Pablo Iglesias va a ganar las elecciones

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Quizá sea yo el primero en decirlo: Pablo Iglesias y, por extensión, Podemos van a ganar las elecciones de dentro de unos meses con toda probabilidad. Y creo que esto va a suponer un cataclismo social de grandes e impredecibles proporciones. Ya iba siendo hora. Vamos por partes.

El fenómeno social que es Podemos y el mediático que es Pablo Iglesias no son otra cosa que una consecuencia irremediable del devenir de España en los últimos treinta y pico años, casi cuarenta. Que ahora estos eufóricos chicos, idealistas y románticos hasta el delirio, estén a punto de quebrar en dos el sistema es el efecto directo de sufrir con Franco, con Suárez, con González, Aznar, Zapatero y Rajoy. Tiene mucho que ver con una sociedad, en su corazón, una de las más reaccionarias del mundo pero, en su juventud y en su talento, una de las más brillantes y anhelantes de cambio de toda Europa, en la que se aúna la intolerancia más radical con la esperanza de unas libertades y unas ilusiones que nuestros padres nunca tuvieron y que no estamos dispuestos a fiscalizar. Es, simple y llanamente, una rabieta y una esperanza: la de mandar a tomar por culo a tanto chulo y a tanto incompetente.

Porque lo que más nos fastidia, admitámoslo, no es que roben y que manipulen, aunque también. No es que insulten y nos tomen por imbéciles, aunque también. Lo que más nos cabrea es que sean tan prepotentes, tan chulitos, tan feos, tan altivos y tan inútiles. Que no sepan idiomas, que no tengan preparación, que sean tan casposos. Puestos a irnos al carajo, al menos que nos aliente un líder que nos haga sonreír, o pensar, o que tenga buena conversación. Que tenga matrículas de honor, que tenga ganas de hacer algo diferente, que de una u otraPablo Iglesias forma se parezca en algo, aunque sea muy poco, a nosotros mismos, y no parezca un muñeco de cera, o un banquero, o un terrateniente adinerado. Que no use gomina sino que, quizá, tenga el pelo asalvajado o un ‘piercing’ en la nariz.

Iglesias es un tipo de raro carisma. No es un hombre atractivo pero tiene ciertos rasgos apuestos: ojos profundos y voz profunda y convincente. Pinta de tío normal, humilde, sin grandes ambiciones económicas. De buena persona. De hijo algo alocado y romántico, pero muy inteligente, trabajador y preparado. Con ganas de luchar por lo que cree. Es un buen orador y sabe replicar de forma brillante en los debates, pero le falta un punto de ingenio, teniendo en cuenta el pobre nivel de sus contrincantes, una pizca de serenidad también. Ahora bien, lo mejor que ha hecho ha sido demostrar, quizá como ningún otro, que los medios de comunicación de este país dan pena, cuando no ganas de suicidarse. Él solito, con el apoyo que le da su credibilidad y sus redaños, ha desenmascarado a todos esos periodistas cuyo único argumento es la Constitución española o los mercados y cuya desfachatez rivaliza salvajemente con su mediocridad.

Podemos va a ganar, y probablemente va a fracasar, una vez esté en el poder, de la forma más terrible imaginable. Y puede que eso sea algo bueno.

De aquí hasta que eso suceda se van a multiplicar los ataques, las injurias, los libelos y las calumnias. El sistema va a armarse con toda la artillería que pueda encontrar y con la que pueda inventar. Van a ser implacables, feroces, sin piedad. Van a avisar de que Iglesias le miró las tetas a otra mujer mientras salía a cenar con su novia, o que cualquiera de sus colaboradores alguna vez cobró en negro, o hizo algo inapropiado en su declaración de la renta, o dejó de pagar unas cañas en una terraza. Y pese a todo, y a que estos chicos quizá cometan serios errores antes y durante la campaña electoral, Podemos va a ganar. Y después de ganar, se va a topar con la puta realidad. Pero eso ya va a dar igual, porque lo más importante ya habrá ocurrido.

Se habrá abierto el melón y los ciudadanos habremos creído que algo más que rojo y azul, Partido Socialista o Partido Popular, es posible. Que otros pueden llegar, y con morro y desvergüenza y preparación, con ganas y con ideas nuevas, pueden llegar a lo más alto, y el sistema, de verdad, empezará a desmoronarse. Porque quizá habremos perdido el miedo a cosas nuevas. A tipos con coleta y verborrea imparable, o a lo que sea. Eso es justamente lo que necesitamos. Reventarlo todo, cambiarlo todo, darnos cuenta de que otra realidad, otra España, es posible. Quizá muy improbable, pero posible. Y dejaremos de estar a la cola de Europa, no en educación o tolerancia, que también, sino en ganas de creer en nosotros mismos.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

4 comentarios

  • Responder diciembre 15, 2014

    predicador

    ¿El único mérito de Pablemos es haber dejado con el culo al aire a un puñado de periolistos? ¡Pues vaya! Esperaba hazañas superiores de alguien que cobra todavía más que Rajoy Eslava. Pero no te engañes, Adrián: el Sistema asume tácitamente la aparición de Iglesias, por el simple hecho de que sigue vivito y coleando. La monarquía tardó miles de años en morder el polvo (1789) y la actual oligarquía democrática, a la que Don Pablo pertenece, goza aún de excelente salud. Y lo que te rondaré morena…

  • Responder diciembre 21, 2014

    Hernando

    ¿Nunca escuchaste eso de que los experimentos, con gaseosa?

  • […] Aun así, hay gentes que se obcecan en querer decidir acerca de su presente y de su futuro, que quieren ser partícipes y no sólo pacientes de las decisiones que atañen a su día a día. Hay réprobos que no se conforman con que los palanganeros de los mercados se repartan entre ellos el bacalao y pretenden aplicar políticas diferentes al modelo de recortes y barbarie neocón tan en boga. Réprobos encarnados, en Grecia, en el abominable íncubo de Syriza y, en España, en el demoníaco experimento Podemos. […]

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