A vueltas con la (mala) educación

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…………En el último artículo de esta harpía resabiada y amargada decía que, en España, la educación es una soberana porquería. Sin paliativos. No hace falta que ningún informe PISA lo viniera a ratificar. De esta basura en la que han convertido la educación se culpa siempre a los profesores o a los maestros. Son la cabeza de turco perfecta. Se les tacha de vagos redomados, de egoístas, de escaqueadotes y, desde las mesnadas faescistas del Partido Popular más cavernícola, de subversivos por plantarles cara a sus políticas ultraliberales, privatizadoras y reaccionarias.
…………Nadie, entre los demás sectores de la sociedad, admite responsabilidad alguna en el desastre en el que se haya sumida la educación española. Ningún político. Ningún padre. Los culpables, los profesores y sólo los profesores. Por funcionarios, interinos o asalariados de la privada o concertada. Por tener más vacaciones que nadie. Por haber hecho el gilipollas estudiando decenios para acabar de maestros. Por ganar la mitad que un analfabeto metido a constructor o a emprendedor con contactos.
…………Culpa ninguna recae en esta sociedad mercantilista y adocenada. Inocentes son la clase política falsaria y corrupta, junto con el empresariado fariseo, cortoplacista y corruptor, amén de la clase trabajadora sumisa, atontada y entregada a francachelas, fútbol o telebasura.
…………La matanza de la educación la comenzaron las hordas del primer Partido Socialista con el alumbramiento de la LOGSE. Llevados por falsos y trasnochados prejuicios, se llegó a pensar que todo lo que significara esfuerzo, disciplina y constancia era reaccionario, franquista. Prostituyeron, entonces, la enseñanza: niños pasaban de curso sin esfuerzo, incluso con varias asignaturas pendientes. ¿Para qué iban a estudiar, a sacrificarse por algo si iban a promocionar ese año o al siguiente por imperativo legal? Los profesores, sobre todo aquellos que intentaban dignificar su profesión y no renunciaban a su compromiso, comenzaron a ser vistos, no como esos aliados, esos guías que te acompañan y conducen en la fase más importante de tu vida, en la que estás buscando tu camino, sino como tus enemigos. Se perdió el respeto al profesorado, tanto por parte de los alumnos como, lo que es peor, por las familias y los políticos.
…………En la educación de una persona son necesarias y complementarias entre sí cuatro piedras angulares: la familia, los estudiantes, los profesores, los gobernantes. Las cuatro han de ir a la par y apoyarse la una en la otra.
…………A mi, sin duda, errado juicio, el primer equívoco vino al confundir educación con enseñanza. Educar viene del latín ‘educere’, que significa, entre varias acepciones, “guiar, conducir, sacar desde”. Eso es algo que debe hacer, ante todo, la familia, pues es su máxima responsabilidad educar a sus hijos. Los profesores han de ser los guías, los auxiliares, los consejeros. Las familias comenzaron a delegar la educación de sus vástagos en los maestros y profesores. Convirtieron colegios e institutos en aparcamientos de niños, en ludotecas, donde tenerlos entretenidos mientras ellos atendían sus quehaceres. A muchos padres lo que hacen sus niños les es totalmente desconocido, como si se tratara de algo extraterrestre. Bastantes no saben ni el curso o grupo en el que están matriculados.
…………Luego están los valores que transmite esta sociedad. Una sociedad en la que triunfa una fulana, ex barragana de un torero, que escribe (es un decir) un libro y la gente soporta largas colas para comprárselo. Una sociedad en la que hace caja millonaria un caranabo hijo de folklórica que, es un suponer, pincha discos. Aunque yo diría que los raya.
…………Esta desidia, esta delegación de funciones se ha unido a la mala conciencia que tienen muchos al dejar desatendida a su prole, por culpa de los irracionales horarios laborales. Así, han creado y consentido pequeños seres egoístas, muelles y tiranos. Una amiga docente, ya cincuentona, me lo resumía de una manera muy gráfica: nuestra generación, la de los que nacimos en los sesenta y setenta, hemos pasado de la dictadura de nuestros padres a la de nuestros hijos.
…………Es  desolador ver cómo estudiantes que han suspendido seis o siete asignaturas o que aprueban sólo Religión (eso sí, con un diez, aun no habiendo venido a ninguna de las clases de las otras materias) reciben de sus padres regalos carísimos: motos, móviles de ultimísima generación, frente a los cuales los de sus docentes parecen ladrillos. ¿Qué ejemplo, qué sentido del deber o del compromiso les están dando sus familias si reciben lo que quieren sin haberse esforzado en lo que tienen que hacer a su edad?
