La masacre de Grecia (I)

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…………El pasado 18 de julio fui invitado a la isla de Quíos para ser nombrado Ciudadano Honorario de ella y de las islas Enusas. Un agradecimiento por haber pergeñado con Alfredo López y Pedro Pruneda el vídeo Gracias, Grecia, con el patrocinio de la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego (AMUPROLAG) y la entusiasta colaboración de alumnos y profesores de mi instituto, el Ingeniero de la Cierva, de Patiño, en Murcia.
…………Según quiere la tradición (y yo la quiero cierta y verdadera), en esta isla nació el aedo Homero, quien, besado por la Musa, en estos lares bañados por el Egeo, ideó las dos primeras obras maestras de la literatura occidental: la Ilíada y la Odisea. Por eso, para un enamorado del mundo grecolatino, el ser nombrado Ciudadano Honorífico de Quíos es como si a un hispanista le dieran el Cervantes. Bueno; con una sustancial diferencia: en el caso griego, este honor no lleva ninguna recompensa en metálico y, además, has de pagarte tú mismo los billetes. De todas formas, me mostraré eternamente agradecido a los miembros de la Academia Homérica por haber pensado en este humilde profesor de huerta.
…………No me ruborizo al confesar que lloré al ver la Daskalópetra, desde la cual el divino aedo dictaba sus lecciones y se empeñaba en que sus discípulos aprendieran de memoria los hexámetros que le iba susurrando la Musa. A los pies de este inmenso peñasco, que se yergue majestuoso a pocos metros del mar, había un santuario consagrado a la diosa Cibeles.
…………Poca sensibilidad hay que tener para imaginarse a Homero, guiado por un lazarillo, acercarse al Egeo, que nunca pudo ver, para lavarse en él sus ojos ciegos. Y volví a llorar mientras me mojaba la cara teniendo Turquía al fondo, las islas Enusas a mi siniestra. Contemplando que, tal y como nos describiera el ciego, el mar se teñía de vino cuando se acercaba el ocaso y que la aurora pintaba el cielo con sus dedos de rosa al alba.
…………Tuve la suerte de conocer en esta Academia Homérica a un grupo de españoles, que me hizo sentir orgulloso de ser compatriota suyo. Cuatro eran profesores de Clásicas: Ángel, de Asturias, Magdalena y Felipe, de Albacete, y nuestro vecino Jaime, de Águilas. Los otros tres eran alumnos que habían terminado segundo de bachillerato de Humanidades y que habían sido premiados por su excelencia traduciendo griego a acudir a esta isla: Ana, Carmen y Manuel. Gente, toda, de bien. Algo friqui: se pasaban gran parte del día traduciendo a Homero, estudiando griego moderno, levantándose al alba para ver teñirse de azafrán el cielo o a la luna llena acicalándose en el Egeo. Algo rarillos, sí, sobre todo los jóvenes, pero buena gente al fin.
…………Gracias a Jaime pude entrar en contacto con Gio y Elena, dos griegas, que nos hicieron ver el otro Quíos, el que no pueden conocer los turistas. Con ellas compartimos hermosas veladas, a orillas de la mar y en un idílico caserío donde se cultivaban las afamadas mandarinas de la isla.
…………El día 21 se estrenó en el Homerion de la capital el nuevo vídeo dedicado al padre Homero y a la madre Hélade, editado por mi ‘skinocetis’ Pedro Pruneda. Fue emocionante ver cómo el público, que abarrotaba la sala, interrumpía la proyección con aplausos y notar lágrimas en más de un rostro. Al finalizar, abrazos y besos. No me pidieron matrimonio porque no llevaban la alianza encima.
…………La Academia había ofrecido, como complemento a los cursos, unas visitas a los lugares más emblemáticos. Una de ellas fue al majestuoso monasterio de Nea Moni, una joya bizantina encaramada en una montaña de la región central. Es Patrimonio de la Humanidad. Cuenta con unos mosaicos contemporáneos a los de Santa Sofía que te dejan sin aliento.
…………Lo que más me impactó fue una capilla que hay nada más entrar al complejo, a la izquierda. En ella se exponen en una vitrina centenares de cráneos y huesos humanos. Me contaron que en la cripta hay miles más. Al principio, pensé que eran los restos de los monjes que habían fallecido en ese monasterio y maldije entre dientes la macabra costumbre, que compartirían con algunos cofrades católicos que decoran capillas con los cráneos y tibias de sus muertos, como en algunos monasterios capuchinos.
