Por mis alumnos

…………Llevo unos veintitrés años como profesor de Latín en un instituto público. Comencé en pueblos de la costa de Lugo, anduve seis años por Huelva y me muevo desde 1999 por la Región de Murcia. A estas alturas, puedo decir que lo mejor de estos más de cuatro lustros ha sido la relación con mis alumnos. No mis clases sobre los usos de los participios, ni mis disertaciones sobre el teatro de Plauto.
…………Ellos son lo mejor de esta denigrada profesión. Y el intentar abrirles el alma a las innúmeras enseñanzas que encierran en sí la lengua y la cultura grecolatinas. Intentar que tamicen su realidad cotidiana a través de una mentalidad tan divinamente humana como la que destila el mundo clásico. Enseñarlos a ser mejores personas, seres más humanos a partir de las lecciones que nos legaron los clásicos.
…………Los he tenido a cientos, puede que ya a millares. De los más he olvidado sus nombres, sus rostros. Guardo confusos recuerdos de muchos, que se sobreponen unos a otros y me hacen confundir destinos y cursos. Me siento orgulloso de ellos, me regocijo con sus logros, me acongojan sus fracasos.
…………De mi etapa gallega, para mi desdicha casi borrada por la bruma del olvido, apenas me quedan caras sin nombre, nombres sin rostro. Atesoro en lo más hondo, en cambio, la música de su lengua gallega, la calidez de sus miradas, la exuberancia de su alma cuando a sus fragas llegaba la primavera, la hospitalidad con la que acogieron en sus ánimos adolescentes a este emigrante del lejano Sur. Compartí con ellos galernas que les costaron la vida a familiares, con la angustia del que, desde la costa, aguarda a que la mar devuelva los cuerpos. Con ellos aprendí a creer, peregrinando a San Andrés de Teixido, devorados por la niebla, al borde de vertiginosos acantilados, en la Santa Compaña, en meigas cuantas haber quisieran. Descubrí en su mirada el sol, cuando compartimos la Alhambra.
…………La luz de cal y del Atlántico me cobijó por seis años en Huelva. Con mis alumnos onubenses saboreé las mieles de Talía haciendo teatro y sintiéndome un mísero imitador de García Lorca y los de La Barraca, al llevar nuestras obras por pueblos de la Sierra de Aracena, Almería y Cartagena. De ellos aprendí la disciplina, el compromiso en un proyecto común, el saber delegar y compartir responsabilidades, el dulce martirio de sentir mariposas en el alma antes de una representación en un teatro abarrotado. Nombres como J. R., Marta, Sandra, Juan, Inma… me acompañarán mientras que los dioses no me roben la memoria.
…………Gracias a las redes sociales pude salvar del naufragio de la desmemoria a alguno de ellos. Me ufano de haber sido algún día su profesor. Me pavoneo, incluso, por haber tenido la fortuna de enseñarlos, cuando conozco que María Rubiales recorre el mundo (Bali, Qatar, Australia…) trabajando en una multinacional. Cuando veo a Rocío como psicóloga de Cruz Roja, a la que llaman a auxiliar a sus semejantes en conflictos diversos de nuestra geografía, patria y exterior. Cuando sé profesoras y, por ende, compañeras en este minusvalorado oficio, a Miriam, a Araceli. Cuando me dicen que Marta es arquitecto y Rocío, médico. Cuando, desde el autobús urbano que conduce, me saluda con un bocinazo Luisle y me grita, sacando por la ventanilla casi sus más de dos metros, “«fuerunt» o «fuere»”. Cuando me arregló un grifo el primer alumno negro que tuve, feliz por haber montado su propia empresa. Cuando Juan me vendió sus colchones, también empresario.