…………Antes, cuando veía la indolencia de muchos de mis alumnos en clase, interrumpía la enseñanza de mi materia e intentaba arengarlos para que se esforzaran, se comprometieran con su propia formación: ellos eran los principales interesados en obtener lo mejor de lo que les podíamos dar en el instituto. A nosotros nos iban a pagar igual. Eran ellos los que estaban asentando los cimientos de su vida futura. Nosotros éramos sólo los arquitectos; ellos, sus propios maestros de obra.
…………Les ponía mi ejemplo. Cómo partiendo de una familia muy humilde, de abuelos taberneros y trabajadores agrícolas, conseguimos, primero mi padre y luego, yo llegar a profesores. A fuerza de innúmeras horas de estudio, de sacrificios sin fin. Les decía que sabía en carne propia lo desagradecido que es estudiar: tardas muchísimos años en ver el fruto a tus esfuerzos. Les hablaba de algunos de mis amigos de mocedad: cómo fueron abandonando los estudios, hastiados de libros y profesores, y se engancharon a los primeros trabajos que les fueron saliendo al paso. De cómo salíamos de fiesta y ellos iban en ciclomotor, mientras que yo tenía que conformarme con pedalear en bicicleta. De cómo ellos comenzaron a ganar dinero a los diecisiete años mientras que yo me tenía que conformar con las quinientas pesetas (tres euros) que mi padre, modesto maestro de escuela, me podía dar de paga semanal. Hube de esperar hasta los veinticuatro años, en los que mi purgatorio, mi constancia, mi tesón se vieron recompensados aprobando la oposición. Ahora, mis amigos siguen trabajando en trabajos precarios, mal pagados y echando más horas que tiene el día.
…………Les decía que hasta llegar a mi humilde condición de profesor de instituto había debido dejar muchas cosas a mis espaldas, varias dioptrías incluidas. Les hablaba de que desde la mesa en la que estudiaba podía ver, al otro lado de la plazoleta, el negocio de un vecino. Era una humilde tienda de reparación de electrodomésticos. Yo estaba sentado, estudiando, cuando lo veía abrir su taller a las cinco de la tarde. Continuaba allí a la hora de cerrar. Y, lo que era mucho más duro, seguía enredado en mis estudios, sin haber dormido, al abrir aquél de nuevo a las diez de la mañana. Eso me sucedía una y otra vez, en temporada de exámenes o al avecinarse la terrible oposición. Envidiaba a mi vecino con toda mi alma. Habría cambiado mi atribulada vida de estudiante veinteañero por la de él, un pequeño empresario autónomo de barrio. Veinticinco años después, mi vecino ha debido cerrar su negocio por la crisis y apuntarse al paro.
…………No ha mucho, un alumno cualquiera boicoteó mi supuesta arenga. Me interrumpió preguntándome cuánto ganaba yo. Al responderle, me dejó callado diciendo que su padre, que no había terminado la ESO y trabajaba en no sé qué oficio relacionado con la construcción, ganaba mil euros más de media. Y en negro. Mi alumno estaba esperando a tener los dieciséis años para dejar el instituto, aunque no hubiera acabado su escolarización, y engancharse a trabajar. ¿Para qué quería estudiar?
…………Impotente, observo a esa generación de mis niños que ahora acarician la treintena. Los he visto superar con brillantez los obstáculos que han encontrado en su vida académica, formarse mucho mejor de lo que pudimos hacerlo sus otrora profesores. No han podido trabajar en nada relacionado con lo que han estudiado. Aun habiendo seguido mis consejos y habiéndose aplicado con fervor, sobreviven a base de trabajos basura. En el mejor de los casos. Algunos, inclusive, han renunciado a sus sueños.
…………Ellos y la contestación del chico que mencioné más arriba han hecho que desista de arengar a mis muchachos. En este mundo que han construido los mercados y sus lacayos ultraliberales sólo se puede progresar, como cuando Franco, a fuerza de contactos y enchufes.
…………Estoy harto de que mis estudiantes tengan como modelos a niñatos multimillonarios por darle al balón, mercenarios de lujo, que dejarán, sin remordimiento alguno, los colores que dicen sentir en cuanto reciban una oferta mayor. Me enerva que les interesen más los balbuceantes comentarios de algunos de ellos que las sentencias de Machado. Que se conozcan la vida y milagros de estos soplapollas y sean incapaces de reconocer un cuadro de Murillo o recitar un verso de Lope de Vega o de Shakespeare.
…………Me comen las furias en cuanto veo a mis zagales seguir con fruición las vacías “vivencias” de una pandilla de golfos y golfas, a los que invitan a platós de televisión basura. Y constatar, a la vez, cómo les son indiferentes las aportaciones a la humanidad de Eurípides, Linneo, Fleming o Einstein.
