Consentimiento informado

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…………Es inútil negar la atracción que la prensa ejerce sobre los que trasnochamos por escribir, incorregibles posesos de la literatura: un periódico es una orgía de autores y amanuenses que ninguno de los nuestros desea ignorar, en la que todos ambicionan una porción del pastel, una tribuna. Salvo la puramente literaria, no hay actividad más apasionante que el periodismo; al menos, eso opina Vargas Llosa, y no ha de ser el único si se tiene en cuenta el Newseum de Washington, el museo de la prensa que se inauguró hace algunos añitos y del que fue uno de sus visitantes. En las exposiciones que lo vertebran se trasluce la libertad de información como elemento democrático, si bien carece de una denuncia categórica de su desprestigio con prácticas informativas de correveidile.
…………Tal libertad, el derecho a difundir información e informarse, es uno de los soportes de la democracia, el que promueve el pluralismo, el fuste de una opinión pública libre y de una ciudadanía conocedora de lo que la rodea y, por ende, responsable de las elecciones que efectúa en sociedad según lo que estime oportuno y beneficioso. Pero esa libertad, aun tratándose de un valor superior, ha de tener como límite los derechos inalienables de la esfera privada y un imperativo de veracidad, interés público y corrección en el mensaje que se divulgue: todo puede ser criticado a condición de que se atiendan estos requerimientos, cuya racionalidad y justicia son indudables. De ese modo, cuanta más libertad de información posea un país, mayor será su libertad social, porque no es libre quien puede recibir los mensajes que le plazcan, sino quien disfruta la certidumbre de que la información que obtiene es veraz, ya que asumir decisiones basándonos en patrañas no es libertad sino un error planeado, tal vez según oscuros intereses, y quien se ha guarecido ante ataques inesperados que puedan descalabrarle su dicha y desarrollo como miembro de la sociedad.
…………El sensacionalismo y la prensa rosa, así como los innobles patinazos ocasionales de las publicaciones serias, son obvios enemigos de la buena salud de un Estado de derecho, ya que no sólo suelen incurrir en ultrajes a la vida privada ajena y a los derechos del individuo, como refiere Vargas Llosa, abultan o incluso tergiversan la realidad e incumplen así su compromiso con una información verídica y el bien del interés público, sino que además embrutecen a los ciudadanos que eligen prestarles atención, los empujan a la ignorancia y, así, transforman su concurrencia en las cuestiones oficiales en una irresponsabilidad, justo lo que temen los teóricos de la oclocracia que critican el sistema democrático, la negación de lo que puede denominarse, valga el símil, “consentimiento informado” en la toma de decisiones públicas.
…………Otro asunto omitido en el Newseum es la sobrecarga informativa, concepto acuñado por el escritor Alvin Toffler en los años setenta del siglo veinte: el exceso de información, con sus innumerables datos para aprehender y las probables contradicciones en los mismos según las distintas fuentes, por opiniones antagónicas y el fenómeno del “teléfono roto”, produce una nueva flaqueza en la libertad informativa que puede aturullar al receptor y dificultarle que se forme un juicio propio e intervenir responsablemente en las decisiones del Estado, lo que, junto con las consecuencias del embrutecimiento sensacionalista y de la prensa rosa, entraña que no sólo es preciso el libre acceso a la información, sino educar a la ciudadanía para que sepa seleccionarla por su bien, el colectivo y por el de la cultura general del país, cuyo progreso depende de ella.

César Noragueda

Director del diario. Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes.

2 comentarios

  • […] que afecta a una profesión realmente importante si queremos que exista una democracia auténtica. La trivialización constante de la información, su reducción a mero espectáculo, nos aboca a un mundo repleto de noticias pero sin interés […]

  • […] información que no leemos habrá desaparecido mientras tal pensamiento se forma en nuestra mente. Son períodos duros para la información, el pensamiento crítico y la capacidad independiente de ge…. En muchos casos, es mejor leer plácidamente Madame Bovary que abrir la portada de El País. […]

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