…………Tardará en borrárseme la emoción que humedeció mi alma viendo llorar a Tatiana al descubrir en el Vaticano a la Pietà de Miguel Ángel. Era tan bonita, decía, tanto que… Salamanca, Sevilla, Roma, Florencia fueron fugazmente onubenses cuando las compartí con ellos.
…………Los hados me llevaron después a Alhama de Murcia. Seguí cultivando con mis alumnos la poesía y el teatro grecolatino. Me regalaron momentos inolvidables en el auditorio de Cartagena y, especialmente, en la Sala Abovedada del Centro Arqueológico de los Baños, en la misma Alhama. ¡Cómo embriagaban los versos de Safo y Sófocles, los requiebros de Catulo, los acordes del Epitafio de Seikilos en aquella bóveda del siglo I! ¡Cuán gráciles eran Aída, Paloma, Ana, Aranza, Rocío, Ángela…! ¡Cuánta hermosura le arrancaban a sus instrumentos Sergio, los Antonios, Irene, Alicia…!
…………Con ellos compartí el amor por los textos clásicos, por su poesía, por su historia. Recorrimos Salamanca siguiendo los pasos de Espronceda y su estudiante, de la Celestina, del Lazarillo de Tormes. Tuve el privilegio de llevar a Felipe y a Paco por primera vez a Pompeya…
…………Es en Alhama de Murcia donde tengo clavada en el alma una espina sangrante. Mis niños, mis niñas que no superan los treinta años y que forman la generación perdida. Esa generación, impecablemente formada, que se maneja en varios idiomas, que se mueve con soltura en las nuevas tecnologías, que acumulan másteres y que ha sido abandonada a su suerte por los últimos gobiernos que ha sufrido esta desdichada España. Una generación que ha visto cómo los gobiernos de Aznar, de Zapatero, de Rajoy favorecían a especuladores y arribistas. Una generación que ha visto privilegiados a albañiles que se creían arquitectos o promotores y montaban un chiringuito inmobiliario. Una generación que ha sufrido el despropósito de ver encomendadas pequeñas y medianas instituciones de ahorro a simples contables que se creían banqueros o a politicastros sin escrúpulos. Una generación que ha soportado a chorizos que se metían a políticos o embaucaban a éstos. A políticos que se volvían chorizos…
…………Una generación que veía a algunos de los suyos desertar de las aulas, hartos de disciplina y esfuerzo sin recompensa pecuniaria inmediata, para ganar varios miles de euros en los andamios. Que ahora los ve, derrotados, retornar a las clases de las que huyeron. Una generación que ve cómo se colocan sin rubor los hijos de los mandamases sólo por ser “hijos de”, mientras que a ellos se les ofrecen trabajos basura o se les anima a salir de sus lares a buscarse la vida.
…………Me es insoportable ver a Felipe, con dos másteres y considerado un experto internacional en su campo, tener que aviárselas con la mísera beca que el Ministerio le ha dado a sus casi treinta años. El recordar las lágrimas de María José, casi resignada ya a trabajar el resto de su vida deshuesando cabezas de cerdo, y agradecida, tras haber “perdido” valiosos años estudiando como una mula en institutos, facultades y escuelas de idiomas. El escuchar a Juana sentirse culpable por haber superado una oposición, en inhumana lid, llegar a funcionaria y ser la única, casi, de su generación en haber encontrado el camino por el que con tanto denuedo ha luchado. El leer a Lidia, que dedica una media de diez horas diarias a la ingrata tarea de estudiar oposiciones, sin descanso ni reconocimiento, vendiendo verduras por los mercados para subsistir.
…………Lo que más me indigna es ser consciente de lo que se pierde esta sociedad, la nuestra, al dejar truncadas sus esperanzas. ¡Cuánto bien haría a esta ciudadanía herida el que ellos pudieran dar rienda suelta en sus profesiones anheladas a su compromiso, a su solidaridad, a su entrega, a su coherencia, a su integridad…! Valores que aterrorizan a los que mandan.
