Pero ¿queda algo que no huela a podrido en el PP?

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Corrupción política, PP

Menos mal que, me consta, el Partido Popular es un partido regido por personas honorables. Estupefacta. Atónita. Pasmada. Ya no sé qué sinónimo usar para describir cómo me siento ante la desfachatez, la prepotencia y la desvergüenza de las que alguna gente de este PP hace gala día sí y día también, a lo largo y ancho de esta península castigada por su desgobierno.

Soy consciente de que los dioses me engendraron harpía para cubrir con mis excrementos a los impíos, que ofenden al género humano con sus actos. Pero, ¡por los dioses todos de la Estigia!, ya no puedo más. Me tienen excoriada la cloaca de tanto hacerme excretar sobre los gerifaltes del partido en el Gobierno y allegados. Mis alas ya no pueden soportar mi mantecoso cuerpo ni llevarme de aquende a allende. Laceradas axilas e ingles. Sin resuello ni reposo.

Lejos de convertirse en ejemplo de honestidad, limpieza ética y rectitud moral, ciertos populares parecen competir para convertirse en paladines de la impudicia y de la deshonestidad. Sin complejos.

Son honorables y pondrán en su sitio (o sea, en la calle) al Ministro de Sanidad, anterior Alcalde de Vitoria, tras ser multado por el Tribunal de Cuentas al beneficiar, presuntamente, a un empresario afín pagando un alquiler desorbitado para un local municipal en su etapa de regidor.

Menos mal que el PP es un partido honorable y, por ende, castigará con el ostracismo político a la actual alcaldesa de Valencia, la muy acalorada (no sólo por el ‘caloret’) Rita Barberá. No se recata a la hora de mofarse de los que protestan contra la corrupción, que degrada a Valencia y a la comunidad entera, chuleándose sobre que ella, haga lo que haga, sigue en su poltrona, y aquéllos, en la cochina calle. No le duelen prendas por haber mantenido en su cargo a su Vicealcalde, imputado en un presumible grave caso de corrupción. Con un par de ovarios. Como en tiempos de Franco.

Menos mal que lo máximos dirigentes del PP son rectos y honorables, por lo que pondrán castigos ejemplares a los que los representan en la Comunidad Autónoma de Murcia. Es el acabose. Están desaforados. Tras veinte años en el Gobierno, ejercidos de manera cortijera, despótica y chulesca por el inefable Ramón Luis Valcárcel, se ven tan adheridos al poder que han perdido todo recato y respeto a sus ciudadanos. Miguel Ángel Cámara, alcalde en los últimos decenios, pergeñador de una serie de convenios urbanísticos sin pies ni cabeza, está imputado, por ahora, por un presunto delito de corrupción urbanística de proporciones descomunales.

El tal Cámara, según se van conociendo datos sobre su proceso judicial, estuvo como dos años sin sacar ni un solo euro de sus cuentas. Al igual que su mujer. A pesar de tener una nutrida familia. Algunos de cuyos miembros han visto aumentar su patrimonio de manera, cuanto menos, sospechosa.

El bueno del Alcalde debería ser fichado ipso facto por il Gran Capo para sustituir al quemado Montoro en el Ministerio de Hacienda: demostró que el milagro de convertir los panes en peces era factible, al poder aguantar dos años sin gastar un solo céntimo (de su sueldo oficial) y seguir vivo, él y los suyos. Y hacer crecer cual maná bíblico sus cuentas.

Tan turbio debe de estar el asunto del Alcalde milagrero que el PP lo da por finiquitado y le ha buscado sustituto para las próximas elecciones. Sigue siendo Secretario General del partido. Se especula con que algún carguillo le espera con el que premiar su denodado esfuerzo. Esta región no puede dejar perder a un ahorrador tal.

Aunque el probo Cámara queda eclipsado por el actual Delegado del Gobierno, representante máximo de Rajoy y de las instituciones estatales en la comunidad. Al mencionado, de nombre Joaquín Bascuñana, lo de convertir panes en peces se le queda corto. Incluso lo que hizo su dios andando sobre las aguas: el Delegado es capaz hasta de levitar sobre tierra y mares. Si no, no se explica que haya podido mantener a su familia durante doce años, doce, sin sucumbir al mundanal asunto de sacar dinero de cajeros o mostradores bancarios.

Los malpensantes sibilinamente siembran que, a lo mejor, está imputado en un caso de presunta corrupción urbanística (otro) por ello. Caso en el que también está imputada la regidora de Cartagena y cabeza de los diputados populares murcianos en el Congreso. Y hasta el juez instructor barrunta que el anterior presidente, el supracitado Valcárcel, debe de estar pringado.

