Triste España sin ventura

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triste españa sin ventura

Cuentan nuestros ancestros griegos, a los que tanto debemos y tan despiadadamente tratan desde la malnacida Troika, que Orfeo, hijo de la musa Calíope, la de bello rostro, descendió al Hades para recuperar del reino de los muertos a su esposa Eurídice, fallecida por la mordedura de una serpiente. Sus únicas armas, su lira y su canto.

Orfeo, el músico de la antigüedad por excelencia, junto con el dios Apolo, inventó la cítara y le puso nueve cuerdas a la lira, en homenaje a las nueve musas, entre las que estaba su madre. Dicen que el poder de su música amansaba a las fieras, movía los árboles y las rocas e incluso detenía el curso de los ríos, cuyas aguas demoraban su perpetuo correr, a fin de escucharlo.

Sabedora de estos hechos, en mis madrugadas de rutina laboral, suelo escuchar música en los desplazamientos hacia mi centro de trabajo. Intento aplacar mi lado harpía antes de presentarme ante mis alumnos y compañeros.

En esta tarea de domeñar a la fiera que me habita, me auxilia Radio Clásica, de Radio Nacional de España. Sus programas Divertimento y los primeros minutos de Sinfonía de la mañana hacen conmigo lo que Orfeo conseguía con las bestias.

Una de estas mañanas me sobrecogió la audición de un villancico coral cantando ‘a capella’, sin acompañamiento musical. Se trataba de una pieza nacida del genio de Juan del Encina, poeta, músico y dramaturgo del Prerrenacimiento español. El villancico se llamaba Triste España sin ventura. Lo compuso con la intención de llorar la muerte del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, para quien, poco antes, había compuesto, con motivo de su boda, Triunfo de Amor.

Ya en casa busqué en la red el enlace y lo volví a escuchar. Investigué sobre la figura del compositor, a quien no había escuchado antes, y busqué la letra de la pieza. No pude sino conmocionarme ante la vigencia de los versos musicados por Del Encina. Si quitamos de ellos todas las alusiones a la muerte del príncipe Juan y las cambiamos por algunas otras referentes a la actualidad política y económica nacional, suscribiríamos letra por letra lo cantado por el genio castellano, a pesar de que la barbarización de la cultura y la educación traída por los gobiernos socialistas y populares nos impidan, hoy por hoy, valorar en su justa medida esta música antigua.

“Triste España sin ventura. / Todos te deben llorar. / Despoblada d’alegría, / para nunca en ti tornar”. Sí, triste. Triste España y sin ventura, cuando, tras décadas de gobiernos reaccionarios, ultramontanos y pútridos, millones de compatriotas vuelven a votar mayoritariamente al Partido Popular.

“Tormentas, penas, dolores / te vinieron a poblar. / Sembrote Dios de placer / porque naciese pesar”. Tormentas. Y penas. Y dolores te pueblan al tener que soportar a un cernícalo como Rajoy a tus riendas, encabezando un contubernio de siniestros personajes acaudalados, carentes de todo tipo de empatía y de piedad hacia el pueblo al que, es un suponer, debían servir.

“Hízote de más dichosa / para más te lastimar. / Tus victorias y triunfos / ha se hovieron de pagar”. De nada te valen decenios de lucha contra la dictadura o el despotismo, contra la desigualdad, en pos de un estado más justo e igualitario, con la reclamación de un bienestar mínimo al que todos deberíamos acceder, sin distinción de clase de nacimiento. En tan sólo un cuatrienio, los vástagos de aquellos que te esclavizaron durante casi cuarenta años tras arrastrarte a una guerra civil han sentado las bases para esquilmarte y dejar a tus hijos vendidos a corporaciones multinacionales, amordazados y catequizados por adeptos a sectas ultracatólicas.

“Pues que tal pérdida pierdes, / dime en qué podrás ganar, / pierdes la luz de tu gloria / y el gozo de te gozar. / Pierdes toda tu esperanza, / no te queda que esperar. / Llora, llora, pues perdiste / quien te había de ensalçar. / En su tierna juventud / te lo quiso Dios llevar”. Pierdes a centenares de miles de tus jóvenes, aquellos de los que se decía que eran parte de la generación mejor formada de la historia, empujados por las políticas laborales y denigrantes de los del PP a emigrar a países centroeuropeos, particularmente a Dinamarca, Holanda y Alemania, principales valedores del zote registrador, travestido en un zopilote estadista. Consientes que la Merkel y afines se aprovechen del talento de tus jóvenes y de los impuestos que los hispanos hemos destinado a su formación, a fin de emplearlos en aquellas brumosas tierras, tan lejos de su patria, al igual que sus abuelos, obligados a emigrar también, cuando el otro gallego (pobre Galicia; tener que ser recordada por haber engendrado a dos elementos tales, poseyendo tanto bueno que compartir con la nación).

Llevote todo tu bien, / dexote su desear, / porque mueras, porque penes, / sin dar fin a tu penar. / De tan penosa tristura / no te esperes consolar”. No, España, no esperes recobrarte del pozo en el que te han metido Aznar, Zapatero y Rajoy por designios de la Troika hasta que no te libres de las sanguijuelas del neoliberalismo, mandes al paro a toda la ralea de los del PP y los rateros que aún queden en el Partido Socialista. Hasta que no redescubras tu dignidad y hagas frente común con los países de la denostada Europa pobre y seas capaz de plantarle cara a la Europa calvinista de bancos y otros tiburones financieros.

La desazón que me embarga al constatar qué poco hemos cambiado se atenúa con el aire fresco de esperanza que acaricia mi alma, al saber que tres de mis ex alumnos, en vez de emigrar como muchos de sus coetáneos, han decidido plantar cara a los talibanes ultraliberales que arrasan Europa. Se han presentado a las elecciones municipales en sus respectivas poblaciones. Han sido elegidos concejales, lo que, deseo, acabará trayendo a la política el vendaval de renovación, honestidad, compromiso con lo común y coherencia que acabe por arrastrar la putrefacción que años de gobierno de PP y PSOE han traído sobre la triste España.

Sólo aguardo a que los versos de mi santo particular, san don Antonio Machado, no resulten, otra vez, proféticos: “Ya hay un español que quiere / vivir y a vivir empieza, / entre una España que muere / y otra España que bosteza. / Españolito que vienes / al mundo te guarde Dios. / Una de las dos Españas / ha de helarte el corazón”.

1 comentario

  • Responder julio 3, 2015

    Carmele

    ¡Hermoso y acertado poema en verdad querida arpía!

    Ojalá y que no acabemos igual que nuestros maltrados amigos griegos a los que ni siquiera dejan decidir con libertad. Da vergüenza el bombardeo de mensajes de horror lanzados por todas las televisiones privadas, por no hablar de las de aquí que sólo sacan las noticias que les interesa ( o las que entienden porque no tienen ni un reportero que hable griego) y no reflejan lo que está pasando de verdad.

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