Desobediencia civil

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…………Más de una vez acudí a una asamblea del 15-M y, mientras escuchaba a los que allí hablaban, a veces rodeados de cientos de personas, me dieron ganas de hablar también. De coger el micrófono y decir lo que pensaba. Nunca lo hice, quizá porque soy una persona muy tímida, aunque algunos no lo crean. Increíblemente tímida, y por eso pienso que lo que voy a decir no le interesa a nadie, o se van a reír de mí, o van a opinar que no digo más que estupideces. Pero me habría gustado reunir el coraje necesario, levantar la mano para pedir vez y decirles a todos los biempensantes allí congregados todo lo que me salía del corazón. Eran personas, me consta, porque hablaba con muchos de ellos, comprometidas, activas y activistas, inteligentes y cultas, capaces de actuar y de no amedrentarse, y sin embargo, me temo, eran personas incapaces de mirarse a sí mismas. Y si en algo soy experto, lamentablemente, es en mirarme a mí mismo y en escrutarme con el rasero del infierno. Quizá podría haber salido algo bueno de levantarme y pedir la palabra, o quizás algo malo. Pero habría sido interesante, porque a nadie dejo indiferente cuando las palabras me salen del corazón.
…………Habría cogido el micrófono y les habría dicho a todos los presentes que el problema no está en el exterior, sino en nosotros mismos. Que la culpa no es de los financieros, de los políticos y de los poderosos. Que lo más terrible e insoportable de toda esta mierda es que la culpa es solamente nuestra, porque somos unos rastreros cobardes, unos miserables hijos de puta porque permitimos, sí, permitimos, que otros dirijan nuestros destinos mientras nosotros, lamentables lloricas, no hacemos más que protestar porque el monstruo incompetente que hace y deshace a su antojo, al que nosotros hemos otorgado el poder de cambiar la sociedad, se ha vuelto contra nosotros. Que está muy bien dicho y que es muy cierto que estamos controlados por burócratas que hablan mucho y no hacen nada, pero que somos nosotros los que les damos de comer y los que no tenemos el coraje de decir, de gritar: “No me sale de los cojones que esto siga así” o “No me sale del coño”, que viene a ser lo mismo. Que si queremos buscar responsables no tenemos más que mirarnos en el espejo, lamentable criatura que se siente mejor lanzando proclamas izquierdistas, como un cordero lechal al que van a sacrificar y no hace otra cosa que balar. Porque hemos evolucionado y, en lugar de balar, escribimos frases ingeniosas en Twitter, atenazados por un miedo atroz que nos paraliza.
…………Porque leer en Twitter, o en la prensa, que algunos pensadores de izquierdas a los que se les da muy bien ganarse al público en una asamblea, o algunos supuestos anarquistas que no saben que la anarquía es el movimiento social más antiguo y más noble del ser humano, mucho más allá de la doctrina socialista/comunista o el caos, todos ellos, descubren de pronto a Henry David Thoreau y su Desobediencia civil, o su Walden, y balbucean algunas de sus frases sintiendo que por fin dicen algo verdadero, o son más cultos, o se aferran a algo que merece la pena porque sospechan, pobres, que todo lo que hacen o dicen no vale nada; por descubrir eso, digo, danThoreau ganas, no de llorar ni de pegarse un tiro: dan ganas de vomitar.
…………Que un botarate mental, muy cabreado porque no consigue trabajo o tiene un trabajo basura con el que no puede permitirse un coche, o una casa con piscina, enmascarado con el rostro de Guy Fawkes, popularizado por esa mierda de cómic que es V de Vendetta, tenga la desfachatez de leer en público a Thoreau a mí me vuelve derechista. Facha. Franquista. Católico, románico y apostólico. Ya sé, sin atisbo de duda, que ellos, los otros, esos a los que todo les importa un bledo mientras obtengan grandes beneficios económicos, han ganado. Han triunfado, mientras nosotros, pobres diablos, no es que hallamos fracasado. Es que nos hemos tragado toda la basura del universo con una jodida sonrisa de memo en la boca, pidiendo más. No me entran deseos de morirme, sino de no haber nacido.
