, y lo llevamos encima puesto todo el día para defendernos y excusarnos. No existen los villanos de los cómics, divertidos, sublimes y hasta elegantes. El mal lo hacemos cada día, cuando miramos hacia otro lado y hacemos gala de ello. El mal es que en este país haya cientos de mujeres que mueren por violencia machista, que haya millones de personas sin trabajo, que no quede dinero para subsidios, que una persona con VIH vaya a morir lentamente por no tener asistencia, que nuestro país se hunda… Y que frivolicemos con ello con tal de ser ‘trending topic’ en Twitter, y encima, nos encantemos.

16 comentarios

  • Responder febrero 27, 2013

    torno

    Me pareces una mujer cobarde, con miedo de sí misma lo digo y me encanto.

    • César Noragueda
      Responder febrero 27, 2013

      César Noragueda

      Es lo que tienen los prejuicios, sobre todo si son tan absurdos: uno va por la vida sacando conclusiones precipitadas y no se entera de cuál es la verdad aunque esta salte y le muerda en el trasero.

    • Responder febrero 27, 2013

      Luis Lloredo

      A mí lo que me parece cobarde es despacharse con un comentario así de absurdo, frívolo, gratuito y maleducado frente a un artículo con argumentos y publicado con nombre y apellidos.

    • Responder febrero 27, 2013

      Ricardo Viejo

      Pues pienso todo lo contrario, “Torno”, sobre todo porque aporta un razonamiento y argumenta sus opiniones, que puedes compartir o no. Descalificar gratuitamente es muy fácil, razonar y argumentar ya no lo parece tanto.

      Así nos va, que de modo general en vez de debatir los asuntos en su fondo, se recurre al comentario superficial, facilón y que busca quedar por encima del otro de manera irracional, descalificándolo sin más motivo que el no compartir sus propias opiniones.

    • Responder febrero 27, 2013

      Estitxu Espejo-S.

      ¡A mí también me encanta usted! ¿Cómo no? ¡Un psicoanalista gratis! ¡Altruismo puro!
      Y debe de ser usted de los buenos, porque en un segundín ha llegado a un diagnóstico.
      Si quiere, dese por favor un paseíto por el resto de los artículos para que veamos qué otros trastornos padezco.
      Saludos.

      • febrero 27, 2013

        Antonio Celis

        Que se pase por mi columnata también, por favor. Quiero mi psicoanálisis y mi revolución en los comentarios, ja, ja, ja.

  • Responder febrero 27, 2013

    Borja Contreras

    Un gran artículo. El problema que planteas es clave: la libertad como bien individual y entendido contra las demás individualidades, o la libertad como valor que se consigue en el seno de la sociedad.
    La presencia de esos individuos que se aman mientras exhiben con impudicia su estupidez es, desgraciadamente, cotidiana en nuestro país y en nuestro tiempo. Y, dramáticamente, afecta desde a gente poderosa hasta a personajes miserables. Eso también lo has expuesto con precisión. La combinación de estupidez y prepotencia es el peor de los estigmas de nuestra época.

    • Responder febrero 27, 2013

      Estitxu Espejo-S.

      Vaya, Borja; lo has explicado mejor que yo.
      Efectivamente, la libertad es la que se consigue en el seno de la sociedad, y desde mi punto de vista, en colaboración o cooperación y no en lucha. Con la crisis actual —económica, pero sobre todo de valores—, el paradigma de la competencia parece hacer aguas. Y vuelves a dar en el clavo: la libertad, no como un “bien”, sino como un “valor”…
      En fin, lo que acabo de decir, que lo has explicado mucho mejor que yo.
      Gracias.

  • Responder febrero 27, 2013

    Juan

    ¿Y no podría ser que esos personajes que citas en el fondo se odien y tengan que disimularlo bajo un falso complejo de superioridad? Lo digo porque cuanto más los conozco en el día a día, más me da la sensación de que son bastante desgraciados.

    • Responder febrero 27, 2013

      Estitxu Espejo-S.

      Es probable que algo de eso haya también, la verdad. O quizá eso nos decimos los demás para poder soportarlo mejor.
      Tengo la sensación de que se encantan verdaderamente y que la ideología imperante refuerza y anima este tipo de comportamientos.
      Muchas gracias por tu comentario, Juan.

  • Responder febrero 27, 2013

    Antonio Celis

    El primer párrafo del artículo es magistral. Muy bueno. Difiero, como era de esperar, en el concepto social-libertario, pero comprendo y valoro tu punto de vista.

    • Responder febrero 27, 2013

      Estitxu Espejo-S.

      Gracias, Antonio.
      Me imagino que, a veces, desde las dos puntas de un cabo se puede llegar al mismo nudo. Yo, que te leo —y es siempre un placer—, aunque no suelo estar de acuerdo en ciertos planteamientos tuyos, suelo compartir muchas de tus conclusiones. Así que un honor para mí que te haya gustado mi primer párrafo.
      Un saludo.