…………En estas décadas he asistido al entierro de tres discípulos. Recuerdo el primero, recién llegado a la Mariña lucense: un rapaz de poco más de quince años que se había estampado con su motocicleta contra un árbol. Me sobrecogió que, a lo lejos, se viera el Cantábrico enmarcado por aquellas colinas cuajadas de árboles. Me parecía insultante tanta belleza, cuando en el atrio de esa parroquia rural el dolor más descarnado se había adueñado de los espíritus de tantas familias y adolescentes.
…………En 1998 los dioses me regalaron a mi alumno Jaime, en Huelva. Nos llegó derivado de un colegio religioso, en COU. Estaba en tratamiento por una agresiva leucemia. Había perdido el pelo y parecía hinchado por la quimioterapia. Ese mismo año, en aplicación de la malhadada LOGSE, nos enviaron a los niños de doce años, a primero de ESO. Un grupo considerable procedía de una barriada marginal, sin ley ni orden. Esas criaturas estaban asalvajadas, a pesar de los titánicos esfuerzos de sus maestros de primaria.
…………Al pobre Jaime, que les sacaba seis años, algunos lo tenían machacado. Entraban en clase y le gritaban “calvo” o “gordo”, sin importarles las recriminaciones y sanciones que les aplicábamos. No perdió nunca la compostura ni respondió a sus pullas. Sonreía y los justificaba bromeando sobre su aspecto. Aprobó el curso y la selectividad a la primera, aun habiendo tenido que guardar cama en los períodos más álgidos.
…………Lo volví a ver dos años después, ya en la universidad, estudiando Derecho. Estaba estupendo: había recuperado toda su cabellera y adelgazado. Se le veía radiante: le iban fenomenal los estudios, se había echado novia. Lo invité, junto a J. R., a cenar conmigo y unos profesores extranjeros, en una bodega de un pueblo cercano. Fue inolvidable. Jaime tocaba la guitarra con un duende natural; J. R. lo acompañaba al cajón flamenco como sólo los que llevan la música en las arterias saben hacerlo. Un austríaco se incorporó al dúo con su trompeta. Los irlandeses sacaron una gaita y unas cucharas y, entre todos, nos regalaron uno de los conciertos más memorables que he vivido.
…………A eso de las once de la noche hube de acercarlo a Huelva porque tenía ensayo con los de su cofradía. Era portapasos y estaban aprendiendo marchas para la cercana Semana Santa. Me reí de él, llamándolo con cariño “capillitas”, y lo dejé en la plaza de la catedral. No lo volví a ver.
…………Tres años más tarde, J. R. me dijo que lo habían enterrado el año anterior. Su duende, su hombría de bien, su inmenso amor a la vida fueron incapaces de resistir una nueva acometida de la leucemia.
…………Mis alumnos de ahora se llaman Soufiane, Álvaro, Fátima, Sarah… De ellos he aprendido a mantener la dignidad aunque algunos te falten al respeto por ser moro o sudaca, a demostrar a esta sociedad que son tan españoles como el que más, que pueden aportar a sus paisanos tanto o más que los que llevan un pin con los colores nacionales en su Lacoste.
…………Ellos, mis alumnos, los de ahora y los de antaño, son mi motor. Por ellos, por su futuro, por su pasado me veo obligado a dar la cara, a exigir que les dejen mostrar a la sociedad la inmensa potencialidad que atesoran, que les dejen ejercer los oficios para los que con tanto celo y lágrimas se han formado y no los fuercen a emigrar del país, si no quieren trabajar como esclavos o servir en los burdeles y casinos de Eurovegas.
…………España no puede permitirse perderlos. Son nuestro mayor tesoro.