Porque sé que en el PP son gente honorable, si no, no me explico que un tal Martínez Pujalte, diputado también, sea visto salir a horas intempestivas de la sede de la Fiscalía General del Estado cuando se están cercando a colegas suyos tan afines. Uno podría pensar que intentaba influir sobre los fiscales para que pusieran obstáculos a la investigación judicial. Pero no, no puede ser. En el PP son gente honorable.

Como gente honorable que son, harán dimitir de su cargo de vicepresidente del Parlamento Europeo a Ramón Luis Valcárcel Siso, otrora caudillo de la depauperada región murciana. La razón, más que obvia: cuando el citado vio cerrarse el cerco judicial acerca del mencionado caso de corrupción urbanística, pudiendo salpicarlo a él y a alguno de sus parientes, no sólo dicen que mandó al tal Pujalte donde los fiscales (¿con qué fin?), sino que se atrevió a responder al auto judicial de manera desafiante.

Si faltara algo, el delegado de la Agencia Tributaria en Murcia fue cesado fulminantemente. Los que no tienen un corazón caritativo sospechan que lo cesaron por no impedir que sus empleados e inspectores cumplieran las órdenes del juez sobre investigar los patrimonios de los imputados. Porque esto no es ni Sicilia ni Venezuela, pero uno podría imaginar que el PP murciano se parece más a la mafia (con amenazas a jueces, ley del silencio y sensación de impunidad incluidas) que a un partido supuestamente democrático.

Sé que Rajoy siente empatía hacia los que machacó con sus políticas, sobre todo ahora que conocemos que el PP es como Cáritas y se va a presentar en todos los desahucios que perpetren sus ex amiguitos  de los bancos para estar con las víctimas y no con los fondos buitres (¡chúpate esa, Botella!: tu nene se va a quedar sin el chollo de enriquecerse a costa de las lágrimas ajenas).

Me consta que el PP es honorable y consecuente, sabedor de que han de seguir el ejemplo de Julio César, el cual se divorció de su mujer porque decía que la mujer de César, no sólo ha de ser honesta, sino también parecerlo. No podía haber ni sombra de sospecha sobre los que ostentan el poder absoluto. Sembraría el sentimiento de impunidad entre los suyos y la desconfianza y el desafecto entre sus súbditos.

A causa de esto, estoy seguro de que Esperanza Aguirre, que se cree por encima del bien y del mal, que se rodea de corruptos sin ton ni son, que se permite huir de los agentes de la ley (cosa que ningún otro mortal, al menos que no sea afín a la élite, puede hacer sin ser detenido y castigado ejemplarmente), estoy seguro, repito, de que esta presunta señora será defenestrada y obligada a pedir disculpas por sus excesos. No me quiero ni imaginar cómo se sentirían los agentes que intentaron multarla si llegan a sospechar que la sujeta podría volver a ejercer algún tipo de poder. No se señala, precisamente, la condesa por su ecuanimidad.

Tengo fe ciega en la honorabilidad de los del PP y sé que investigarán las ansias privatizadoras de los suyos y los chanchullos que han hecho regalando suelos públicos y prebendas a sus afines (Opus, empresas de familiares, allegados a José Luis Moreno, etcétera, según se deduce de la investigación sobre Púnica) para que hagan colegios concertados u hospitales privados. Que tiemblen, que tiemblen universidades católicas y colegios píos a lo ancho y largo de la nación: los dirigentes populares van a tirar de la manta y a castigar a los suyos que hayan actuado de mamporreros en estos opacos asuntos.

Porque me consta que los del PP son defensores a ultranza de lo público y que arrojan de sus filas a quien pretenda usar lo que es de todos, a fin de privatizarlo y enriquecer a los de su cuerda. Deseo creer en la honorabilidad, en la consecuencia, en el compromiso con lo público de los populares porque, en caso contrario, emanaría un pútrido olor de sus sedes y de algunos de sus votantes, que, aun conscientes de sus vicios y prebendas, los disculpan como ‘peccata minuta’ y los respaldan con sus votos.

España, la verdadera España (no la que ellos quieren construir) no se merece tales señores, indignos de la gente que se deja la piel a diario y mantiene el país con sus impuestos, sin posibilidad ninguna de poder defraudar, tal y como ellos sí pueden. Y ser Cáritas.

1 comentario

  • Responder marzo 23, 2015

    Carmele

    Por no hablar de la nueva ley que quieren aprobar para poder recalificar los terrenos de manera inmediata después de haberlos quemado. Ya ni se molestan en disimular.

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