El Bonillo es una nación

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Nacionalismo, separatistas

No puedo evitar que una mueca burlona y una mirada de conmiseración asomen a mi semblante al ver cómo se desgañitan algunos partidarios del nacionalismo, ya sean meros patriotas o de los entrañables luchadores independentistas, cuya simpleza de órganos es tan penosa como su ineptitud para ver más allá de sus narices, asumir que antes son individuos del género humano, que la nuestra es la misma travesía, y comprender que la estructura estatal contemporánea es la más razonable, que el viento irresistible de la globalización sopla desde siempre y, erradicando sus agudas imperfecciones, es positivo que lo haga: homogeneizar para bien derechos, libertades y condiciones de vida en todo el mundo debe ser nuestro objetivo prioritario.

Quizá no tendría que mirarles de ese modo si leyeran una obra con un nombre pragmático y bien feo redactada por el difunto Eric Hobsbawm, ángel y no apóstol de Cambridge, de las ballenas y la revolución dual, en la que el marxista británico aborda el asunto nacionalista con una nitidez y erudición envidiables: Naciones y nacionalismo desde 1780, preparada tras las Conferencias Wiles que impartió hace ahora casi treinta años. No sé si debemos agradecerle más el apunte de los orígenes ideológicos nacionalistas y la historia de las construcciones nacionales, hito contemporáneo de la humanidad para gozo de Rousseau, con sus periodos territoriales, de autodeterminación sociocultural y wilsoniano, o que meta el dedo en la llaga refiriéndose a la ingeniería unificadora de la cultura e identidad estatales, a las adulteraciones de “la mitología programática” en orgullos patrióticos y multitud de arrebatos de emancipación, ajenas a la certidumbre histórica, y los conflictos con la progresiva supranacionalidad. Pero conviene acordarse de la tesis del viejo Maurice Block, citada y compartida por Hobsbawm, según la que “el principio de nacionalidades es legítimo cuando tiende a unir, en un conjunto compacto, grupos de población dispersos, e ilegítimo cuando tiende a dividir a un estado”.

La idea que en la actualidad se tiene de la tan sobada ‘nación’ y, así, del nacionalismo y el sentimiento nacional es del siglo dieciocho, y que el conjunto de habitantes de los estados se sintiesen miembros de una nación —es decir, verdadera ciudadanía— solo pudo conseguirse cuando la administración pública y su pedagogía cultural en todos los órdenes sociales llegaron a un nivel de expansión y eficacia significativo, y no antes de esto, con ingeniería lingüística incluida: es de una ingenuidad enternecedora tragarse que en cada región de un único país siempre se ha hablado la misma lengua estándar sin intervención de la enseñanza estatal. No se puede atribuir un concepto contemporáneo como el de nación a una época remota en la que no existía ni su pensamiento; considerar naciones a nuestros estados antes incluso de la Edad Contemporánea es un despropósito casi idéntico al de esos separatistas que consideran naciones a lo que nunca lo han sido.

Pero no sucede sólo lo anterior: Hobsbawm, al igual que muchos otros teóricos —la mayoría, de hecho—, sabe que el nacionalismo inventó las naciones y no al revés, sobre todo socioculturalmente: el nacionalismo es más sentimental que plausible; se trata de una creencia, de una construcción de la mente patriótica, no de algo real, porque la cultura es un ente mucho más complejo, múltiple e interconectado, y la administración goza de un poder efectivo pero simbólico: existe porque nosotros queremos; es otra idea construida con buenas ganas, no algo físico, natural ni perenne. Y hoy en día, con la globalización y el mestizaje invencible, que homogeneiza la cultura en todo el mundo pese a la rebeldía inútil de los reaccionarios, las naciones son aún más irreales.

Confieso que me hace mucha gracia cuando un nacionalista se pronuncia en nombre de todo “su pueblo” como si le hubiesen investido como su portavoz, y si bien no suele ocurrir, hay ocasiones en que la ironía popular alcanza cotas de genio, y nunca he olvidado la pintada que contemplé sobre una tapia manchega, con la misma expresión burlona y francamente complacido, durante una pausa para estirar las piernas en uno de tantos viajes, que así rezaba: “El Bonillo es una nación”. Estoy seguro de que Hobsbawm, si hubiese podido leerla, y allí seguirá aún para todo el que desee hacerlo, hubiese estallado, como yo, en una sonora carcajada.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

1 comentario

  • Responder julio 2, 2015

    Samanta

    Hola buenos días,
    Hay dos cosas que no puedo evitar al leer este artículo, la primera de ellas es imaginarme al autor del texto con un gesto, mezcla de satisfacción y autocomplacencia, mientras piensa para sí tras vomitar una retahíla de teorías célebres y poner el punto final ‘cuan inteligente soy’. Para mí, la inteligencia no solo se mide por la cultura que tiene el emisor del mensaje, si no en que éste sea capaz de ponerse al nivel de su interlocutor.
    La segunda cosa que no puedo evitar es “una mueca burlona y una mirada de conmiseración” al comprobar que el autor no se ha documentado. Esa pintada de la que usted habla de apología nacionalista tiene una historia detrás que nada tiene que ver con independentismos o nacionalismos. En época medieval, el término municipal de El Bonillo estaba compuesto por infinidad de núcleos poblacionales, como demuestran los restos arqueológicos de ermitas e iglesias, los cuales entre el siglo XII y XIII se unificaron en lo que en su día se llamó Cerro Bueno y que hoy se conoce como el pueblo de El Bonillo. El rey Carlos I de España y V de Alemania les concedió autonomía en la jurisdicción civil y criminal y posteriormente Felipe II les otorgó más territorios. Y es por ello, porque se encuentra formado por diversos poblados, por la extensión en territorio y por la autonomía jurisdiccional de la que gozaron antaño, por lo que icónicamente se dice desde hace siglos que EL BONILLO ES UNA NACIÓN.

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