42 comentarios

  • Responder febrero 1, 2013

    Ana Martínez

    Precioso…

  • Responder febrero 2, 2013

    Ana Martínez

    Me encanta, pues aúna usted mis dos pasiones (y mis dos carreras), el periodismo y la filología clásica. Leerle es un placer.

    • Responder febrero 2, 2013

      Arístides Mínguez

      El placer, el honor, como te decía antes, es mío al tener lectores como tú, si me permites el tuteo.
      Quieran los dioses que puedas vivir dignamente de tus dos hermosas carreras.
      Omnem fortunam tibi.

  • Responder febrero 2, 2013

    Adrián Massanet

    Lectura imprescindible. Me ha conmovido.

    Un saludo de un admirador.

    • Responder febrero 2, 2013

      Arístides Mínguez

      Emocionado por tus palabras, provenientes de alguien que con tanta maestría engrasa el cañón del revolver.
      Gracias, forastero.

  • Responder febrero 2, 2013

    José Martín

    Ha sido un placer leer esta entrada. Me he sentido muy orgulloso de la reivindicación de lo más importante (el motivo por el que nos dedicamos a esto de la enseñanza), nuestros alumnos. Muchas gracias por seguir contribuyendo a la eudaimonía de nuestro entorno. Quisiera compartir una idea relacionada, pero unos años antes de que los alumnos lleguen a la Edudación Secundaria.

    http://misterioeducacionyciencia.blogspot.com.es/2013/01/no-siempre-se-cumplen-cinco-anos.html

    Un abrazo

    • Responder febrero 2, 2013

      Arístides Mínguez

      José, me llena de orgullo el contar con lectores como tú.
      Permíteme adjuntarte el enlace a uno de mis primeros artículos, en el que rendía homenaje a DOS MAESTRAS, como tú, también de infantil. Me hicieron abrir los ojos y ver la maravillosa labor que hacéis con nuestras criaturas en sus primeros pasos por la escuela.
      Cuenta desde ya con mi respeto y gratitud.
      Por cierto, me encanta tu blog.

      • febrero 10, 2013

        José Martín

        Bello y merecido homenaje. Muchas gracias a Mercedes y a Isabel, y muchas gracias a ti por mostrárnoslas.
        Un saludo

  • Responder febrero 2, 2013

    Lactuca

    No sé cómo lo haces pero siempre me emocionas.Tu prosa sí que es preciosa y tus sentimientos puros.
    Todos los alumnos deberían tener, al menos una vez en la vida, un profesor como tú.
    Sigue enseñando, magister. Yo estoy orgullosa de haber sido tu alumna. Un abrazo.

    • Responder febrero 2, 2013

      Arístides Mínguez

      Mi prosa a veces se nutre con las lágrimas de mis Alumnos. A ellos van estas líneas, por si en algo les pueden ayudar.
      Gratias tibi ago, Lactuca.

  • Responder febrero 2, 2013

    José Antonio Mora Gil

    Posees, sin duda, la ciencia y el arte de dar a tus escritos la suficiente eficacia y belleza para enseñar, deleitar, persuadir y conmover.

    Sencillamente verdadero y hermoso.

    Un fuerte abrazo, Arístides.

    • Responder febrero 3, 2013

      Arístides Mínguez

      Somos afortunados al tener una profesión como la nuestra, por muchos tajos y golpes que nos den los de la guadaña.
      Gratias tibi ago, comes.

  • Responder febrero 3, 2013

    Belén

    Precioso, grandísimas palabras. Pero si me permite una corrección de forma, Marta será arquitecta y Rocío médica. Existe el femenino y es justo utilizarlo. No somos mujeres con pellejos de hombre. Gracias :)

    • Responder febrero 3, 2013

      Arístides Mínguez

      Pido, pues, disculpas si se me ha colado alguna errata… La verdad es que, desde que una de las yogurt-ministras o los natillo-ministros del anterior régimen salieron con eso de “miembros y miembras”, ando algo liado con lo del lenguaje políticamente correcto.
      Mis disculpas, de nuevo, y sobre todo, mi gratitud.

  • Responder febrero 3, 2013

    Elena Fuentes Cara

    Te leo, Arístides, mucho menos de lo que me gustaría, por tener en la cabeza metidas mil cosas y personas. Pero siempre que lo hago siento una conexión casi trascendente para mí. Es una sensación profunda de la podría hablar largamente, pero creo que no es el sitio ni el momento. Sólo quiero darte las gracias por poner palabras, tan exactas y bellas, al inmenso amor que siento por la profesión y por los alumnos, esos fabulosos compañeros en el viaje de la vida. Es grande esta pasión nuestra. Un afectuoso saludo.

    • Responder febrero 3, 2013

      Arístides Mínguez

      Es un verdadero honor para mí bogar en tu compañía en la Nave Clásica, Elena.
      Basia gratiasque.