  • Responder febrero 28, 2013

    Erizo

    Hola,

    comparto plenamente tu análisis y, como padre de familia numerosa y ahora abuelo, nunca he comprendido que los padres se sometan de tan bobo modo a los caprichos de los críos.

    Como no es cuestión de extenderse sólo aporto un ejemplo de claro, a mi modo de ver, sometimiento al “american way of leches” (neoliberalismo total), y es esa obligación autoimpuesta de ir a ver todos los partidos de lo que sea que juegan los hijos y el comportamiento de los padres en los graderíos.

    Al final del artículo, cuando escribes “que en este país haya cientos de miles de mujeres al año que mueren por violencia machista” supongo que has sido víctima de un lapsus, habida cuenta que, según leo, no llegan a cien al año:

    http://ibasque.com/mujeres-muertas-en-espana-por-violencia-machista/

    lo cual sigue siendo un desastre, pues nadie debería morir por causa de violencia ajena, obviamente.

    Saludos cordiales.

  • Responder febrero 28, 2013

    Estitxu Espejo-S.

    Sí, sí, sí, sí, sí. Embrollo y error imperdonable. Quería poner “el mal es que en este país haya cientos de mujeres que mueren por violencia machista”. Luego quise decir “miles en el mundo al año” y me embrollé. Ya ha sido corregido.
    Gracias por avisar.
    Un saludo.

  • […] una personalidad de esta envergadura. Los alfeñiques que hoy en día lideran a la masa ignorante y encantada de conocerse (los Chávez, Bush, Obama, Kirchner, Aznar, Wojtyla, Juan Carlos de Borbón, y un largo etcétera) […]

  • Responder enero 6, 2014

    Shy Girl

    De porqué los niños se vuelven abusones en cuanto perciben que alguien es buenazo y vulnerable, no puedo ofrecer ninguna explicación.
    Con respecto a esa sociopatía que estoy harta de encontrar en conversaciones de la calle, y en comentarios en Internet, quizás me aventuraría a decir que es lo que la Teoría de Juegos llama “miedo al free rider”. Según la Teoría de Juegos, la socialización y la colaboración son la opción más racional, la que más maximiza resultados minimizando costes (esfuerzo individual, riesgo asumido…). Pero el miedo a que surja un “gorrón”, alguien que quiera beneficiarse del trabajo de la comunidad sin aportar su esfuerzo, hace que todos opten por la salida “individualista” (sálvese quien pueda), aunque suponga mayor esfuerzo y no tengamos ninguna garantía. Los discursos del PP criminalizan a los parados y a los inmigrantes por esa razón: haciendo recaer sobre los parados la sospecha de que son unos “vagos” que viven muy cómodamente de los impuestos de los demás, logran que los obreros, los autónomos y demás se vuelvan hostiles a todo lo que huela a socialización. Incluso la tímida redistribución del Estado del Bienestar, a través de impuestos. “Es injusto que yo trabaje para mantener la Seguridad Social, y que un inmigrante que ha cotizado menos que yo tenga el mismo acceso a la Sanidad, o que apenas me beneficie de la asistencia social porque los parados tengan preferencia”. Un historiador diría que la crisis de los 70, el paro que se volvió crónico a partir de entonces, hizo que la clase obrera se dividiera en parados y trabajadores,nacionales y extranjeros, jóvenes y viejos, funcionarios y autónomos… y la solidaridad saltó por los aires.

    Espero que no suene agresiva esta pequeña crítica, pero culpar de las desigualdades, la injusticia y la insolidaridad a esa especie de exaltación de la libertad, me recuerda a ese recelo hacia la libertad que nos inculcaban en catequesis y colegios de monjas cuando éramos adolescentes (“estos hombres soberbios empiezan pidiendo autonomía y terminan queriendo independizarse de la Ley de Dios”). Igualmente, y espero que no se interprete esto como una acusación, tengo un resorte que salta a la mínima que perciba una contraposición entre libertad e igualdad/fraternidad, porque tengo la teoría de que los primeros que echaron mano de tal argumento no fueron tanto los socialistas como los fascistas (a Primo de Rivera le encantaban ese tipo de argumentos para justificar una especie de autoritarismo paternalista, por ejemplo). El problema de esa insolidaridad que tanto hiela el corazón no creo que se deba a que ese individualismo liberal estimula el egoísmo, como a que estamos acostumbrados a que el ámbito de nuestra solidaridad se limite a la familia. Vivimos en una época en la que se exalta el individuo, y al mismo tiempo, se exalta la abnegación y los sacrificios sin límites por la familia (a mí me criaron mostrándome dos modelos: el de la persona autónoma, para la que la dignidad es el bien más preciado, y el de la madre que se vende a una red de trata de blancas para mantener a sus hijos. Terminé desquiciada perdida). Un padre que niega al inmigrante el derecho a la sanidad, y con él, el derecho a la vida, con la excusa de que ha cotizado menos que él a la Seguridad Social, ¿aplicará lo mismo a su hijo, parado, que nunca ha podido cotizar?

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