…………Ignoran, todos esos apóstoles biempensantes, lo que significa vivir según unas ideas y un impulso espiritual. Los trabajadores que no tienen los redaños de decir lo que piensan porque salvaguardan hasta el último de sus esfuerzos en salir adelante como buenamente pueden valen cien mil veces más que ellos. Poseen más vida en una molécula de sus ojos que ellos en todo su cuerpo, y dan valor al silencio. El mismo que adoraba Thoreau en su refugio del lago Walden en el que pasó dos años, dos meses y dos días casi sin visitas, anhelando otra existencia, una en la que la fusión con la naturaleza, y sobre todo con su propio interior, fuera un hecho real más allá del pensamiento. Estoy seguro de que los que dicen luchar contra el Estado en el fondo lo que quisieran es vivir con comodidad en su seno, y cierto es que el Estado no les permite hacerlo, porque la riqueza está muy mal repartida. Pero harían bien en leer a los maestros antes que volver a inventar la bicicleta. No solamente a Thoreau, también a Wilde, a Whitman, a Marco Aurelio, a Poe, a Yourcenar, a Sartre, y a todos los que muchas generaciones antes lucharon por sus ideas y vivieron en base a ellas. El legado de los hombres libres es muchísimo más rico que el presente de los poderosos.
…………Todo esto habría dicho si mi incurable timidez no me lo hubiera impedido. Y, ya que estamos con mi fantasía, habría leído estas líneas de Walden: “Mi intención no es prescribir reglas a los hombres de naturaleza fuerte y valiente, que cuidarán de sus propios asuntos tanto en el cielo como en el infierno, y quizá edificarán con más magnificencia y gastarán el dinero más profusamente que los más ricos, sin llegar jamás a empobrecerse, ignorando cómo viven (si en realidad hay personas así, como se las ha soñado); ni a aquellos que encuentran coraje e inspiración precisamente en el estado presente de las cosas y lo acarician con la afición y el entusiasmo de los enamorados (y en cierto modo me incluyo entre estos), tampoco les hablo a aquellos que tienen un buen empleo en cualquier circunstancia y que saben si este empleo es bueno o no. Les hablo principalmente a la gran cantidad de hombres que están disconformes, y que se quejan ociosamente de la dureza de sus destinos, o de los tiempos en que viven, siendo que tienen la posibilidad de mejorarlos. Algunas personas se quejan de otras, porque (según dicen enérgica e inconsolablemente) estas cumplen con su deber. También tengo presentes a los ricos en apariencia, pero que en realidad pertenecen a una clase terriblemente empobrecida, que han acumulado basura y no saben cómo usarla o deshacerse de ella; en esta forma han fraguado sus propias prisiones de plata u oro.
…………Si me atreviera a contar de qué manera deseaba pasar mi vida años atrás, sorprendería mucho a los lectores que la ignoran. Sólo voy a indicar algunas de las empresas que he acariciado. En cualquier época y en cualquier hora del día o de la noche, siempre he estado ansioso por mejorar la oportunidad que se me presentara y también por documentarla; por pararme sobre el encuentro de dos eternidades, el pasado y el futuro, que es precisamente el momento presente: por acatar esa regla. Me perdonarán sin duda algunos pasajes no muy claros, porque en mi oficio hay más secretos que en los de la mayoría de los hombres; pero estos secretos no son guardados intencionalmente por mí, sino que son inseparables de su naturaleza. Sería un placer para mí contar todo lo que sé acerca de ellos y no verme obligado a escribir en mi puerta «prohibida la entrada»”.