  • Responder febrero 3, 2013

    Susana Losada

    Emocionante, cualquier comentario que haga no estará a la altura del texto. Intentaré seguirte leyendo. Gracias por recordarnos tantas cosas… yo tambien siento lo mismo por mis alumnos/as, pero no he sabido decírselo de una forma tan hermosa…

  • Responder febrero 4, 2013

    Blasi

    Precioso artículo, Arístides. Por culpa de ese cariño que sentimos hacia nuestros alumnos no podemos hacer nada que les perjudique y ¡así nos va! Si fuéramos como los controladores aéreos organizaríamos las huelgas en mayo, pero ese cariño y preocupación nos tiene atenazados. Yo, como tú, tengo una especie de nebulosa donde se engarzan los rostros de bastantes cientos de alumnos, pero esta nebulosa no se diluye en la niebla del tiempo o de las costas gallegas, la mía se pierde en las sombras de la noche donde he ejercido mi docencia. Sin embargo los dioses me han conservado nítidos los rostros y nombres de aquellos primeros alumnos que tuve los dos años que ejercí en Mazarrón (Fina Urrea, Carlos de Cañada Gallego, el Carrañaca,etc.) y sobre todo mis cuatro primeros e inolvidables años en Elche de la Sierra. Nombraros a todos sería imposible pues fuisteis legión, pero podemos hablar de los de Yeste, los “paisas” de Nerpio, los de Siles, las de Ayna…..etc., y los del pueblo y allí, junto al Carota, el Nino, Mariló Blesa, el Metro o el Goli te ubicas tú, más o menos como estás ahora pues debiste nacer como Atenea, grande y armado, en tu caso, con bolígrafos de colores para subrayar y a menudo del suelo recoger.
    Sigue queriendo así a tus discípulos que aquí el amor sí es recíproco.
    Nos vemos.

  • Responder febrero 5, 2013

    José Marcos Ortega

    Felicidades compañero. Tú sí eres un representante caval del pueblo, aunque nadie te haya elegido. Cada día somos más.

    • Responder febrero 5, 2013

      Arístides Mínguez

      Gracias por tus palabras. Sólo pretendo prestar mis míseras palabras a los que no tienen voz y dar rienda suelta a mi frustración e ira.
      Un saludo.

  • Responder febrero 5, 2013

    José Luis Semprún

    Gracias por un texto brillante y tan cercano. Gracias, sobre todo, por hacerme recordar a mis mejores maestros y revitalizar su ejemplo.

  • Responder febrero 5, 2013

    Mª Isabel Rodríguez Roca

    Me han emocionado profundamente estas reflexiones que he podido leer, porque mi hija Fátima (residente en Suiza) me ha reenviado, consciente de que iban a llegarme al alma. Supero los 60 años, soy gallega y admiro profundamente a los MAESTROS con esa vocación, capaces de formar, de dar tanto, a través de la Enseñanza.
    Muchas gracias por sus palabras.

  • Responder febrero 6, 2013

    Arístides Mínguez

    Le aseguro, María Isabel, que los profesores, sin los alumnos, nada seríamos.
    Ya he citado alguna vez a Séneca cuando decía que los hombres, mientras están enseñando, no paran de aprender.
    Y gracias, sobre todo, por traernos brisas de Suiza y de Galicia a nuestro Antro.

  • Responder febrero 6, 2013

    Antonio Dechent

    Maravilloso artículo. Un placer conocerle, magister.

    • Responder febrero 7, 2013

      Arístides Mínguez

      Créame, don Antonio, que el placer es mío al recibirlo en mi Antro. Que si ya lo admiro en su labor profesional, me quito el sombrero ante su saber estar y su compromiso en lo personal.
      Un afectuoso saludo, Maestro.

  • Responder febrero 11, 2013

    Isabel Reyes y Mercedes Zarauz

    Después de cierto tiempo sin leerte, al reencontrarme contigo, he sentido viva la dicha de haber dedicado una parte muy importante de mi vida al magisterio y, no por lo que yo haya podido aportar sino por lo mucho y bueno que he recibido de los pequeños infantes con los que he trabajado, y de compañeros como tú. Aunque muchos no lo entiendan ¡Somos afortunados!
    Gracias por compartir estos sentimientos.