…………¿Qué se puede esperar de un país en el que el diario más leído es uno deportivo? ¿En el que en cada informativo hay un interminable bloque sobre deportes y las noticias culturales o científicas se despachan en tres segundos?
…………Aparte de mis tareas docentes, solía comprometerme con mi centro organizando, en horario extraescolar (y, por lo tanto, ‘gratis et amore’), representaciones de obras de teatro o recitales de poesía, viajes culturales (tengo el convencimiento de que, en una excursión a un parque de atracciones, las únicas que parecen interesar a la mayoría, no he de implicarme) o visitas a yacimientos, museos o actos culturales. En los últimos años he debido cancelar todas las acciones que había propuesto ante el escaso o nulo interés suscitado en mis alumnos y, por desgracia, en sus familias. La última vez me dijeron que los veinte euros que costaba un viaje de un día con una variedad de actividades ideales para complementar lo que estábamos estudiando en el aula eran mucho dinero. Acababa de oírlos hablar entre sí de los casi cien uros que les costaban los trajes para la confirmación (ninguno estaba matriculado en Religión y sólo iban a las misas a las que les obligaban las catequistas, para ser vistos), a lo que había de añadir los casi cincuenta pavos que se iban a gastar en la posterior francachela. Ante la evidencia de que una familia prefiere gastar ciento cincuenta euros en un evento lúdico —muy vistoso, no lo dudo— pero se cierra el bolsillo cuando les pides dinero para ir a una actividad cultural, no me queda más remedio que morderme los puños de rabia e impotencia.
…………Luego está la actitud abúlica, sobrada y laxa de muchos. Parecen mirar al profesor como si estuvieran de vuelta de todo, como si aquél no pudiera compartir nada con ellos ni iluminarles y guiarles en la vereda que han de seguir para hallar su lugar en este mundo tan complejo. Bastantes se dedican a dormitar sin pudor ni respeto alguno, indiferentes a las amonestaciones, o te miran con rencor si no tiras la toalla y pretendes trabajar con ellos.
…………La tercera columna de la educación son los profesores. A lo largo de mis casi cinco lustros de carrera los he visto de todos los colores. He conocido a aquellos impresentables que eran profesores de universidad frustrados, amargados por dar clases en colegios o institutos, y se limitaban a pagar con sus alumnos sus amarguras. He visto a aquéllos que sólo están en la docencia, no como servidores de la sociedad formando a sus retoños, sino como venales trabajadores. Que sólo están en la profesión por el sueldo y las vacaciones. Sin vocación de servicio alguna.
…………Uno de los compañeros que menos atendía a su trabajo y más se escaqueaba, para escarnio de todos, acabó de diputado del partido del Gobierno en la Asamblea Regional. No ha vuelto a empuñar una tiza. Lo veo a menudo encasquetado en su traje impecable, llevando a sus hijas a un colegio de pago (él, que debería dar ejemplo llevándolas a uno público). Uno de los profesionales más golfos que he conocido ocupa ahora puesto de director general en no sé qué consejería. ¡País de ineptos donde un chupacirios llega a altas instancias!
…………Pero también he visto, en los más de los casos, a compañeros íntegros y comprometidos con sus alumnos y las familias de aquéllos. Inasequibles al desaliento, al menosprecio con el que los trata la sociedad. Entregándose a su trabajo más allá de lo que se les exige. Compartiendo con sus alumnos exposiciones, laboratorios o monumentos. Preocupándose por atender a sus discípulos fuera de su horario laboral con actividades deportivas, científicas y culturales, a fin de apartarlos del peligro de las calles. Los he sentido organizar revistas (de las que han salido algunos periodistas), obras de teatro, excursiones. Todo ello por amor a su profesión, sabedores del aforismo de Séneca: “Homines dum docent, discunt” (“Los hombres, mientras enseñan, aprenden”). Ése es uno de los secretos de la docencia: no son sólo los alumnos los que han de aprender de sus maestros, sino éstos también de aquéllos.
…………‘Alumno’ está relacionado con el verbo latino ‘alo’,que significa “alimentar, mantener, hacer crecer” (raíz que aparece también en la palabra ‘alma’). Se supone que el alumno es alguien que es alimentando intelectualmente por su profesor. Que, a su vez, el profesor adquiere el compromiso de nutrir el espíritu de su pupilo.