Adrián Massanet

Agitador del diario, anarquista, insurrecto, subversivo y aprendiz de bohemio. Puedes leerme en Twitter si acepto tu petición.

4 comentarios

  • Responder abril 19, 2014

    Alonso Posadas

    Cuando se tiene algo que decir, y sobre todo algo interesante e inteligente que decir, uno se levanta y lo dice. La audiencia no importa. El entorno no importa; lo que piense Springfield no importa. Lo que importa es la entraña. Lo que importa es dejar que se expresen nuestras tripas. Nadie tiene derecho a amordazar sus entrañas por cuestiones de formalidad o de rubor. Si tienes agallas para escribir líneas de fuego, con más razón hay que tenerlas para cantarlas al viento, ya sea ante el vacío o ante 200.000. No importan las orejas que estén allí, porque la mayoría están solo porque antes había otras orejas y entre ellas son como imanes, se atraen, y las que llegan de nuevas atraídas por las antiguas se quedan para hacer bulto y poder decir que allí estuvieron. Que allí estuvieron. Lo que allí escucharon, eso se olvida. Por eso lo que de verdad importa es el viento y la música. Aunque se la lleve el viento, aunque nadie le preste oídos, pero el que sopla la flauta sí la oye; el que canta sí se escucha y eso es lo que importa: expresar y escucharse. Si de paso Juan o Lidia pasan por allí y se quedan con la copla, mejor para ellos, pero tampoco importa demasiado.

  • Responder abril 19, 2014

    Juanjo Romero

    Dices grandes verdades, políticamente incorrectas. Si pudiéramos ver el interior de muchas personas, descubriríamos que hay mucho antisistema que lo único que anhela en realidad es estar en la mejor parte del sistema, a veces incluso sin saberlo él mismo.

  • Responder abril 20, 2014

    Alonso Posadas

    O tal vez anhelen en realidad tirarse a Nuria Muslos, o ser campeones de surf, o dedicar su vida a ayudar a los demás, o a pasar a la historia por hacer algo grande, o escribir en ‘La Columnata’ y quedar entre los tres más leídos… Habrá de todo, ¿no?

  • Responder abril 21, 2014

    Alejandro Zapata

    Sólo quiero decir que a mí, el leer los párrafos de Thoreau con el que finalizas (así como muchas partes de tu escrito), me provoca una gran vergüenza. Cierto es que muchos, en parte por verdadera inconformidad en cuanto a un sistema desesperanzador, en parte por “borreguismo” y modas, queremos ir de políticamente incorrectos o incluso anarquistas, sin llegar a comprender del todo lo que conlleva una postura así.

    Podría fácilmente culpar a la rebeldía adolescente, que muchos aún no dejamos del todo. Y es que no creo que sea coincidencia que los jóvenes nos hallemos atraídos por estos movimientos; después de todo, renegamos de todos los esfuerzos de nuestros padres, declarando indignados cómo su generación ayudó a arruinar el mundo y cómo nosotros lo enderezaremos, sin saber que muy probablemente acabaremos justo donde ellos se encuentran.

    Pero bueno, justo hablaba de lo fácil que es apuntar con el dedo a la generación actual, y ya estoy preparando la horca, cuando en verdad es la moral sobre la cual nos encontramos asentados, una moral que nos limita a simplemente hacer aquello que considerado como nuestra responsabilidad básica hacia los demás según las reglas hasta que, claro, descubrimos que esas reglas no están del todo a nuestro favor, entonces sí todos a unirnos y hacer algo en contra del mentado 1%, y aún así, no hacemos más de lo que “debemos”, no vaya a ser que haya represalias serias. Al final, los que pueden se amarran a su silla para que no se la quiten.

    Claro que hay excepciones, pero muy escasas, individuos que o bien tienen un genio sin paragón y una gran sensibilidad, o bien están sumidos en la desesperación más absoluta y no les queda más que perder, que, con mayor o menor fortuna, deciden tomar las riendas de su existencia (o, mejor dicho, hacerse su propia silla xD). Puede que acaben inspirando a millones, o terminen muertos y recordados simplemente como locos (¿cuántos de ellos habrán sido olvidados por sus acciones?), pero cuando menos intentan algo más de lo que muchos nos atrevemos.

    Eso nos duele severamente a muchos, al menos a mí, y lo más que podemos llegar a ser es fingir que pertenecemos a su estirpe, fantasía que es alimentada por nuestros semejantes, quienes sufren la misma necesidad.

    Pero bueno, mejor aquí termino que comencé con un “Sólo quiero decir…” y termino con una parrafada. Sin contar que si continúo, corro el riesgo de que se me ocurran más metáforas de sillas.

    Saludos y, como casi siempre, estupendo post.

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