  • Responder febrero 13, 2013

    Raquel

    ¡Hola Arístides!
    Acabo de llegar aquí “rastreándote” en google después de ver el precioso vídeo de agradecimiento a Grecia que hiciste con tus alumnos y que me encontré de casualidad en facebook. Me ha encantado encontrarte y leerte, y tener la oportunidad de darte las gracias por aquellas inolvidables clases de Latín en el instituto de Burela, donde tuve el honor de ser tu alumna. Siempre ocupaste un lugar muy especial en mi recuerdo de aquellos años de instituto, me alegro de ver que sigues siendo tan buena gente, y que esta profesión a la que yo también pertenezco sigue contando con gente como tú.
    Un abrazo enorme.
    Raquel

    • Responder febrero 13, 2013

      Arístides Mínguez

      No te puedes imaginar, Raquel, la enorme emoción que me ha embargado al leer tus palabras. Una das miñas rapazas do noso IES Monte Castelo, da miña Burela del alma. ¡Cuánta morriña!
      Perdona si la nube del tiempo ha borrado tu nombre y tu rostro de mi memoria (eres, como yo, profesora, y sabes los cientos o miles de alumnos que pasan por nuestras manos).
      Gracias por traerme brisas cantábricas a mi corazón.
      Bicos.

  • Responder febrero 13, 2013

    Julia

    ¡Cuánta morriña de mi tierra al leeros a ti y a Raquel! Como ella, yo también encontré ayer el vídeo de Grecia por casualidad y no supe lo que tenía que ver contigo hasta que vi los créditos.
    Ayer mismo, a la hora de comer estuve hablando con mi nieto de 16 años y con uno de sus compañeros de la importancia de las Humanidades en general, de la Lengua y la Literatura y, especialmente, del Latín y del Griego. No es fácil hacérselo entender a estos niños tecnológicos, pero creo que conseguí, al menos, interesarlos y despertar su curiosidad. Quiero que vean tu vídeo, pero me gustaría que también lo vieran el resto de sus compañeros, así que, con tu permiso, voy a mandar el enlace a su profesor de Filosofía que, como dicen ellos, “es el más enrollado”.
    Como siempre, gracias por tu maravilloso artículo y también por Historia de un maestro y Carta a Felipe. No los he comentado porque me faltan las palabras.

  • Responder febrero 13, 2013

    Raquel

    Estás perdonado, sé que es absolutamente imposible recordar los nombres y las caras de tantos y tantos alumnos. Yo, ahora que te he encontrado, seguiré leyéndote, con tu permiso.
    Por cierto, no sabes la de veces que le hablé a mi marido durante estos años de aquellas clases de Latín, del “fuerunt o fuere”, de la tribu, del gato… Ayer cuando le enseñé el vídeo y le dije que era de unos profes de Murcia me dijo: “No me digas que has encontrado a tu Arístides”. :)
    Mil gracias de nuevo.
    Un abrazo y otro soplo del Cantábrico.

    • Responder febrero 14, 2013

      Arístides Mínguez

      ¡Qué emoción, Raquel! Como profesora sabrás que lo más bonito es que un alumno te recuerde con cariño 20 años después.
      Por ello te agradezco ilusionado tus palabras.
      Y, por cierto, creo que este año me toca volver por Burela. Ya está bien de no ceder a la morriña: me faltan tus mares, tus fragas.
      Basia.

  • Responder febrero 15, 2013

    Raquel

    Pues yo ya no vivo en Burela, aunque sigo muy vinculada a esa zona. Pero si vienes por Galicia te puedo invitar a un pulpo á feira a la sombra de la única muralla romana que se conserva entera en el mundo.
    Un abrazo.

  • Responder febrero 23, 2013

    Thonnie Jhonnie

    Hermoso artículo. Me han entrado ganas de que aprender latín.

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