…………Confieso que muchas veces me olvido de qué materias he de enseñar. He debido atender cuestiones ajenas a mi incumbencia, demandado por un estudiante angustiado al que no sé dejar desamparado. He tenido que tragar muchos sapos que no me estaban destinados. Es muy pero que muy complejo tratar a diario con seres humanos. Por ello, me indigna cuando escucho a políticos ineptos, cuales el genares que mangonea en esta comunidad y se dice “profesor”, decir que nada importa si en un aula, ya abarrotada, hay diez estudiantes más. Como si fueran borregos. Es preciso ahorrar para tapar las pifias que su pésima gestión ha originado.
…………En los últimos tiempos estoy siendo testigo de cómo muchos profesores, que han cumplido los sesenta y llevan casi cuarenta de servicio, se están acogiendo a la jubilación voluntaria. Son excelentes profesionales que aman su oficio, que tienen aún mucho que aportar a esta sociedad. Están hartos de ser mangoneados, despreciados, humillados por la panda de cenutrios que nos gobierna. Quieren retirarse con dignidad. Sinceramente, los envidio.
…………Porque la cuarta pata en la que ha de sustentarse la educación es la clase política. El acabose. De sobra está constatada la calaña de aquéllos que se autodenominan “la casta”. No descuellan precisamente ni por su preparación moral ni intelectual. Y son ellos los que han de legislar sobre los temas más fundamentales que regulan la convivencia democrática.
…………Nelson Mandela, el líder sudafricano recién fallecido, afirmó, en un rapto de clarividencia: “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Nuestro ínclito presidente del Gobierno, don Mariano Rajoy, dejó claro ante la prensa su talla. Al ser preguntado sobre qué sentía al asistir a un hecho histórico, deshizo su estreñimiento mental evacuando que estaba muy contento e impresionado porque, en el mismo estadio en el que se celebraban las exequias, España había ganado el mundial. ¡Con un par! ¿Cómo puede soportar un país ser comandado por un sujeto cuya principal lectura de cabecera es el Marca?
…………Creo que Mandela tenía razón. Eso lo sabe la derecha. Y como lo tiene bien aprendido, se comprende que sujetos como Esperanza Aguirre o el autosupuesto novillo Wert hayan sido ministros de Educación. Cuanto peor sea la educación (sobre todo la pública) más inerme estará el pueblo.
…………Espanta saber que una de las vigas maestras de la democracia ha sido confiada a personas tales como Andreíta Que-Se-Jodan o la diputada que se fotografió con un retrato del fundador de la Falange para celebrar su elección. Que se designe ministro, consejero o asesor de Educación a tipos que no tienen ni pajolera idea o que son desertores de la tiza. Que con la LOMCE se acentúe la potestad de la Administración de tener directores títeres y lameladillas en los centros, lacayos de la escoria dominante.
…………Hasta que no se deje llevar las riendas de la enseñanza a los que de verdad entienden de ella, no se deben a ningún credo político ni religioso y se baten a diario en sus trincheras, este maldito país estará irremediablemente condenado. Hasta que padres y alumnos no tomen conciencia de que la educación es el camino para su total realización personal, que tras todo profesional de éxito hubo un maestro o un profesor que lo empujó, no habrá esperanza. Hasta que no se exija a la clase política, con dientes si fuera menester, que se comprometan de verdad con la educación y que lleven (todos, inclusive la Casa Real) a sus vástagos a centros públicos, a fin de que vean lo que es sufrir en primera persona los efectos de sus medidas, España seguirá en el culo del mundo.

3 comentarios

  • Responder enero 20, 2014

    Alejandro M

    Estoy de acuerdo en casi todo. Quizá difiera en eso de añadir lo personal como comparativa a una vida de otra generación completamente diferente.

    Pero además de la pérdida del amor y la pasión por las artes, las ciencias, la aventura o el espiritu crítico, también se ha perdido esa ignorancia humilde. Ese saber ser y saber estar de los que eran analfabetos y nunca hablaron mal de nadie, ni se salieron de tono, ni eran groseros ni presumían de no haberse leído un libro en su vida. En mi opinión, la humildad es la clave de todo el asunto.

    La humildad es lo que le falta a todos y cada uno de los sectores de este país. Siendo humilde uno puede reconocerse ignorante, pedir perdón, equivocarse, ser íntegro, decir la verdad, asumir las consecuencias y seguir adelante porque no somos más que humanos y en 117 años ninguno de que los que hoy vive seguirá aquí.

  • Responder enero 21, 2014

    Borja Contreras

    Lo tenemos crudo, compañero. No te añadiría ni una coma.
    Pensándolo bien, con este tema tenemos para escibir artículos durante una década. Lástima que no podamos esperar un final feliz…

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