…………Me sacaron pronto de mi error. Muchos de las calaveras eran de niños y de mujeres. Bastantes mostraban fracturas en el cráneo, que delataban una muerte violenta. Todos, me dijeron, habían sido asesinados. Esos huesos, y los miles que se conservaban en la cripta, eran un testimonio de lo que se conoció como las Masacres de Quíos.
…………En 1453 cayó Constantinopla en manos de los turcos otomanos, comandados por Mehmet II. Con ella cayeron también los últimos bastiones del otrora magnífico Imperio Bizantino, que abarcara desde las riberas del mar Negro hasta Belgrado. Todos los súbditos bizantinos eran de cultura y lengua griega y religión cristiana ortodoxa.
…………A partir de ahí, la dominación turca se fue extendiendo como una nube de langostas por los territorios antaño bizantinos. La convivencia entre otomanos y griegos no fue fácil. Los primeros llegaron como conquistadores y no hicieron nada por integrarse con sus súbditos, que siempre tuvieron la conciencia de estar subyugados por la bota turca.
…………Cuando el Imperio otomano fue entrando en decadencia, a comienzos del siglo XIX, prendió la llama de la independencia en los territorios helenos. Así, en 1821, comenzó la llamada Guerra de la Independencia, principalmente en la península del Peloponeso y en otros lugares de la Grecia continental. El uno de enero de 1822, en una asamblea celebrada en el emblemático teatro de Epidauro, se proclamó la independencia.
…………Quíos era una de las islas más ricas del Egeo gracias a los cultivos de la ‘masticha’ o almáciga, una resina muy apreciada para uso culinario o en la fabricación de productos farmacéuticos (la de Quíos es de las más afamadas por su calidad), y de cítricos. Un grupo de mil insurgentes helenos desembarcó en la isla con el fin de ganarla para su causa. La guarnición turca estaba formada también por mil efectivos.
…………El gobernador, el pachá Vahit, pidió ayuda a la Sublime Puerta (así se llamaba al Gobierno del Sultán en Estambul). La Puerta no podía permitir que se extendiera la llama de rebelión entre sus vasallos griegos y, teniendo también ‘in mente’ la matanza de turcos perpetrada por las tropas helenas en la liberación de la ciudad de Trípoli, ordenó dar a los quiotas un castigo ejemplarizante y pasar la isla a sangre y fuego.
…………El 30 de marzo de 1822, Martes Santo, llegó al puerto de la capital una flota de cuarenta y seis navíos con siete mil soldados, comandados por el almirante Kara Ali. Nada más desembarcar se dio la orden de iniciar una masacre indiscriminada, a la que se unieron los mil efectivos que estaban de guarnición en la fortaleza. Fue una matanza general, sin excluir hospitales o lazaretos de leprosos. La ciudad y aledaños fueros devastados por las llamas. Al día siguiente, 31 de marzo, pequeñas flotillas de fanáticos turcos, más o menos organizadas, comenzaron a hacer incursiones desde otras islas cercanas o desde las costas de Anatolia para cazar griegos y saquear sus propiedades. Dichas incursiones se mantuvieron hasta agosto de este mismo año. Se postula que, contando las tropas regulares y los voluntarios acudidos a masacrar a los quiotas, el número de invasores ascendió a unos cuarenta mil hombres.
…………Las órdenes que el pachá Vahit y el almirante Ali dieron a todos sus efectivos fueron matar a todos los niños, independientemente de su sexo, menores de tres años, a los chicos jóvenes a partir de los doce años y a los ancianos y a todas las mujeres mayores de cuarenta años; capturar y vender como esclavos a las chicas y mujeres entre tres y cuarenta años y a los chicos entre tres y doce años; respetar la vida de los varones jóvenes sólo si consentían en islamizarse, pero matar a los ancianos, aunque alegaran que estaban dispuestos a abrazar el islam.
…………Después de arrasar la ciudad, los turcos se dirigieron hacia el sur, hacia Kampos y su territorio (donde los genoveses habían introducido el cultivo de cítricos, cuyas mandarinas eran muy apreciadas en los mercados europeos). Los griegos ofrecieron una tenaz resistencia en Thymiana y en el monasterio de Agios Minas. Fue inútil. En una de las capillas, junto a delicados iconos, se pueden observar, en unas estanterías pintadas de azul mar, los restos de los masacrados en aquel lugar santo.
