Los agravios

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Guernika, Guerra Civil

A propósito de su última visita a España, no recuerdo muy bien quién, le exigió a Angela Merkel que pidiera perdón por el bombardeo alemán sobre Gernika durante la Guerra Civil española. Me pareció algo asombroso. ¿Por qué debería pedir perdón Merkel, primera ministra de un país democrático, por los crímenes cometidos por un régimen que acabó demoliendo la democracia en su país y convirtiéndolo en una pesadilla? ¿Debería ser algo que hiciera todo primer ministro alemán al jurar el cargo?, ¿pedir perdón por Gernika, por el Holocausto, por la invasión de la Unión Soviética, que para rizar el rizo, ahora ni siquiera existe? ¿Qué sentido tiene recordar este agravio?

Por casualidad, estuve en Gernika hace apenas dos semanas. Costaba creer que aquí se produjera un horror que inmortalizó un cuadro en blanco y negro que es como un grito. Era día de mercado. Mucha gente estaba por allí. También mucha gente mayor, que tal vez vivió el bombardeo cuando eran niños. El día era espléndido, el cielo sereno. Puede pasearse por el Parque de las Pueblos de Europa, entre árboles, riachuelos y esculturas de Moore y Chillida, que reflexionan sobre la paz. Gernika ha escogido tener también un Museo de la Paz y no del Odio. Una reproducción en azulejo del cuadro de Picasso se exhibe junto a los Juzgados. Nadie parece necesitar que Merkel se golpeé el pecho o que se ponga de rodillas implorando perdón. No. Ellos viven ahora y no en 1937.

Verán, lamento aburrirles con mi historia familiar, pero trataré de explicarles lo que pienso yo de estos agravios. Dos de mis bisabuelos sufrieron cárcel al acabar la guerra. También mi abuela materna pasó una temporada en la cárcel de Hostafrancs. El padre de mi abuela paterna, no sólo fue a la cárcel, sino que fue también condenado a muerte, por socialista y masón. Esa sentencia fue conmutada, al parecer, por un telegrama británico, que mi abuela siempre atribuyó a la Reina de Inglaterra, aunque entonces Inglaterra tenía rey, que como es sabido es el jefe o como se llame de la masonería inglesa. Mi abuela materna tiene, además, dos documentos fascinantes: las copias tanto de su sentencia como la de su padre. En la de este bisabuelo, la principal acusación es la de ser socialista, haber participado en un mitin en un cine y haber cortado los árboles de un vecino que, por lo visto, era de derechas. Con esto se pasó unos cuantos años en la Modelo de Barcelona, pero no salió por haber cumplido su condena, sino porque estaba tan enfermo que le permitieron salir al hospital para ir a morir allí. El caso de mi abuela es aún más asombroso: no consta nada en la acusación. Literal: nada. Pues con eso tuvo para año y medio en una cárcel de mujeres en Hostafrancs, siendo todavía menor de edad, pues entonces la mayoría de edad eran los veintiún años y contaba diecinueve.

Sinceramente, no necesito que nadie me pida perdón por ello. Ni que se anulen las sentencias o que se haga ningún tipo de restitución. Para mí, esos tribunales y el régimen que los amparaba no tenían legitimidad, por lo que esas sentencias tampoco la tienen, y sólo lamento los años perdidos y los sufrimientos de mis familiares, pero no pienso pedirle explicaciones al bisnieto del vecino al que mi bisabuelo taló los árboles y sería ridículo que él me las pidiera a mí. En resumen, ¿por qué habría de pedirme perdón ese bisnieto, si existe? No digo con ello que deba olvidarse todo, que nada importe. Por ejemplo, aquellos que tienen familiares que nadie sabe dónde fueron enterrados, el problema de las fosas comunes. Todo el mundo tiene derecho a enterrar como le parezca a sus muertos. Y el Gobierno, sea del partido que sea, debería entenderlo. También me parece el caso de documentos particulares, que deberían restituirse a sus dueños.

Lo que digo es que no entiendo la persistencia en el agravio, la incapacidad de entender que el daño hecho hace setenta, trescientos años fue hecho entonces y no ahora. Decía Stephane Dión que no entendía cómo un problema surgido en una guerra entre Francia e Inglaterra hacía trescientos años podía esgrimirse aún en el Quebec. Yo no tengo que ir al Quebec para considerar cómo un agravio de trescientos años pueda ser esgrimido ahora, cómo se ha perpetuado todo este tiempo, por qué ha interesado perpetuarlo. No hablo de olvidar o perdonar, sino de entender que vivimos hacia delante, aunque los agravios nos aten al pasado.

2 comentarios

  • Responder septiembre 22, 2014

    Juanjo Romero

    Me parece una reflexión muy lúcida; se agradece alguien con la cabeza bien colocada en estos tiempos en los que se oyen tantas sandeces.

    • Responder septiembre 22, 2014

      Jerónimo Fernández

      Pues gracias, Juanjo. La verdad es que la petición me dejó sorprendido: no le exigían pedir perdón por, supuestamente, forzar el cambio de un artículo de nuestra Constitución, sino por un bombardeo de hace 70 años…

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