Ni puta gracia

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…………“Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”. Frase y dimisión. Ya era hora de que alguien dimitiera por machista. Aunque me sabe a poco, he de decir. Y eso que José Manuel Castelao ni ha admitido dimitir por ello ni ha sido el único político de nuestra triste, pobre, lastimosa, lastimera y plastiquera democracia en despacharse en términos por el estilo. Otros babosos simpaticones de nuestra política cotidiana —la de televisión y radio, pero que de ‘polis’ y foro de ciudadanía tiene poquito— han dicho cosas tan bonitas como las que el alcalde de Valladolid dedicó el año pasado a Leire Pajín: “(…) una chica preparadísima, hábil y discreta, que reparte condones a diestro y siniestro. Cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir”. Y no me gustaría dejar de recordar a uno de mis moluscos de tierra favoritos, mucho menos chabacano, pero quizá por eso más peligroso: el Ministro de Injusticia. Ese mismo que, hace no demasiados meses, se arrogaba la suerte de conocer el secreto que siglos de teoría de género y feminismos no habían sido capaces de afirmar: qué es lo que nos hace a las mujeres ser auténticas mujeres. Al parecer, amigas madres y no madres, el secreto de la auténtica femineidad es la maternidad.
…………Pero volviendo al tema de partida, que hablo del Ministro y me caliento, y no precisamente como le gustaría pensar a los arriba citados. Hemos visto sólo algunos ejemplos que me han venido a la mente sobre las últimas machistadas de nuestros politiquillos en los últimos tiempos. Pero hay muchísimas más. Innumerables. Entonces, ¿por qué prácticamente ninguno de estos animales de bellota —y perdónenme los cerdos por tan injusta comparación— ha sido puesto de patitas en la calle como el impresentable de Castelao? Pues por varios motivos. El más obvio es que, en este país, uno de los deportes nacionales es el del “agarrapatamiento en silla”. Aquí nadie suelta su asiento —ni su sueldo— así esté acusado de robar, extorsionar o le hayan dejado en ridículo, o así tenga que acometer medidas con las que públicamente haya declarado estar en desacuerdo. Pero es que además lo de Castelao ha sido una brutalidad. En cuanto a los demás, seamos serios —contestaría quizá con sonoro “os”, morfema de masculino plural, uno de estos jerifaltes de abultada cartera y vacío bajo la cabellera, a un montón de mujeres—, sus comentarios tampoco son para tanto. ¿No estamos exagerando un poquito?
…………Pues, muy señorones míos, sí que lo son. No es venial continuar con la tradición del trato despectivo a las mujeres. El menosprecio es otra forma de violencia. Que además abona el terreno para actitudes más graves. Es el proceso de socavamiento simbólico. Haz chiste y mella, arrebata el honor de alguien a fuerza de no tomarle en serio, hasta que le coloques tan lejos de ti que puedas dejar de considerarle como ser humano, como un/a igual. Esa es la actitud del racismo. Y esa es la actitud del machismo: la actitud del abusón del colegio que se sabe con mejor situación que su víctima y que la machaca con sorna convirtiéndola en objeto. Si objetivizas, deshumanizas. Después, lo demás viene solo. No es tan doloroso romper objetos como destrozar vidas. Los objetos están para ser usados. Así que convierte la vida de alguien —o de un colectivo— en objeto y haz con ella lo que te dé la gana.
…………Así que no tiene maldita gracia, ni es poca cosa hacer bromitas sobre violaciones cuando sólo en lo que llevamos de año llevamos más de sesenta muertas a causa de la violencia machista, cuando el año anterior fueron más de cien, igual que el anterior y el anterior y el anterior… Y si seguimos sumando muertas —sí, muertas; no voy a quitarle crudeza ni quiero revestir las palabras para que no nos salpique la sangre, porque esto tiene que empezar a escocer de una vez— y si seguimos sumando muertas, decía, yendo hacia atrás en el tiempo, señorones míos, es probable que las cifras desde después de la Guerra Civil hasta hoy se acerquen sin paliativos a las de un genocidio.

3 comentarios

  • Responder octubre 23, 2012

    Rafa

    El primer problema es que estos energúmenos hablan en sus puestos públicos como en el salón de su casa o en el fútbol. Y ahí el segundo, y principal, problema, que este tipo de comentarios se siguen diciendo y tolerando (y aquí no hay medias tintas) en los entornos íntimos.
    Este tipo no debería haber dimitido, lo deberían haber cesado de forma fulminante, sin darle la digna salida, ni aún obligada, de la dimisión.

  • Responder noviembre 18, 2012

    GERARDO

    ¿ Sabe alguien, si este hijo de puta tiene hijas?

  • Responder enero 11, 2013

    Alonso Posadas

    Me ha gustado especialmente el penúltimo párrafo. Lo del socavamiento simbólico lo encuentro muy interesante, muy importante.

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