…………Los supervivientes buscaron refugio en las montañas y monasterios de la zona central, en la Mastichochora, al sur, donde se producía la ‘masticha’, cuyo cultivo estaba protegido, pues era monopolio del harén de la hermana del Sultán, y en la costa oeste, esperando ser evacuados por los navíos y barcas que llegaban desde la vecina isla de Psara.
…………Al séptimo día de comenzada la masacre, Kara Ali anunció una amnistía a los quiotas que entregaran las armas y regresaran a sus hogares. Incluso obtuvo cartas del Metropolitano de la isla, Platón, la máxima autoridad religiosa, y de otros notables asegurando a sus vecinos que las intenciones del almirante eran sinceras. Llegó a persuadir también al cónsul de Austria y al vicecónsul de Francia para que recorrieran la isla instando a los quiotas a aceptar la amnistía.
…………Pocos retornaron a su hogar. Los que lo hicieron fueron ejecutados, junto con los rehenes notables que tenían cautivos en la fortaleza, el Metropolitano incluido.
…………A partir de aquí, comenzó el segundo ataque o la Gran Masacre, siendo la más larga en duración y en número de víctimas. Le tocó ahora a la región central, en la que se sitúa el citado monasterio de Nea Moni. Centenares de fugitivos buscaron refugio en este lugar sagrado. Inútilmente. Los monjes actuaron de escudos humanos. Fueron decapitados con cimitarras o alanceados los primeros. Luego les llegó el turno a los demás.
…………Acongoja ver algunos cráneos de varones, mujeres o niños reventados por golpes de maza o por picas. Que te cuenten que muchas mujeres jóvenes, que podían haber salvado la vida, fueron degolladas por intentar defender a sus hijos de pecho, a sus padres o a sus esposos. Cuentan que muchos cuerpos aparecieron decapitados. Los merodeadores turcos, atraídos por las recompensas prometidas por Vahit, decapitaban a sus víctimas para llevarle al pachá las cabezas, lenguas u orejas de sus víctimas. El gobernador enviaba barriles con estos despojos al Sultán.
…………Incluso mujeres y niños, que por su edad debían haber salvado la vida para ser vendidos como esclavos, fueron degollados para mutilarlos y llevarse los trofeos, pues se hallaban muy lejos de la capital y era un engorro para sus verdugos conducirlos con vida hasta allá.
…………Las poblaciones que ofrecieron cierta resistencia, como Vrontados y Thymiana, fueron devastadas a sangre y a fuego. Ningún superviviente.
…………El último reducto en el que encontraron refugio los griegos en esta segunda masacre fue el Noroeste de la isla, donde los fugitivos esperaban ser evacuados por los bajeles griegos, procedentes los más de la isla de Psara. Testigos presenciales describen que los huidos cubrían una extensión de unos doce kilómetros de costa. Miles de almas desamparadas acosadas por los otomanos. Muy pocos encontraron salvación en la mar. Bien porque los bajeles griegos no se atrevían a cruzar entre los navíos turcos que comenzaron a llegar, bien porque algunos patrones helenos pedían sumas desorbitadas a sus compatriotas para embarcarlos, abandonándolos a su suerte si no pagaban.
…………Los turcos fueron arrinconando a los fugitivos en el cabo de Melanios. Se produjo una orgía de sangre. Millares de muertos e innumerables cautivos. Los verdugos se divertían castrando a los varones, aún vivos, y metiéndoles los testículos en la boca, prendiendo fuego a las vestiduras de las mujeres que intentaban proteger a los suyos. Muchos helenos se arrojaron por los acantilados antes de caer en manos otomanas. El mar quedó teñido de rojo.
…………Partidas de merodeadores emprendieron una búsqueda sistemática, con perros de presa, de supervivientes en calas, riscos y cuevas recónditas. Caravanas de cautivos eran llevados hasta Quíos capital para ser embarcados y vendidos como esclavos en los mercados de Esmirna.
…………Sólo la región productora de la almáciga, la Mastichochora, por ser el cultivo de estos arbustos resinosos monopolio de la familia del Sultán, quedó a salvo. Por el momento. Aunque los otomanos conminaron a sus habitantes a entregar a los fugitivos bajo serias amenazas.
…………Pero el pueblo griego es un pueblo bravo, capaz de los mayores actos de heroísmo en los momentos más críticos. A primeros de junio, un puñado de partisanos, mandados por un isleño de Psara, Konstantinos Kanaris, burló la vigilancia turca y se deslizó entre sus navíos hasta llegar a la nave capitana. Se las ingeniaron para entrar a la santabárbara de la misma y colocar una carga explosiva, que hicieron detonar cuando ya se hallaban a salvo en su lancha. Mandaron a pique al buque insignia y al almirante Kara Ali, a retozar con las huríes. En un rincón de la fortaleza se halla la tumba de Ali y el Museo Naval de Quíos atesora como uno de los objetos más preciados la daga que usara Kanaris, quien siguió combatiendo en la Guerra de Independencia, llegando a ser almirante y Primer Ministro hasta en seis ocasiones.
…………El 7 de junio, nada más ser enterrado el almirante, el pachá Vahit mandó que fuera arrasada también la región de la Mastichochora y encomendó la llamada Tercera Masacre a veinte mil soldados.
…………La isla fue arrasada en su totalidad de norte a sur, de este a oeste. Las matanzas, incendios y saqueos se extendieron hasta el mes de agosto. Incluso fueron empalados hasta la muerte dignatarios extranjeros que intentaron parar las matanzas.
…………Según Constantinos E. Fragomichalos, en cuyo imprescindible libro The Massacres of Chios in 1822: Wich Was the Exact Number of the Victims me he basado para relatar estos hechos (volumen que llegó a mis manos por cortesía del señor Antonis N. Palios, de la Editorial Alpha Pi, editora del mencionado título), al principio de los hechos aquí narrados, Quíos contaba con unos ciento veinte mil griegos y unos tres mil turcos. Al final de las masacres sólo quedaron en la isla mil ochocientos helenos. Unos veintitrés mil consiguieron huir. Cincuenta y dos mil fueron vendidos como esclavos. Cuarenta y dos mil perdieron la vida, frente a los seiscientos turcos que cayeron en las escaramuzas.
…………Inmediatamente fueron hechos venir griegos de otras regiones para que atendieran sin demora la recolección de la almáciga. La hermana del Sultán no podía prescindir de tan suculentas rentas.
…………Las Matanzas de Quíos conmocionaron a la opinión pública occidental de su época, que acabó adhiriéndose a la lucha del pueblo heleno por su libertad e independencia. Grupos de intelectuales como Víctor Hugo, Chateaubriand o Lamartine escribieron encendidos artículos filohelenistas. Lord Byron acudió voluntario a combatir con las tropas de liberación y murió de un ataque de malaria en la ciudad de Messolonghi en 1824. Artistas como Xydakobe, Kanelakis o Delacroix pintaron cuadros sobre el tema. El más conocido, indiscutiblemente, es el del francés, que se expone en el Louvre con el título La matanza de Quíos. Resulta, cuanto menos, impactante, por no decir desolador. Incluso políticos como el rey alemán del estado de Baviera, Luis I, llamó a luchar por la independencia griega. Potencias como Rusia, Francia y el Reino Unido contribuyeron a la causa helena.
…………Los quiotas debieron de esperar noventa años para escapar definitivamente del yugo otomano: la isla fue liberada en 1912.
…………Hoy, Grecia vuelve a estar sometida. Una nueva masacre se está perpetrando en el país heleno. Los turcos actuales hablan alemán (es el caso de la canciller Angela Merkel y su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble), portugués (como el bellaco traidor Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea, al que no le ha temblado la mano a la hora de ordenar también la masacre de su otrora conciudadanos portugueses), francés (como la Presidenta del Fondo Monetario Internacional), italiano (cual Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo) o inglés (como los ejecutivos de los diferentes fondos de inversión que quieren repartirse los despojos del país que alumbró la democracia). La Sublime Puerta es ahora la Troika. Pero sus fines son los mismos: desguazar a un país, humillar y masacrar a sus ciudadanos en aras de un talibanismo neoliberal, por el que los mercados, los bancos y los grandes ‘lobbies’ empresariales están por encima de las personas. Lo único que importa es sacar cuantos más beneficios mejor. A cualquier coste.

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